Ruta Por La Historia

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viernes, 30 de septiembre de 2016

La Revolución francesa. El Reinado del Terror


Terminábamos nuestra anterior entrada relativa a la Revolución francesa a las 10 y 20 de la mañana del día 21 de enero de 1793, cuando Luis XVI o Luis Capeto era guillotinado, y un miembro de la Guardia Nacional recogió la cabeza real y la mostró al pueblo que gritaba «¡Viva la República!». Pero antes de continuar, tenemos que retroceder un poco en el tiempo, antes incluso de que el Rey fuera ejecutado.

Situación internacional

Como podemos suponer, el resto de monarquías europeas vivían con  tensión todo lo que estaba ocurriendo en Francia, ya que querían evitar que este tipo de movimientos se reflejasen en sus países con levantamientos. Entre todos los monarcas destaca la figura del Emperador Leopoldo II que era hermano de María Antonieta y por tanto cuñado de Luis XVI.

Leopoldo II
Leopoldo II, cuñado de Luis XVI
Inicialmente, el Emperador había permanecido ajeno a toda la revolución, pensando que finalmente se resolvería de manera pacífica, o bien instaurando Luis XVI un régimen más liberal, o haciéndose fuerte y acabando de alguna manera con todos los levantados. No obstante, esta indiferencia se tornó en preocupación cuando vio que la situación se radicalizaba y que por tanto, de un modo o de otro, la vida de su cuñado y de su hermana corría cierto peligro.

En agosto de 1791, el Emperador Leopoldo II y el Rey Federico Guillermo II de Prusia se reunieron en Pillnitz, Sajonia, a petición de los nobles franceses exiliados. De esta reunión nació, el 27 de agosto, la Declaración de Pillnitz, en la que se pedía que se permitiera al Rey de Francia afianzar, en completa libertad, las bases de la forma de gobierno, que es lo que corresponde al soberano y para el bienestar de Francia". Además, amenazaban vagamente con severas consecuencias si algo les sucediese al Rey y a su familia.

Declaración de Pillnitz
El Emperador y el Rey de Prusia realizan la Declaración de Pillnitz
Era una amenaza vacía, ya que Austria entraría en guerra contra la nueva Francia sólo si las demás potencias europeas también lo hacían, y conocían de antemano que Gran Bretaña no era partidaria de esta intervención, ya que intentaban sacar algún tipo de beneficio de la situación francesa. Eso sí, la Asamblea Nacional de Francia interpretó este Declaración como una declaración de guerra, lo que aumentó el poder político de los radicales franceses. 

El 20 de abril de 1792, casi ocho meses después de la Declaración de Pillnitz, en una reunión de la Asamblea francesa, el Ministro de Asuntos Exteriores, Charles François Dumouriez, que si inicialmente había pertenecido a los jacobinos ahora era del partido girondino, presentó un listado con todos los agravios que Austria y su Emperador habían hecho en los últimos tiempos contra Francia y sus habitantes. La Asamblea recibió este informe como si de un insulto se tratase, y declaró la guerra a Austria encargando a Dumouriez una invasión inmediata de los Países Bajos austriacos, donde esperaban obtener el apoyo popular.

Charles-François Dumoriez
El General Charles-François Dumoriez, líder militar francés
Guerras Revolucionarias

Si el espíritu nacional francés estaba en un momento álgido, el ejército francés no estaba en sus mejores momentos, muchos mandos franceses habían desertado y huido, por lo que el ejército estaba desorganizado y no contaban con suficientes efectivos para llevar a cabo una guerra contra un potente ejército como el austriaco. 

El 1 de marzo de 1792 el Emperador, y hermano de María Antonieta, Leopoldo II fallecía con tan solo 44 años, y era sucedido por su hijo, y por tanto sobrino de Maria Antonieta, Francisco I de tan solo 24 años. Este cambio de Emperador podría haber sido algo ventajoso para los intereses franceses pero a pesar de su juventud, Francisco I fue un claro continuador de la política anti-revolucionaria de su padre.

Francisco I
 Francisco I de Austria y II del Sacro Imperio
El joven Emperador puso bajo el mando del Duque de Brunswick un ejército que, tras acantonarse en Coblenza, avanzó con facilidad y las ciudades de Longwy y Verdún cayeron en sus manos. Posteriormente, el Duque de Brunswick declaró en el llamado Manifiesto de Brunswick que la finalidad de su invasión era restaurar al rey en todos sus poderes y acabar con toda persona que osara oponerse.

Duque de Brunswick
El Duque de Brunswick, el brazo armado del Emperador
Lejos de conseguir que los franceses se asustasen, el efecto que tuvo fue todo el contrario, el ejército volvió a unirse, la Asamblea dejó atrás todas sus diferencias por un tiempo, y el pueblo francés se unió y realizó el asalto a las Tullerías, tal como contamos en el anterior programa de la Revolución francesa, que provocó el derrocamiento del rey 

Mientras esto ocurría, el Duque de Brunswick ponía a su ejército rumbo a París dirigiéndose a desfiladeros de Argonne. Dumouriez, que se encontraba al Norte, en Valenciennes, con la intención de tomar los Países Bajos austriacos, marchó hacia Argonne cortando el paso a las tropas austriacas y solicitando ayuda a François Kellermann, Comandante en Jefe del Ejército del Mosela, que se encontraba en la ciudad de Metz. La batalla, por llamarla de algún modo, ya que coloquialmente se conoce como el Cañoneo de Valmy, ocurrió el 20 de septiembre y finalizó con la retirada del ejército austriaco. 

Cañoneo de Valmy
Batalla de Valmy | Victor Adam
Al día siguiente de esta primera y curiosa victoria de las tropas revolucionarias francesas, la monarquía francesa fue abolida y proclamada la Primera República francesa

En el resto de frentes, los franceses cosechaban nuevas victorias, tomando Saboya y Niza, en Italia, y el Teniente General Adam Philippe, Conde de Custine, conocido como el General Bigotes invadía suelo alemán llegando a tomar Espira, Worms, Maguncia y Frankfurt. Al norte, Dumouriez puso rumbo nuevamente hacia Bélgica y obtuvo una contundente victoria en la Batalla de Jemappes, del 6 de noviembre de 1792, con la que consiguió la toma de los Países Bajos Austriacos. 

Y ahora si es cuando enlazamos con el programa anterior, recordando que un mes después de esta victoria de Jemappes se abrió el proceso contra Luis XVI acusado de contrarrevolucionario y traidor al pueblo soberano de Francia y que finalizó con su ejecución el 21 de enero de 1793. 

Si las monarquías europeas habían actuado asustadas por la posibilidad de que al monarca francés le pasase algo, cuando llegó a los diferentes países la noticia de que Luis XVI había sido ajusticiado saltaron todas las alarmas y se creó una coalición de las monarquías absolutistas europeas para acabar con la revolución. Esta coalición estaba compuesta por el Emperador, el Rey de Prusia, el Rey de España, Gran Bretaña, Holanda, Cerdeña y Holanda

Las fuerzas absolutistas lanzaron sus fuerzas de invasión contra Francia por tierra y mar, las tropas del emperador atacaron desde los Países Bajos Austriacos, las del Rey de Prusia desde la zona de Rin, los británicos apoyaron las revueltas en las colonias francesas de ultramar y pusieron en asedio Tolón, en el Mediterráneo y donde se comienza a hablar de las hazañas de un personaje que más adelante como sabemos será muy importante, Napoleón Bonaparte; las tropas españolas se lanzaron al ataque en la zona del Rosellón, un ataque que dio lugar a la Guerra del Rosellón.

Guerra del Rosellón

Pedro Pablo Abarca de Bolea, el Conde de Aranda y Secretario de Estado de Carlos IV, preparó una ofensiva por los Pirineos dividida en tres, por Cataluña al mando del General Ricardos atacaría el más numeroso, con cerca de 32.000 hombres; en Navarra estarían 18.000 hombres al mando de Ventura Caro; y finalmente en la zona aragonesa, Pablo de Sangro y Merode, príncipe de Castelfranco, con otros 5.000. Según el plan trazado, el único grupo que atacaría sería el del General Ricardos, los otros dos se limitarían a defender la frontera y a apoyar con maniobras de diversión la campaña principal del frente oriental.

General Ricardos
General Ricardos, líder y héroe español en la Guerra del Rosellón | Francisco de Goya
Al tener conocimiento de este movimiento de tropas, Francia declaró la guerra a España 7 de marzo de 1793, y doce horas después una brigada francesa se apoderó del Valle de Arán. La respuesta española no se hizo esperar, y el General Ricardos se lanzó a por el Rosellón, entrando en Francia por Saint-Laurent-de-Cerdans y tras ocupar diferentes enclaves fronterizos tras la victoria española en la Batalla de Céret, el 19 de mayo se encontró frente al ejército francés del General Dagobert en la llamada Batalla de Mas Deu que nuevamente se decantó para el lado español lo que permitió a Ricardos la toma de Baños, Bellegarde y el valle del Tec. 

La campaña triunfal del general Ricardos tuvo su cima en la Batalla de Truillás, del 22 de septiembre, recibiendo en esta batalla la ayuda de refuerzos comandados por el Duque de Osuna y por el Conde de la Unión, de tropas portuguesas y de la escuadra anglo-española que operaba en las costas mediterráneas. No obstante, el ejército español tenía una grave crisis de suministros, lo que obligó a Ricardos a retirarse, pero a pesar de ello pudo vencer nuevamente a los franceses en Asprés, lo que ponía en sus manos Port Vendres, Santelme y Collioure, y por tanto, toda la costa rosellonesa. 

La falta de suministros cada vez era más acuciante, lo que sumado a la nueva movilización de hombres que había hecho Francia provocaba que la balanza de las victorias se inclinase del lado galo. La situación era tan insostenible que el General Ricardos, tuvo que regresar a Madrid para conseguir más apoyo, no obstante una pulmonía acabó con su vida el 13 de marzo de 1794. 

Desde el año 1794 al año 1795 las tropas francesas del General Dugommier fueron cosechando diferentes victorias con las que consiguieron expulsar a los españoles del Rosellón para finalmente ocupar zonas de Cataluña, Navarra y País Vasco. La situación española era tan mala que Godoy, firmó en 1795 por separado con Francia, la llamada Paz de Basilea en la que la corona española reconocía a la República Francesa y se normalizaban las relaciones comerciales. Por esta medida, Godoy recibió el título de Príncipe de la Paz.

Godoy por Goya
Godoy, primer Ministro de Carlos IV | Francisco de Goya 

Política interior. Guerra entre jacobinos y girondinos

Instaurada ya la República Francesa, el poder ejecutivo y legislativo recayó en manos de la Convención Nacional. Este organismo, formado a partir de unas elecciones, inició sus labores como una asamblea de tipo constituyente para crear una constitución que sustituyese la aprobada en 1791. En esta nueva constitución se recogía el sufragio universal, el derecho a la educación y al trabajo, y la protección con dinero público de los más humildes. 

En esta Convención estaban representados tres grupos, situados además en lugares muy específicos, a la derecha del Presidente se encontraban los moderados o también llamados Girondinos, debido a que el partido se formó en torno a algunos diputados del departamento de Gironda. Eran partidarios de una política moderada y federalista. En el centro de este organismo fueron colocados los neutrales, conocidos como la Llanura; y por último nos encontramos a los radicales, situados a la izquierda, conocidos como la montaña, al estar situados en los bancos más altos. En su mayoría, los miembros de este tercer grupo, procedían del club de los jacobinos, eran enemigos acérrimos de los girondinos.

Estos dos grupos estaban enfrentados desde hacía tiempo, los girondinos, que eran mayoría, acusaban a los jacobinos de ser los responsables de uno de los episodios más tristes de la Revolución Francesa, “Las Masacres de Septiembre”.

Masacres de Septiembre
Asalto a una prisión durante las Masacres de Septiembre

En el verano de 1792, como hemos visto, las tropas del Duque de Brunswick habían ocupado Longwy y Verdún y el Duque había lanzado el manifiesto que lleva su nombre en el que se hacía referencia a que acabaría con la vida de todo aquel que impidiese su labor de restaurar al rey en todos sus poderes, lo que significaba que su ejército entraría en Paris a sangre y fuego. Ya fuese debido a los nervios, o la falta de habilidad de algunos políticos, pronto surgió la idea de que dentro de los revolucionarios había traidores, y a partir de este momento comenzó una “caza de brujas”

Jean Paul Marat, miembro de los jacobinos, fue colocado al frente del Comité de Vigilancia, que tenía como fin eliminar a todos los contrarrevolucionarios. De hecho, fue el propio Marat quien de su puño y letra elaboraba las listas negras de sospechosos. Además quería que estos «tribunales populares» no solo actuasen en París, tenían que extenderse por toda Francia, y para que todo el mundo lo supiese ordenó que se publicase la siguiente orden: 

“La Comuna de París desea informar a sus hermanos de todos los departamentos, que una parte de los temibles conspiradores detenidos en las cárceles ha sido condenada a muerte por el pueblo: actos de justicia que creen indispensables a fin de acabar, por temor, con todas las legiones de traidores encerrados tras sus muros; por el momento se ha conseguido que el enemigo se detenga y, sin duda alguna, toda la nación, después de la larga sucesión de traiciones que la han conducido al abismo, se decidirá a adoptar estas medidas si las cree necesarias para la salud pública, y todos los franceses dirán, como los parisinos: «Nosotros moriremos frente al enemigo, pero no dejaremos detrás nuestro a estos delincuentes para que maten a nuestros hijos y a nuestras mujeres». 

Jean Paul Marat
Marat, "cerebro" de las Masacres de Septiembre | Joseph Boze
En París se ejecutó a más de 1400 personas, siendo en su mayor parte miembros de la Iglesia, aunque no solo afectó a los llamados “contrarrevolucionarios”, bajo esta locura también murieron pequeños comerciantes, artesanos y prisioneros por delitos comunes que se encontraban en las diferentes cárceles parisinas. Fuera de París destacan las acciones represivas que se efectuaron en Orleans o Reims, pero muy lejos de en cuento a víctimas de lo ocurrido en París. 

Como contábamos antes, los girondinos acusaron directamente a Marat de ser responsable de desatar la locura en París y extenderla por todo el país, por lo que llevaron a la Convención una votación para proceder a su detención, y al ser el grupo mayoritario, se pudo aprobar y llevarse a cabo el 13 de abril de 1793. No obstante, el Tribunal Criminal Extraordinario declaró a Marat inocente, y el 24 de abril, triunfante volvía su puesto en la Convención. 

A pesar de este revés, el 18 de mayo, los girondinos forman en la Convención la Comisión de los Doce, que tendría como misión la investigación de las actividades de la Comuna de París durante las masacres de septiembre y una de las primeras medidas es la orden de arresto de Hebert, Fiscal de la Comuna de París, y el líder radical Jean François Varlet. A finales de ese mes de mayo, los sans-cullotes, los partisanos radicales, realizan una sublevación en París y finalmente la Convención Nacional fue rodeada por los insurrectos dirigidos por Hanriot, jefe de la Guardia Nacional, y los miembros de la Convención fueron obligados a aprobar el arresto de veintinueve diputados girondinos y dos ministros. 
François Hanriot
François Hanriot, artifice del golpe de Estado que dio el poder a los jacobinos
Los girondinos fueron detenidos y puestos bajo arresto domiciliario, pero no con la vigilancia necesaria, por lo que muchos de ellos pudieron huir hacia zonas seguras desde donde alentaron a los federalistas para luchar frente a los sublevados que querían imponer un fuerte centralismo. 

La ciudad de Caen se convirtió en la base de los federalistas y estos tomaron la decisión de rechazar cualquier tipo de medida que saliese de la nueva Convención controlada por los jacobinos. Además llamaron a los departamentos vecinos a sumarse a su levantamiento y crear un ejército federado que marchase sobre Francia. A este llamamiento acudieron los cinco departamentos vecinos y el 10 de julio 2.000 hombres al mando del General Felix Wimpffen marcharon hacia París.

Por su parte, en Burdeos, capital de la región de la Gironda y lugar de partida de los girondinos, se creó una Comisión Popular de Salvación Pública que asumió el poder y ofreció un sueldo a todos los hombres que se sumasen a la sublevación federalista, de esta manera unos 400 hombres salieron desde Burdeos con dirección a París. 

El 13 de julio las tropas procedentes de Caen eran derrotadas y dejaban el camino libre para que las fuerzas jacobinas marchasen hacia Caen y por tanto los girondinos que estaban en esta ciudad comienzan una huida con dirección a Burdeos. Esa derrota no era la única, ya que los girondinos eran derrotados además en Nimes y Lyon. 

En estos momentos ocurre uno de esos sucesos del que todo el mundo tiene conocimiento gracias al arte, en este caso gracias a un cuadro de Jacques Louis David, el asesinato de Marat

La muerte de Marat | Jacques Louis David
Como casi todo el mundo sabe, Marat sufría una enfermedad de la piel de la que únicamente encontraba alivio sumergiéndose en una bañera. Según afirmaba el mismo, había contraído algún tipo de enfermedad en las cloacas de París cuando se escondía de sus enemigos. No obstante, estudios recientes parecen indicar que los síntomas de Marat son muy parecidos a las erupciones cutáneas provocadas por la alergia al gluten. 

Sea cual sea el origen de su enfermedad, el 13 de julio de 1793 Marat se encontraba en su bañera cuando una mujer que afirmaba portar una lista de los contrarrevolucionarios pidió una entrevista con él, y Marat accedió al encuentro. La joven, Charlotte Corday, sacó un cuchillo que llevaba oculto entre sus ropas y le apuñaló en el pecho. Marat falleció y ella fue apresada. Cuatro días después se celebró el juicio en el que se le acusaba de asesinato y contrarrevolucionaria, Charlotte Corday únicamente afirmó “sabía que Marat estaba pervirtiendo Francia. He matado a un hombre para salvar a cien mil". No obstante fue declarada culpable y guillotinada en París. Como represalia, los girondinos guillotinaban al antiguo alcalde jacobino de Lyon. 

Charlotte Corday
Charlotte Corday, asesina de Marat
El asesinato de Marat condenaba a muerte prácticamente a los 21 girondinos que aun permanecían presos en París, por lo que su juicio, celebrado en octubre de 1793 fue mas una pantomima que un juicio. Finalmente, el 31 de octubre eran guillotinados. Parte de los que habían huido tuvieron la posibilidad de reintegrarse en la Convención nacional el día 24 de julio de 1794, el día que cayó el siguiente personaje del que vamos a hablar, Robespierre.

Robespierre y el Terror

En abril de 1793 Danton y el diputado girondino Isnard crearon el Comité Central de Salud Pública una institución creada con el fin de tener una institución fuerte que aplicase condenas duras a todo aquel que se apartase de la doctrina revolucionaria, lo que le daba un carácter plenamente represor. Poco a poco este Comité fue aumentando su poder. 

Tras la caída de los girondinos, jacobinos como Robespierre y Louis de Saint-Just se unieron al Comité y, debido a la debilidad de la Convención, ocupada principalmente en defender a Francia en las guerras contra las potencias europeas, se convirtió en el principal órgano de gobierno. A la vez que aumentaba su poder se incrementaba la arbitrariedad de sus decisiones ya que casi sin pruebas se podía condenar a la guillotina a cualquier persona, dando lugar al Régimen del Terror en el que las figuras principales eran Marat, Danton y Robespierre

Danton, Marat y Robespierre
Danton, Marat y Robespierre, el triunvirato sangriento
La muerte de Marat dejaba el poder plenamente a Danton y Robespierre, pero debido al propio régimen que ellos habían instaurado, no tardaron en sospechar el uno del otro, pero en esta guerra interna Robespierre tenía más poder y lo supo aprovechar. Recordemos que en estos momentos Francia se encontraba en una lucha interna entre los girondinos huidos y los jacobinos, y Danton intenta llegar a un acuerdo entre ambas partes creando además un partido, los indulgentes, que buscan el final de la época del Régimen del Terror; además defendían las reivindicaciones de los «sans-culottes», lo que intentaba acercarles a las clases populares; pero su gran error fue mostrarse contrarios a la ejecución de María Antonieta, algo que trataremos más adelante. 

Robespierre pone en marcha toda su capacidad pseudopolítica y provoca que los jacobinos acusen a Danton de malversación de fondos y de traidor promonárquico; además consiguen implicarle en un escándalo financiero relacionado con la Compañía francesa de Indias. Viendo su vida en peligro, Danton, huye a su localidad natal Arcis-sur-Aube. A finales de marzo de 1794, Danton era detenido bajo la acusación de “ser enemigo de Francia”, una acusación que significaba la muerte y más si su enemigo Robespierre controlaba el juicio. Finalmente, el 5 de abril de 1794 era guillotinado y según se cuenta sus últimas palabras fueron “de lo único que me arrepiento es de irme antes que esa rata de Robespierre”

Danton guillotina
Danton subiendo a la guillotina
En junio de 1794 Robespierre consiguió ser nombrado, posiblemente por el miedo a represalias por su parte, Presidente de la Convención lo que le otorgaba prácticamente todos los poderes de Francia, y continuando con su política de locura y muerte llegó incluso a firmar decretos que anulaban la comparecencia de testigos y de defensores en los juicios revolucionarios. 

Robespierre
Robespierre, el Señor del Terror
Parecía que nada podría derrocar a este pseudodictador pero finalmente se organizó una oposición que tuvo el poder suficiente para acusarle de despotismo y traición. En la sesión en la que se le estaba acusando de estos cargos, el 27 de julio, estalló una fuerte pelea, en la que incluso fue herido en la mandíbula antes de ser detenido. Al día siguiente, 28 de julio de 1794, Robespierre era ejecutado en la guillotina sin que hiciese falta celebrar un juicio. Poco después, el órgano de Terror con el que había sometido a Francia, el Comité de Salud Pública, era disuelto.

Detención de Robespierre
Detención de Robespierre | Max Adamo

María Antonieta. Prisión, juicio y ejecución

Tras el 21 de enero de 1793, María Antonieta comenzó a ser conocida como la Viuda Capeto y cayó en una profunda depresión de la que nunca podría salir. La única esperanza que la mantenía con un poco de serenidad era pensar que algún día la corona de Francia recayese en su hijo Luis, a quien los nobles en el exilio habían reconocido como Rey a la muerte de Luis XVI. Estos nobles, apoyándose en grupos religiosos que se habían vuelto contrarios a la Revolución con el paso del tiempo y en los políticos más conservadores intentaron en repetidas ocasiones liberar a la Reina y la Familia Real de su cautiverio, pero todas las intentonas quedaban en eso, en intentonas ya que nunca terminaban en buen puerto.

Maria Antonieta
María Antonieta poco antes de que comenzase su infierno
A pesar de que como hemos visto, la situación política y militar de Francia era bastante complicada, el destino de María Antonieta no fue una cuestión dejada en el olvido, sobre todo porque como recordemos estaba emparentada con los emperadores de Austria que eran enemigos mortales de la Francia Revolucionaria. Como vemos la suerte de la Reina estaba en el aire, pero fue tomando forma a partir de la creación del Comité de Salvación Pública en abril de 1793 por Danton y el diputado Isnard. Como contamos hace un rato, tras la caída de los girondinos, Robespierre comenzó a tener cada vez más poder dentro de este Comité, y desde él comenzó a presionar a la Convención para que María Antonieta fuese juzgada. Además una de las primeras medidas que se toma es evitar que el joven príncipe Luis fuese contaminado con las ideas absolutistas de su madre, por lo que a mediados de julio es separado de su madre y queda al cuidado de Antoine Simon, un zapatero miembro del ala más radical de la Convención.

Delfín Luis
El Delfín Luis de Francia
Pero lo que terminó por hundirla moral y anímicamente fue su traslado, en la madrugada del 1 de agosto desde la Prisión del Temple a la prisión de la Conciergerie, la antecámara de la muerte. Esta nueva prisión, de la que poco salían con vida, era también conocida como el Palais de la Cité, y ocupa el muelle del Reloj, en la Isla de la Cité. Desde el siglo X había sido la residencia de los Reyes franceses, pero 1392, el Rey Carlos V de Francia la abandonó, y paso a convertirse en Prisión del Estado. La prisión ocupaba la planta baja del edificio que bordea el muelle del Reloj y las dos torres: los pisos superiores estaban reservados para el Parlamento, y recibía el nombre de la Conciergerie o conserjería debido a que era un conserje quién vigila a los prisioneros, tenía a su cargo las llaves de este Palacio y controlaba el consumo de velas y cirios. 

Conciergerie
Vista actual de la Prisión de la Conciergerie
Pues bien, a esta nueva prisión fue trasladada María Antonieta que desde ese momento recibió el nombre de prisionero 280. Inicialmente María Antonieta fue confinada en la antigua sala de reuniones del cuerpo de carceleros, compuesta por dos sillas, una mesa, un sillón de caña y un camastro, como lujo tenía una estrecha ventana por la que la prisionera podía observar el patio al que las mujeres prisioneras podía salir.

Si los monárquicos habían intentado llevar a cabo una fuga de la Reina mientras estaba presa en el Temple, con esta nueva situación que consideraban infrahumana no podían quedarse con los brazos cruzados, e idearon diferentes planes de fuga, siendo el llamado Complot del Clavel el más importante y organizado por Jean de Batz, el Barón de la Santa Cruz.

Jean Pierre de Batz
Jean Pierre de Batz, cerebro del Complot del Clavel

El 28 de agosto de 1793, Jean-Baptiste Michonis, inspector de prisiones compinchado con Jean de Batz, entra en la celda de la reina Maria-Antonieta en compañía de otro hombre que en la solapa de su casaca a rayas luce dos grandes claveles, su nombre es Alexandre Gonsse de Rougeville.

Según el plan trazado, Rougeville se inclina ante María Antonieta y sus dos claveles caen ante ella. No ha sido un accidente, entre los pétalos de los claveles hay enrollado un mensaje oculto. Rápidamente, los dos visitantes salen un momento de la celda, y es cuando María Antonieta al recoger las flores observa que hay algo raro en ellas…las observa y ve un pequeño rollo de papel, lo saca y es una nota que dice "Tengo hombres y dinero."

La cara de la Reina cambia totalmente y con la ayuda de un alfiler de su pelo escribe en el rollito en blanco que ha encontrado en el segundo clavel, "Estoy estrechamente vigilada, no hablo con nadie, confío en vos". Poco después vuelven a entrar los dos caballeros en la celda y María Antonieta le indica que se le cayeron antes los dos claveles. Una vez fuera de la prisión, Rougeville lee la respuesta de la Reina, es el momento de poner el plan en marcha. En primer lugar sobornan a Jean Gilbert, uno de los gendarmes que vigilan a María Antonieta, y gracias a esto pueden, el 30 de agosto, volver a reunirse con la prisionera y elaborar el plan de fuga que quedó fijado para la noche del 2 al 3 de septiembre, y tras escaparse debía marchar al castillo de Livry dónde le esperaba Madame de Jarjayes y, desde allí, ambas partirán disfrazadas para adentrarse en territorio alemán.

Los siguientes sobornados fueron los conserjes de la cárcel, el matrimonio Richard, ya que María Antonieta debía pasar por delante de ellos en plena huida. A la hora fijada, la prisionera sale de su celda, atraviesa la sala donde se encuentran los gendarmes encargados de custodiarla, quienes también han sido sobornados, cruza en la conserjería del matrimonio Richard, ahora solo una verja, en la que esta apostado Jean Gilbert, le separa de la libertad.

Cuando todo parece ir a la perfección, Jean Gilbert da el alto e impide a la reina cruzar esa última barrera para tener la libertad. La Reina suplica, Rougeville y Michonis que esperan fuera le prometen más dinero, pero Gilbert no acepta y conduce nuevamente a su celda a la reina. Además, Gilbert envía un informe al Teniente Coronel Dumesnil, denunciando todo el complot organizado Michonis y Rougeville. El Teniente Coronel Dumesnil impresionado por lo que acaba de leer escribe de urgencia al Comité de Seguridad. Saltan todas las alarmas, María Antonieta ha intentado huir gracias a unos traidores, por lo que el Comité envía inmediatamente a Jean-Pierre André Amar, un masón jacobino, y al diputado Sevestre a La Conciergerie para interrogar a la Reina, quien con intenta de todas las maneras posibles evitar dar datos sobre los organizadores e implicados en su intento de fuga.

Las intenciones de la Reina surtieron efecto, por lo que únicamente se podía acusar de traidores a las dos personas que Jean Gilbert sabía que estaban implicados, Rougeville y Michonis. El primero pudo huir de París y desaparecer, pero Michonis fue arrestado y enviado a prisión. En cuanto al matrimonio de conserjes no se pudo demostrar su plena culpabilidad por lo que simplemente fueron despedidos.

Para evitar nuevas intentonas, María Antonieta fue llevada a una segunda celda, donde un simple biombo la separaba de los guardias que la custodiaban, a la espera de que su proceso comenzase.

segunda celda
María Antonieta en su segunda celda tras su fracasada huida
Si en el proceso contra su marido, Luis XVI, se intentó realizar con toda la legalidad posible y evitar de esta manera que las potencias extranjeras no dudaran de la legalidad del veredicto, en el caso de María Antonieta la legalidad quedó a un lado y se convirtió en uno de los mayores casos de pantomima judicial posible.

Como recordareis de nuestro primer repaso de la Revolución Francesa, María Antonieta era una persona que despertaba todas las antipatías del pueblo francés, era acusada de despilfarradora, de un desmesurado gusto por la moda y celebrar ostentosas fiestas mientas su pueblo moría de hambre. Además se decía que ella había manipulado a Luis XVI convirtiéndole en un mal Rey, influenciando totalmente sus decisiones políticas, de hecho se afirmaba que la primera víctima de María Antonieta era el propio Luis XVI.

Una vez estallada la Revolución en Francia, se le acusaba de haber planeado el intento de huida de la familia real el 20 de junio de 1791 con dirección a los Países Bajos austriacos, territorios que estaban bajo el poder de su hermano el Emperador. Por si esto fuera poco, el ejército austriaco invadía suelo francés y por tanto soldados franceses morían luchando contra un ejército del país de Maria Antonieta, ella era en definitiva la culpable de la muerte de héroes franceses que luchaban contra el invasor.

Con todo este caldo de cultivo, era muy difícil, por no decir imposible que María Antonieta quedase bien parada en este juicio que comenzó el 14 de octubre. Ese día, María Antonieta subió desde su celda a los pisos superiores de la Conciergerie, donde tenía su sede el Tribunal Revolucionario, un tribunal que era nombrado por la Convención y que estaba compuesto por la Mesa del Tribunal, formada por un presidente y cuatro magistrados; un jurado de 12 miembros; y por último un fiscal y dos suplentes que eran el Ministerio Público. A pesar de todo esto, y como ya hemos visto anteriormente, era un instrumento que obedecía las órdenes directas de Robespierre.

La acusación contra María Antonieta la dirigía el fiscal Antoine Quentin Fouquier Tinville, el mismo que había realizado la acusación contra los girondinos y Charlotte Corday, la asesina de Marat. El tribunal estaba presidido por el jacobino Martial Joseph Armand Hermann y el jurado había sido elegido entre miembros, también, de los jacobinos; y los dos abogados de María Antonieta, eran Tronçon-Ducoudray y Chauveau-Lagarde, jóvenes e inexpertos.

Antoine Quentin Fouquier Tinville
Antoine Quentin Fouquier Tinville, encargado de demostrar la culpabilidad de María Antonieta
La Sala del Tribunal era un inmenso hervidero de gente llena de odio, donde los jacobinos estaban sentados en los mejores sitios. De golpe entró en la Sala María Antonieta y los gritos contra ella estallaron por todos lados. 

Maria Antonieta juicio entrada
Entrada de María Antonieta en la Sala del juicio
Para iniciar el juicio se hace llamar al Príncipe Luis, quien a estas alturas ya había sufrido, según afirman los monárquicos, un lavado de cerebro por parte de Antoine Simon. Delante del tribunal, el joven príncipe acusa a su madre y a su tía de de haberle incitado a la masturbación y a participar con ellas en orgías. 

María Antonieta indignada por la falsedad del testimonio de su propio hijo, apeló a todas las madres presentes en la Sala ya que según afirmaba “La naturaleza rechazaba semejante acusación hecha a una madre”. Ante esta acusación, la sala estalló en gritos y estuvo a punto de producirse un motín, pero finalmente fue evitado. 

Cuando la calma volvió a la Sala el Fiscal Fouquier Tinville continuó con su acusación e indicó que María Antonieta era culpable de aliarse con potencias extranjeras para acabar con la Revolución y de ser la instigadora de la traición de Luis Capeto, lo que había llevado al anterior monarca al cadalso. Todo esto le llevaba a acusar a María Antonieta de alta traición. Ante esta acusación, María Antonieta respondió que no fue más que la esposa de Luis XVI, no Luis Capeto, y fue él el que cometió todos esos errores. El Fiscal, no conforme con la respuesta solicita al Tribunal la pena de muerte y la declaración de enemiga de la nación francesa para la acusada. Los abogados de María Antonieta, no supieron o no pudieron defenderla ante esto. 

María Antonieta juicio
María Antonieta defendiéndose en el juicio, Fouquier Tinville, con gorro negro, sentado frente a ella

La vista llegaba a su fin, y el Presidente del Tribunal dirigía cuatro preguntas al Jurado, contestadas, como cabía esperar, de modo afirmativo: 

1-¿Consta que hayan existido maniobras y contactos con las potencias extranjeras y otros enemigos exteriores de la República dirigidas a suministrarles ayudas en dinero, a darles entrada en el territorio francés y a facilitarles en él progresos y armas? 
2-. ¿Se halla convicta María Antonieta de Austria, viuda de Luis Capeto, de haber cooperado a dichas maniobras y de haber mantenido estos contactos?
3- ¿Consta que ha existido un complot dirigido a encender la guerra civil en el interior de la República?
4-. ¿Se halla convicta María Antonieta de Austria, viuda de Luis Capeto, de haber participado en estos complots?

Ante la respuesta positiva a las cuatro preguntas, María Antonieta fue condenada a la pena capital el 16 de octubre, dos días después del inicio del juicio, acusada de alta traición. La condenada a muerte fue conducida a su celda a la espera de que llegase la hora de ser conducida a la guillotina. Allí redactó en primer lugar una carta dirigida a su cuñada Isabel, hermana de Luis XVI. En ella le indica que acababa de ser condenada, no exactamente a una muerte honrosa, si no a la de los criminales, pero tengo el consuelo de que voy a reunirme con vuestro hermano. 

María Antonieta carta
Carta de despedida de María Antonieta.
Esta carta nunca llegó a su destino, ya que los carceleros se la entregaron directamente a Robespierre quien la escondió, y no fue hasta 1816, con la restauración borbónica en Francia con Luis XVIII, cuando la carta salió a la luz. Y llegó el día 16 de octubre, la Plaza de la Revolución estaba atestada de personas, ya que acabar con la vida de María Antonieta suponía dejar atrás una era pasada que no traía gratos recuerdo por lo que la gente esperaba el día su ejecución con ansiedad. Tras rechazar la visita del sacerdote constitucional que debía confesarla, la rea fue conducida hacia el patíbulo, una vez allí María Antonieta subió al cadalso en medio de centenares de abucheos y tropezando pisó el pié al verdugo a los que ella pidiendo disculpas dijo: «Disculpe, señor, no lo hice a propósito.» 

María Antonieta carta
María Antonieta saliendo hacia la guillotina
Poco después puso el cuerpo en su lugar arriba la afilada cuchilla esperaba para caer sobre su cuello. El silencio se podía cortar en esos momentos, cuando de golpe la cuchilla fue soltada y en cuestión de milésimas de segundo separaba la cabeza de Maria Antonieta de su cuerpo. En ese momento la fiesta se apodera de las calles de París mientras los ciudadanos gritan “Viva la República”.

María Antonieta ejecución
María Antonieta en la guillotina
María Antonieta ejecución
Hoja de la guillotina que decapitó a María Antonieta

viernes, 23 de septiembre de 2016

El Gran Capitán.


Cuando se habla de genios militares en la Historia, normalmente se hace refencia a Sun Tzu, Anibal, Escicpión, Napoleón, Patton o Rommel, dejando en el injusto olvido a un héroe español que cambió para siempre la guerra, dejando atrás la pesadez medieval, representada en la caballería pesada, y dando paso a la agilidad de la infantería moderna. Y este insigne hombre es Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, conocido como el Gran Capitán.

El Gran Capitán de Ferrer Dalmau
El Gran Capitán | Augusto Ferrer Dalmau

1. Infancia y juventud


Gonzalo Fernández de Córdoba nació el 1 de septiembre de 1453 en Montilla, Córdoba, y era el segundo hijo del VIII Señor de la Casa de Córdoba, VII Señor de Canete de la Frontera, de Priego, Montilla, La Puente, Castill-Anzur y Montuerque, Alcalde Mayor y Alguacil de Córdoba, Pedro Fernández. No obstante, en 1455 fallecía su padre, por lo que los derechos dinásticos recaían sobre Alfonso Fernández de Córdoba, el hijo mayor. 

El futuro de nuestro invitado estaba claro, como segundo hijo debía dirigir su vida a lo militar, por lo que en el verano del año 1465 su hermano le concede permiso para incorporarse como paje del infante D. Alfonso, hermano de de la que años más tarde sería la Reina Isabel la Católica.

Alfonso de Castilla
Infante Alfonso de Castilla
En ese año la liga nobiliaria de Castilla se reunió en Ávila y procedieron a derrocar a Enrique IV, su hermanastro, y proclamarle como Alfonso XII de Castilla. A partir de esta proclamación estalla en Castilla una guerra civil entre ambos hermanos, que culminó con la Batalla de Olmedo de 1467, en la que todavía hoy día se debate por quien fue el vencedor, pero lo que si queda claro es que Alfonso afianzó su posición de poder. No obstante, no pudo disfrutar durante mucho tiempo de esta posición, ya que un año después, en 1468 fallecía sin que aun quede claro si envenenado o víctima de la peste.

Sea cual sea la razón de la muerte, lo que si sucedió es que Enrique IV quedó como Rey indiscutido de Castilla, y nuestro invitado que había madurado en medio de una guerra civil, debía retornar a casa, a Montilla, ya que ahora no tenía señor al que servir.

Enrique IV
Enrique IV de Castilla

De vuelta en casa tiene una serie de enfrentamientos con su hermano que le llevan a tomar la decisión de recorrer las tierras andaluzas, llegando incluso a plantearse su ingreso en los frailes jerónimos, pero de este ostracismo le sacó la guerra surgida por la sucesión de Enrique IV de Castilla. 

Enrique IV falleció en Madrid el 11 de diciembre de 1474, sin que su testamento apareciese, lo que lleva a los seguidores de Isabel, su hermanastra, a afirmar que el rey había muerto sin testar. No obstante, se sabe, gracias a Galíndez de Carvajal, clérigo testigo de la muerte de Isabel, que la reina, poco antes de morir, supo de la existencia de este testamento y pidió que fuese encontrado, y de su fin poco se sabe, ya que según Galiano o bien fue destruido por Fernando el Católico o fue guardado por un miembro del consejo real. 

El día 12 de diciembre, en Segovia Isabel era proclamada Reina de Castilla por sus partidarios, y un mes después se redactó, la Concordia de Segovia que estipulaba cómo la nueva pareja real gobernaría conjuntamente y se otorgaban mutuamente plenitud de jurisdicción en los respectivos reinos, ahora en Castilla y en el futuro en la Corona de Aragón. Mientras Juana, la Beltraneja, hija de Enrique IV era reconocida Reina por sus partidarios, en particular por su prometido el Rey Alfonso V de Portugal, y juntos entraron en Castilla en mayo de 1475, fueron proclamados reyes en Plasencia y se casaron. Esta proclamación de Plasencia fue el detonante para que estallase la guerra entre las dos pretendientes.

2. Guerra de Sucesión de Castilla

La vida de nuestro invitad parecía transcurrir sin problemas a pesar de todo lo que estaba ocurriendo en Castilla, era designado Voz y Voto Mayor del Cabildo de Córdoba y en 1474 contraía matrimonio con Isabel de Montemayor, recibiendo de su hermano, como regalo de boda, la Alcaldía de Santaella. No obstante, como hemos visto muchas veces en este programa, las alegrías no suelen durar mucho, el 18 se septiembre de 1474 las tropas de su primo y enemigo Diego Fernández de Córdoba y Montemayor, conde de Cabra, atacaron Santaella y encerró a Gonzalo y a su esposa en el castillo de Baena. 

Durante este encierro, Gonzalo y su esposa tuvieron dos hijos, Maria que murió siendo una niña, y un niño que murió al nacer, causando posiblemente el fallecimiento de su esposa mientras daba a luz. Finalmente, en el año 1477, Isabel la Católica, necesitada de grandes militares a su lado, intercedió por él y consiguió que el Conde de Cabra lo liberase.

Isabel La Católica
Isabel de Castilla, principal apoyo de Gonzalo Fernández de Córdoba
Una vez liberado de su cautiverio participó de pleno en la parte final de la guerra civil entre Isabel y Juana, teniendo su gran bautismo de guerra fue en la Batalla de Albuera, Badajoz, en febrero de 1479, donde nuestro invitado destacó frente a las tropas portuguesas, aunque esta victoria no fue definitiva, ya que el ejército portugués se refugió en Mérida, y utilizando esta ciudad como base se lanzaron contra Medellín, que cayó finalmente en sus manos. 

Ante esta situación, las tropas del Rey Fernando sitiaron Medellín y Mérida, justo en el momento en el que un viejo conocido nuestro, el Papa Sixto IV, anulaba el matrimonio entre el Rey de Portugal y Juana, la rival de Isabel, lo que debilitaba la legitimidad de su causa. 

Papa Sixto IV
El Papa Sixto IV ayudó a Isabel y Fernando anulando el matrimonio de Juana y Alfonso de Portugal
Finalmente, con la firma del Tratado de Alcaçovas-Toledo se ponía fin a la Guerra Civil en Castilla. Alfonso renunciaba al trono de Castilla; e Isabel y Fernando renunciaban al trono portugués; además Juana fue recluida en un convento a petición propia, la otra opción era casarse con Juan, el hijo de Isabel y Fernando; se acordaba el matrimonio del heredero portugués con la hija de Isabel y Fernando, que también se llamaba Isabel; y se repartían entre ambos países el área de influencia del Atlántico. Junto a los victoriosos Isabel y Fernando, nuestro invitado fue un observador de lujo de todas estas actividades diplomáticas.

Tratado de Alcaçovas-Toledo
Tratado Alcaçovas-Toledo en el Archivo de Simancas
3. La Toma de Granada

Acabada la Guerra Civil de Castilla llegaba uno de los momentos claves en la biografía de nuestro invitado, la Guerra de Granada. Gonzalo tomó parte en esta contienda al mando de una unidad de «lanzas», la caballería pesada con una gruesa armadura, de la Casa de Aguilar, de la que su hermano era señor.

A punto de cumplir treinta años, y con un espíritu henchido por la reciente victoria en la Guerra Civil, Gonzalo se lanza al ataque en la nueva petición de la pareja real, recuperar el último reino árabe en la península, Granada. Demostrando sus dotes como soldado, nuestro invitado destacó rápidamente en los asaltos a Antequera y Tájara, donde además hizo gala de un gran ingenio al crear, gracias a las puertas de las casas que encontraban a su paso, una máquina de asedio que protegía el avance de las tropas.

Aunque su culmen como militar en esta guerra fueron las tomas de Íllora, Montefrío y Loja, haciendo preso en esta última ciudad al Rey Boabdil quien, tras solicitar piedad para los pobladores de la ciudad y para sus tropas, se rindió. Algunos cronistas, como Hernán Pérez afirman que, durante esta guerra Gonzalo fue siempre el primero en atacar y el último en retirarse.

asalto a Montefrío
Gonzalo en el asalto a Montefrío | José de Madrazo
Gonzalo vivía ahora su gran momento, entraba en el campamento de Fernando el Católico escoltando al derrotado Rey nazarí quien se lanzaba a los pies del rey cristiano suplicando clemencia.

Además, desde ese momento se granjeo la amistad de Boabdil, agradecido por el cumplimiento de la palabra dada en relación con la clemencia con sus tropas y ciudadanos de Loja y por defensa del diálogo entre cristianos y musulmanes para alcanzar la paz.

No obstante, la situación en el Reino de Granada era bastante complicada. En el año 1482 Boabdil había destronado a su padre, el Rey Muley Hacén, quien se alió con su hermano, por tanto tío de Boabdil, Muhammad az-Zaghall, conocido por los cristianos como El Zagal. Tres años después Muley Hacén fallecía legando sus derechos a El Zagal, por lo que el Reino de Granada quedaba inmerso en una guerra entre tío y sobrino. 

Como hemos visto, ese mismo año Boabdil fue hecho prisionero por Gonzalo Fernandez de Córdoba, momento que El Zagal aprovechó para nombrarse Rey de la dinastía nazarí. Pero Isabel y Fernando sabían que tener frente a ellos a un enemigo inmerso en una guerra civil les allanaba su misión final, la toma de Granada, por lo que liberaron a Boabdil, tras exigirle un fuerte rescate y juramento de vasallaje. Además, con el fin de crear aun más peleas entre los pretendientes nazaríes, la pareja real nombra a Gonzalo Alcaide de Íllora. Finalmente, Boabdil y su tío llegan a un acuerdo, Boabdil quedaba al mando de Granada y El Zagal era nombrado Señor de Málaga, Almería y Guadix. 

Los Reyes Católicos habían conseguido lo que buscaban, esta división debilitaba a su enemigo, y en agosto de 1487, Málaga se rendía a las fuerzas cristianas. Poco tiempo después El Zagal rendía las plazas de Almería y Guadix y se exiliaba a Fez, allí fue hecho prisionero por el Rey de Fez, que era aliado de Boabdil, y fue cegado vivo. 

Ya solo quedaba Granada como último bastión nazarí, y una desgracia estuvo a punto de hacer que nuestro invitado falleciese antes de ver culminada esta obra, pero un acto heroico de uno de sus hombres lo evitó. Una noche, nuestro invitado participaba en una escaramuza y tuvo la mala suerte de caer de su caballo, lo que le ponía en clara desventaja frente a sus enemigos y le condenaba prácticamente a muerte, pero uno de sus hombres se acercó rápidamente, le cedió su caballo y permitió que Gonzalo continuase con la lucha. Eso sí, este valiente falleció en esta acción. 

Se acercaba el final de la contienda, y desde 1490 Gonzalo jugó su papel más destacado, pero esta vez usando las armas diplomáticas, negociando la rendición del reino nazarí de Granada e incluso actuó como espía. Finalmente el 1 de enero de 1492 el Reino de Granada se rendía ante los Reyes Católicos.
La rendición de Granada
La rendición de Granada, donde Gonzalo Fernández de Córdoba fue un espectador privilegiado

4. Italia



Gonzalo era Alcaide de Illora, pero ese puesto no le motivaba ya que añoraba la vida guerrera, una vida en la que se había visto acompañado de la victoria en todo momento, por ello, al igual que hacía 24 años, recorría nuevamente las tierras andaluzas sin rumbo fijo. No obstante, mientras recorría Andalucía, había dejado un poder a nombre de Gonzalo de Herrera para que este se encargase del cobro de las rentas de sus tierras y de la gestión de las mismas. Este pleno control de la situación y su, bien ganada fama de militar, llamó la atención del Rey Fernando, quien, buscaba a alguien capaz de poner orden en el enrevesado mundo italiano. 

Fernando "el Católico"
Fernando "el Católico", su intención fue siempre aumentar sus fronteras en el Mediterráneo
En el año 1494 fallecía el Rey Fernando I de Nápoles, tío-abuelo de Fernando el Católico, y era proclamado Rey de Nápoles Alfonso II, heredando unas finanzas casi en ruinas, lo que dejaba este reino indefenso prácticamente. 

Alfonso II de Nápoles
El Rey Alfonso II de Nápoles, primo de Fernando el Católico
Uno de los primeros en intentar sacar provecho de esta situación fue el Rey Carlos VIII de Francia, pero debía intentar que sus intereses no fueran descubiertos. Con el fin de ocultar sus planes reales, informó que iba a lanzar una ofensiva para reconquistar los Santos Lugares para lo que debía ocupar territorios en Italia que le sirviesen de cabeza de puente. Con esta idea firmó con Fernando el Católico, una alianza contra los turcos, pero, en secreto, fue una alianza de amistad. Es decir, España no se interpondría a Francia en sus guerras salvo contra el Papa, lo mismo que haría Francia.

Carlos VIII de Francia
Carlos VIII de Francia, el primero que intentó sacar tajada de la crisis napolitana
No obstante, el Rey Español descubrió la intención oculta de Carlos VIII de Francia, y afirmó que Nápoles era un territorio infeudado al Papa, y por lo tanto, debía protegerlo. Además, consiguió el apoyo del Papa y de Florencia y la neutralidad de Venecia. 

El 28 de noviembre de 1494 Gonzalo es llamado a la Corte para que se encargue de la expedición a Sicilia, y a inicios del año siguiente se ordena a los puertos del Cantábrico y de Galicia para que manden sus naves Cartagena y Alicante, consiguiendo reunir sesenta naves, 6000 soldados de a pie y 700 jinetes. El 30 de marzo de 1495 Gonzalo Fernandez de Córdoba zarpa con esta flota con dirección a Sicilia donde debía permanecer atento a los movimientos franceses. 

Batalla de Seminara

Esta batalla ocurría el 28 de junio de 1495, pero antes de comenzar a narrarla vamos a intentar ver como era la situación previa. Las tropas francesas eran más numerosas, especialmente en la caballería, por lo que Gonzalo Fernández de Córdoba evitó una batalla campal y prefirió llevar a cabo, aprovechando la experiencia de sus hombres en la Guerra de Granada, una campaña de guerrillas con la que desgastar al enemigo.

Batalla de Seminara
Localización de la Batalla de Seminara
Esta táctica y el uso eficaz de la artillería permitieron a Gonzalo tomar Fiumara, Santa Ágata y Seminara. Los franceses, viendo que eran derrotados, reagruparon y reforzaron su ejército para marchar posteriormente contra Seminara, donde las tropas hispano-napolitanas quedaron acantonadas.

Los franceses al ver que los hispano-napolitanos no salían a su encuentro les acusaron de cobardía, y pese a los consejos de Gonzalo Fernández de Córdoba quien quería resistir en Seminara a la espera de refuerzos, Fernando de Nápoles, hijo del Rey de Nápoles, ordenó salir al encuentro de los franceses.

Gonzalo, a pesar de ser contrario a estar órdenes, las acató y desplegó las tropas en unas colinas que le permitían dominar el tramo vadeable del río Petrace. En el flanco derecho colocó a 1000 soldados de infantería y a 400 jinetes españoles; y a la izquierda a los 6.000 voluntarios napolitanos y calabreses que había reunido Fernando de Nápoles. Los franceses iniciaron cruzaron el río Petrace recibiendo el ataque de la caballería ligera española que consiguieron desorganizar el ataque francés, pero mientras los jinetes españoles retrocedían para volver a lanzarse a la carga, los franceses consiguieron reorganizar sus filas. 

Desde el flanco izquierdo los inexpertos voluntarios de Fernando de Nápoles no supieron leer el retroceso de la caballería para volver al ataque, y pensaron que estaban huyendo, por lo que se fugaron del campo de batalla.

Seminara 1495
Batalla de Seminara 1495
Viendo la huida de sus aliados, Gonzalo ordenó la retirada hacia Seminara para partir al día siguiente hacia Reggio de Calabria y demostrando su gran capacidad táctica supo sacar provecho de su primer y única derrota en batalla. 

Reforma militar de Gonzalo Fernández de Córdoba

Francia había tomado una serie de medidas militares que cambiaban el modo la guerra como hasta ahora se había conocido, y frente a ellos, el anticuado ejército español podría sufrir grandes derrotas. Por ello, debía reorganizar su ejército para convertirlo en un ejército moderno, siguiendo, en gran medida, el modelo de los franceses.

En primer, observó que para modernizar el ejerció sobraban ballesteros y faltaban arcabuceros, ya que sus armas eran más potentes, había demasiados jinetes ligeros y faltaba una sólida infantería que debía ser dirigida por un capitán en columnas que estarían al mando de un coronel, lo que sería el germen de nuestro gloriosos Tercios

Además pensó que el soldado debía abandonar su carácter de guerrero aislado para pasar a luchar en equipo, cada individuo tendría una función imprescindible e irrenunciable. Además, se hizo rodear de militares capaces de ofrecer soluciones concretas a los múltiples problemas de un ejército moderno. 

Por último, Gonzalo retocó algunos aspectos sustanciales del arte de la guerra en lo que se refiere al uso de la caballería pesada, aunque esto le enfrentaba a la nobleza que estaba fascinada por los modelos caballerescos. En su plan, la caballería pesada dejaría de ser la base del ejército para ser una parte del apoyo, y la caballería ligera debía ser usada para atacar al enemigo cuando estuviese en retirada para así evitar que pudiesen replegarse o acantonarse.

Las tropas españolas volvieron a la guerra y contaban con el recién llegado refuerzo de trescientos gallegos, lo que permitió a nuestro invitado tomar Fiumar de Muro, Calana, Bagnara, Terranova, Sinopolis, Mellicota, Nicotera, Melito, Tropea, Pizzo, Maida y Nicastro

Mientras, Fernando de Nápoles que había marchado en busca de apoyos, supo aprovechar una insurrección popular en julio de 1495 para hacerse con el control de Nápoles. Tras esto caen Capua, Aversa y Aquila y el grueso de las tropas francesas debe retirarse hacia Atella

Batalla de Atella

Tras más de quince días de marcha, Gonzalo y sus hombres llegaban a las puertas de Atella, allí le esperan Fernando de Nápoles, Cesar Borgia como Capitán General de las tropas papales y Francisco II Gonzaga, Señor de Mantua.

A Gonzalo lo primero que le llamó la atención fueron unos molinos con los que los sitiados obtenían agua y harina, lo que les permitía aguantar durante más tiempo mientras esperaban la llegada de refuerzos. La idea la tuvo clara, había que tomar esos molinos, pero los franceses habían colocado allí a modo de defensas a piqueros suizos y arcabuceros y ballesteros gascones. 

El 1 de julio de 1496, Gonzalo lanzaba a los rodeleros españoles, que eran unidades de infantería armados con espadas y rodelas, un tipo de escudo, contra los defensores de los molinos, quienes ante el empuje de las tropas españolas se retiraron de manera desordenada, una retirada que se vio cortada por la caballería ligera española

Viendo el peligro que corría su subsistencia, los franceses lanzaron desde el interior de Atella a su caballería pesada. En ese momento, Gonzalo reagrupó a las fuerzas españolas para recibir el envite francés. Los españoles aguantaron heroicamente y los franceses poco a poco fueron replegándose hasta que los molinos cayeron definitivamente en manos de las tropas de Gonzalo

Tras esta valiente acción, las posiciones francesas circundantes a Atella cayeron una a una en manos españolas. Ante esta situación, el líder de los franceses, el Duque de Montpensier, aceptó la rendición. 

Esta gran victoria de Gonzalo fue sonada a nivel internacional, y la fama de soldado invicto comenzaba a rodear a nuestro personaje de hoy.

Asedio de Ostia

La tranquilidad no iba a durar mucho tiempo, ya que el 7 de octubre de 1496, con tan solo 27 años fallecía Fernando de Nápoles y lo hacía sin dejar descendencia, por lo que la corona recaía en manos de su tío, el Duque de Calabria, que reinaría como Federico I. 

Además había otro problema, el puerto de Ostia, en la desembocadura del río Tíber. Este enclave había sido ocupado por los franceses desde el principio de la contienda, y el Rey de Francia había prometido al Papa que, al finalizar la guerra, el puerto le sería devuelto. 

Ostia
Puerto de Ostia
No obstante, la guerra había acabado pero el puerto no había sido devuelto, y el Papa Alejandro VI, que como sabemos era español, solicitó ayuda al Gran Capitán para que obtuviese la cesión prometida. Nuestro invitado aceptó le petición papal y en febrero de 1497, se personó ante Ostia para reclamar el cumplimiento de la promesa, pero el líder de las tropas francesas, el corsario vasco Menoldo Guerra, se negó a abandonar la ciudad. Por tanto, Gonzalo actuaría en consecuencia. 

Durante cinco días seguidos los cañones españoles abrieron fuego contra las murallas de Ostia hasta que se abrió una brecha por que 1.300 hombres se lanzaron al ataque contra las tropas francesas. En este ataque destacó Garcilaso de la Vega, pero no el escritor, su padre, que era el embajador de Castilla ante el Papa, quien lanzó a sus tropas por el lado contrario intentando cerrar una pinza. Tras este ataque hubo un segundo, igual de victorioso para los españoles como el primero, por lo que finalmente los franceses se rindieron

 El Gran Capitán ante el Papa Alejandro VI
El Gran Capitán ante el Papa Alejandro VI arrastrando al derrotado Menoldo Guerra
Gonzalo había cumplido con éxito el encargo papal, y su Santidad le recibía en Roma con todos los honores, incluso condecorándole con la Rosa de Oro, la máxima distinción que entregada por el papado, y el Estoque Bendito.

Rosa de Oro
La Rosa de Oro, la máxima distinción otorgada por el Papa.
A partir de este momento recibió el sobrenombre por el que ha pasado a la Historia, el Gran Capitán


Tras este éxito, Gonzalo marchó a Nápoles, donde fue recibido como un héroe por la población, y el Rey de Nápoles, en agradecimiento por toda la ayuda prestada, le concedió los títulos de Duque de Terranova, que, desde entonces, siempre usará, y de Duque de Monte Santangelo, junto a las propiedades de Marzote, Rocadevalle, Pinillo, Montenegro y Torremayor. 

Parecía que la paz por fin iba a reinar en la zona de Italia, además uno de los contendientes principales, Carlos VIII de Francia fallecía y la corona pasaba a su primo, el Duque de Orleans, que reinaría con el nombre de Luis XII.

Este nuevo monarca comenzó las negociaciones de paz con Fernando el Católico que culminaron con el Tratado de Marcoussis de agosto de 1498. Ahora El Gran Capitán debía jugar la baza de la diplomacia, ya que Federico I de Nápoles solicitaba al Rey de España la devolución de las plazas de Calabria que estaban en manos españolas, y el Rey Fernando el Católico rechazaba la devolución. Finalmente, las relaciones entre España y Nápoles se rompieron.

La misión italiana de Gonzalo había finalizado con plena victoria, había conseguido pacificar la zona, aumentar el control de España en la zona, la derrota francesa, y a título personal el agradecimiento y condecoración papal, el reconocimiento internacional de sus dotes militares y una gran cantidad de títulos nobiliarios. Ahora ya, podía regresar a casa.

5. Retorno a casa y Cefalonia

Al llegar a España, Gonzalo debe rendir cuentas de la campaña italiana ante el Consejo Real, la que sería su primera auditoría de cuentas. Eso sí, ya fuese por la tardanza en recopilar datos o que él era un hombre de acción y no de despechos, tardó un año en entregarle al tesorero Alonso de Morales el informe, que finalmente fue aprobado sin ningún tipo de problemas. 

No obstante, poco tiempo iba a durar esta relativa calma ya que en enero de 1500 era requerido en Sevilla por los Reyes de España, quienes le ordenaron que capitanease una liga contra el Imperio Turco. A cambio de cumplir con esta misión, el Gran Capitán pide el mando combinado de la flota y las tropas terrestres y libertad de mando.

Cefalonia
Localización de Cefalonia, otro gran momento en la vida de nuestro invitado
El contingente español, compuesto por 57 naves, zarpó de Málaga el 4 de junio de 1500, y tras hacer escala en Valencia, Palma de Mallorca, puso rumbo a Sicilia. Como parte del sistema defensivo del estrecho de Sicilia, el comendador Fernando de Valdés partió hacia Yerba para reforzar la zona. 

A finales de septiembre la escuadra española puso rumbo hacia el Mar Jónico, y pocos días después conseguían tomar Corfú sin encontrar resistencia, ya que los turcos la habían abandonado al conocer la llegada del destacamento español. Tras tomar de igual manera Santa Maura, pusieron rumbo a Zante, punto de reunión de las fuerzas cristianas.

Inicialmente el objetivo del ataque era Modona, pero el Almirante veneciano Benedetto Pesaro, buen conocedor de la zona y sabedor que en esa época los temporales azotaban la zona, aconsejó al Gran Capitán atacar Cefalonia, lo que además permitiría controlar el acceso al Golfo de Corinto y al Mar Adriático, y nuestro invitado hizo caso al veneciano, poniendo la flota cristiana rumbo hacia el Golfo de Argostoli.


Fortaleza de San Jorge
Entrada a la Fortaleza de San Jorge, bastión jenizaro que cayó en manos del Gran Capitán
Frente a ellos quedaba ahora la la fortaleza de San Jorge, donde les esperaban los jenízaros. El Gran Capitán, como casi siempre hacía, intentó negociar una rendición con el enemigo antes de comenzar la contienda, pero estas negociaciones fueron rechazadas, el ataque cristiano era inevitable. La artillería hispano-veneciana abrió fuego con sus bombardas contra las murallas del fuerte, pero no surtían el efecto esperado. En este momento destaca la figura de Pedro Navarro, experto en el uso de minas explosivas. Este hombre consiguió con uno de sus artilugios derribar una parte de la muralla y abrir una brecha por la entró la infantería. No obstante, frente a ellos se encontraron un segundo muro que intentaron, aunque sin éxito, asaltarlo con escalas.

Pedro Navarro
Pedro Navarro, militar e ingeniero que facilitó la Toma de Cefalonia
Los jenízaros, grandes arqueros, repelieron varias ofensivas, y además se aventuraron a realizar incursiones nocturnas contra los cristianos, que, eso sí, fueron neutralizadas por los arcabuceros españoles. La situación era insostenible, y a mediados de diciembre el Gran Capitán tomó la determinación de llevar a cabo un asalto definitivo. La primera parte del plan recaía una vez más en el uso continuado de la artillería contra las murallas y, la noche antes del ataque, los arcabuceros se unieron a este ataque continuado, lo que provocó que los defensores estuviesen toda la noche en tensión, algo que podría pasarles factura al día siguiente.

Con las primeras luces del 24 de diciembre, el Gran Capitán reunió a todos sus hombres y tras arengarles comandó en persona el asalto a fuerte en uno de sus muros más débiles. Mediante escalas y protegidos por sus escudos consiguieron alcanzar la parte superior de la muralla y allí comenzó una lucha cuerpo a cuerpo. Mientras, las tropas cristianas abrieron un segundo frente en la zona más distante del primero, con la intención de dividir a los defensores, y cuando los dos frentes estaban abiertos, Gonzalo mandó llevar un puente de madera construido de manera oculta la noche anterior y abrir un tercer frente.

Los resistentes jenízaros quedaron acorralados pero no se rindieron, hasta que el último murió y entonces la misión del Gran Capitán había concluido con éxito. Gonzalo Fernández de Córdoba vio acrecentada su fama como militar y recibió múltiples agradecimientos, especialmente por la República de Venecia, que le premió con el título de gentilhombre y un sueldo vitalicio.

6. Segunda Campaña italiana


Mientras el Gran Capitán lograba un éxito tras otro, Fernando el Católico lleva a cabo una política de enfrentamiento total contra Nápoles, aunque para ello deba pactar con el principal enemigo de España, Francia. Por ello, a finales del año 1500, mediante el Tratado Chambord-Granada, Fernando el Católico y Luis XII de Francia se repartían Nápoles, quedando el norte para dominio francés y el Sur para España.

Luis XII de Francia
Luis XII de Francia, aliado inicial de Fernando el Católico en su empresa italiana
El Rey de Sicilia, que no sabía nada de este acuerdo hispano-francés, solicitó ayuda a su tío, Fernando el Católico, para hacer frente a la amenaza francesa del norte, ya que sus arcas y su ejército estaban agotados desde la guerra anterior. En marzo del año 1501, El Gran Capitán, que había sido nombrado Lugarteniente general en Sicilia y Calabria penetró con sus tropas en el Reino de Nápoles desde el Sur, supuestamente para asistir al Rey de Sicilia, pero con órdenes secretas de ocupar la zona asignada en el tratado.

En junio del mismo año, el acuerdo fue hecho público, recibiendo la aprobación del Papa Alejandro VI, promulgando la deposición de Federico bajo pretexto de su colaboración con los turcos, y el ejército francés la parte norte según lo acordado. Finalmente, Federico de Nápoles era depuesto y conducido a Francia, de donde se le prohibió salir; en compensación por la pérdida del reino recibió una pensión de 50 000 libras y el ducado de Anjou.

Bula de Alejandro VI
Bula de Alejandro VI dando su beneplácito al reparto de Nápoles
A pesar de que en el acuerdo hispano-francés se delimitaban las zonas de invasión, rápidamente surgieron choques entre ambas potencias por el control de ciertas zonas, lo que derivó en enfrentamientos militares entre 1502 y 1503. La superioridad numérica francesa obligó a Gonzalo Fernández de Córdoba a estrujar su genio como estratega, concentrándose en la defensa de plazas fuertes a la espera de refuerzos, y conforme a este plan los españoles se atrincheran en Barletta, en la costa adriática, y es en estos momentos cuando se produce el llamado Desafío de Barletta

Los soldados franceses comenzaron a criticar a los soldados españoles tachándoles de cobardes y afirmando que la caballería española era ridículamente inferior a la española. Los caballeros españoles demostrando un carácter que se podría decir innato a los españoles quisieron defender su honra, y retaron a los franceses a un duelo. Once caballeros franceses se enfrentarían a once caballeros españoles, entre los que estaba Diego García de Paredes, el Sansón de Extremadura, en un punto situado a mitad de camino entre los campamentos españoles y franceses. Los jueces del desafío fueron escogidos de entre autoridades venecianas, ya que Venecia era neutral en este conflicto. 

El 20 de septiembre de 1502 a las 13:00 horas, comenzaron a luchar. Después de cinco horas, ya entrada la noche, los contendientes acordaron terminar el duelo, tomando cada uno las armas arrebatadas e intercambiando entre sí los caballeros rendidos. Los jueces no quisieron dar la victoria a ninguno de los bandos, reconociendo a los españoles su esfuerzo y a los franceses su constancia. 

Poco después de este singular duelo le llegan a nuestro invitado los prometidos y ansiados refuerzos, tras la victoria del Almirante Lezcano sobre los franceses en la batalla naval de Otranto, y además comprueba que las tropas francesas se han ido dispersando poco a poco. Ese es el momento. Don Gonzalo da la orden a sus hombres de abandonar Barletta y pasar a la ofensiva. 

La primera ciudad que consiguen tomar las tropas españolas es Ruvo di Pugia, y a finales de abril de 1503 se produce la decisiva batalla de Ceriñola

Batalla de Ceriñola
Batalla de Ceriñola
Recreación de la Batalla de Ceriñola
El ejército español estaba compuesto mayoritariamente por infantería, formada por arcabuceros, ballesteros, coseletes, y piqueros atrincherados con empalizadas, fosos y estacas. Los arcabuceros, en primera línea, estaban dispuestos en dos grupos de unos 500 hombres. Tras ellos, y en el centro se agrupaban unos 2.500 piqueros alemanes. A los lados de los piqueros se situaron grupos de 2.000 coseletes y ballesteros. Tras los coseletes y hacia los flancos, se pusieron los dos grupos de 400 hombres de caballería pesada. La artillería que nuestro invitado tenía a su disposición estaba compuesta por 13 piezas que inteligéntemente habían sido colocadas en una pequeña colina, y junto a ellos 850 hombres de la caballería ligera con la misión de lanzarse al ataque en caso de que las fuerzas francesas pudiesen con la infantería española. 

Las tropas francesas, comandadas por el Duque de Nemours, estaban divididas en cuatro bloques. La caballería pesada con Nemours a la cabeza, dividida a su vez en dos grupos de 1.000 jinetes cada una, estaba colocada en la zona de vanguardia.Tras la caballería pesada se encontraban 3.000 piqueros mercenarios suizos. De manera continua a estos mercenarios marchaba la infantería gascona compuesta por 3.000 hombres que arrastraban las 26 piezas de artillería que tenían disponibles. Por último se encontraba la caballería ligera, dirigida por Yves d'Allegre.

Haciendo gala de su gran inteligencia y de su conocimiento del enemigo, el Gran Capitán, ideo un plan maravilloso. Gonzalo conocía el gusto francés por realizar cargas de caballería pesada por lo que nuestro invitado provocó esta carga atrayendo de esta manera a los jinetes pesados franceses al fuego de la artillería y a los disparos de los arcabuceros españoles.La caballería francesa fue prácticamente aniquilada por el fuego de los españoles, muriendo incluso el Duque de Nemours que al ser alcanzado por 3 disparos de arcabuz

En plena batalla, el ejército español sufrió un fuerte revés al explotar accidentalmente toda la pólvora, lo que dejaba fuera de combate a la artillería. Gonzalo, que vio en primera persona la explosión, en vez de dejar caer el ánimo, gritó a sus hombres que esas eran las luces de la victoria. Poco después la infantería francesa comenzó su combate contra las tropas españolas, quienes les machacaron incansablemente con el fuego de sus arcabuces pero no frenaron del todo el avance galo. En el momento en el que los franceses se encontraban demasiado cerca de los arcabuceros y estos podían perder su posición debido al tiempo que perdían en cada carga del arcabuz, el Gran Capitán ordenó su retirada y el avance de los piqueros alemanes, quienes empleando magistralmente sus picas consiguieron rechazar a los atacantes. 

Finalmente, cuando la derrota francesa comenzaba a ser evidente, nuestro invitado ordenó a sus hombres pasar a la ofensiva, y rodearon a la infantería francesa que fue prácticamente diezmada. La caballería ligera española se lanzó a su vez contra la caballería ligera francesa que al verse superada tuvo que huir. Ante la falta de enemigo, la caballería ligera española cargó contra la infantería francesa que terminó por rendirse. 

Gran Capitán tras Ceriñola
El Gran Capitán contemplando el cadaver del Duque de Nemours | Federico Madrazo
Esta aplastante derrota, sumada a la que habían cosechado en la Batalla de Seminara frente a las tropas de Fernando de Andrade y Hugo de Cardona, provocó el freno del avance francés y el resurgimiento del poder español que hizo retroceder a los franceses hacia el Norte.

Batalla del Garellano

Pero una idea rondaba la cabeza del Gran Capitán, expulsar a los franceses de Nápoles. Por ello puso rumbo junto a sus tropas hasta esta ciudad. Por el camino fueron cayendo Castel Nuovo, Castel dell'Ovo, San Germano, Montecassino y Roccasecca, ahora se encontraba en la ribera del río Garellano.

En ese momento, noviembre de 1503, los ejércitos español y francés se encontraban separados por el río, los españoles, eso sí, tenían serias dificultades para hacer llegar los suministros al frente, mientras que los franceses podían recibirlos desde el mar a través de su plaza fuerte de Gaeta. No obstante, esta vez el Gran Capitán quería luchar directamente en vez acantonarse y esperar refuerzos como había hecho otras veces, y una vez más ideó un plan. 

En primer lugar debía hacer creer a los franceses que se retiraba, y realizó varios desplazamientos de tropas para simular que iniciaba un repliege hacia el Volturno. Los franceses cayeron en la trampa y su líder, el Marqués de Saluzzo, retiró tropas y concedió permisos a sus oficiales. Tal era el relajamiento de los franceses que se decretó una tregua navideña para los días 25 y 26 de diciembre, pensando además que tras esta tregua los españoles seguirían sin atacar, por lo que no estuvieron alerta de los movimientos españoles que consistían en situarse en puntos estratégicos y lanzar su ataque por sorpresa.

La segunda parte del plan de nuestro invitado consistía en cruzar el río mediante pontones que se habían fabricado en retaguardia y que aprovechando la noche serían llevados al frente. Además dividió sus fuerzas en tres partes: la primera dirigida por Alviano cruzaría en vanguardia el río y envolvería por sorpresa a los franceses por la izquierda; la segunda, dirigida por Gonzalo de Córdoba, marcharía hacia el centro del cuerpo francés; y la tercera, al mando de Diego de Mendoza y Fernando de Andrade, quedaría acantonada en la población de Cintura para de esta manera no levantar sospechas al no haber soldados españoles por la zona.

Con las primeras luces del 28 de diciembre se produjo el ataque, los 3.000 hombres de Alviano cruzaron el recién puente y se dirigieron a la izquierda. Tras ellos el ejercito central que había sido dividido en tres, García de Paredes al frente de rodeleros ya arcabuceros; después la caballería pesada y ligera; y finalmente el Gran Capitán con los piqueros alemanes. 

Batalla del Garellano
Plano de la Batalla del Garellano
Los franceses poco pudieron hacer frente al avance español quienes tomaron Vallefredda y Castelforte. Tras el gran ataque español, el Marqués de Saluzzo ordenó a los franceses retirarse hacia Gaeta. La retirada fue tan desastrosa que incluso las piezas de artillería francesa fueron abandonadas y cayeron en manos españolas. 

El Gran Capitán mandó envolver a los franceses para evitar que se atrincheraran en Gaeta. Por ello envió a Alviano hacia el norte, cubriendo todo el flanco izquierdo galo, para que luego bajara por el oeste hasta Gaeta. El embolsamiento se completaría con la formación del ala izquierda española por parte de Andrade y Mendoza. 

Finalmente y tras diferentes enfrentamientos, Gaeta fue cercada. Los franceses, viendo su difícil situación, hicieron una oferta de rendición que el 1 de enero de 1504 fue firmada por el Marqués de Saluzzo y el Gran Capitán.
La victoria del Garellano supuso la expulsión definitiva de los franceses, y junto a las derrotas sufridas en el Rosellón, hizo que Luis XII de Francia quisiera firmar la paz guerra con España. Una paz que se alcanzó con el Tratado de Lyon, en el que España aseguraba su posición en Italia.

7. Virrey de Nápoles y las "Cuentas del Gran Capitán"

En premio a estas victorias, los Reyes Católicos conceden al Gran Capitán diez mil ducados de renta y el ejercicio de Virrey de Nápoles. Ejerciendo este mando sufre dos crisis políticas, la primera, en 1504, cuando hace prisionero a Cesar Borgia y lo manda encadenado a España, tal como habían ordenado el Papa y los Reyes Católicos; y la segunda cuando recibe la orden de los Reyes Católicos de expulsar a los judíos de Nápoles, una medida que el dilata en el tiempo. Finalmente, los Reyes Católicos retiran esa orden pero ponen a Nápoles bajo jurisdicción del Inquisidor General de España con sede en Palermo. Esta última medida provoca la dimisión de Gonzalo, una dimisión que los Reyes no aceptan pero que será el germen del recelo de los reyes hacia él. 

El 26 de noviembre de 1504 fallecía la Reina Isabel la Católica, una muerte de la que nuestro invitado tiene conocimiento por una carta del Rey Fernando, quien además de ratificarle en su cargo le pide el apoyo del ejército napolitano en caso de levantamiento de nobles castellanos contra él. 

Además, el Rey influido por el Embajador Rojas, que si bien había sido consejero del Gran Capitán en Italia, ahora estaba enfrentado con él, y afirmaba que Gonzalo se había apropiado de fondos de guerra, acusándole asimismo de Corrupción, traición, gastos excesivos, favoritismo a sus capitanes

Fernando el Católico pidió a Don Gonzalo cuentas de en qué había gastado el dinero de su reino, lo que el Gran Capitán sintió como un insulto. Es aquí cuando nacen las famosas cuentas del Gran Capitán que hoy día podemos observar en el Archivo de Simancas. 

En ellas se indica por ejemplo que: 

"Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados"
Cuentas del Gran Capitán
Extracto de las Cuentas del Gran Capitán
Ciertas o no las cuentas, la expresión las cuentas del Gran Capitán han quedado como frase hecha para una relación poco pormenorizada, en la que los elementos que la integran parecen exagerados, o para una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho. 

8. Regreso a casa y muerte

Fernando el Católico ya no quiere a Gonzalo en el poder, y el 25 de febrero de 1507, el Gran Capitán deja de ser Virrey de Nápoles para meses después retornar a casa

Desde ese momento, Gonzalo pasará a ser un simple observador de la vida política, sintiéndose atraído por la figura del joven Carlos de Habsburgo, el futuro Rey-Emperador. El 15 de julio de 1508 fue nombrado Gobernador de Loja, y tuvo que vivir uno de los momentos más tristes de su vida. Su sobrino, el Marqués de Priego, participó en una rebelión de la nobleza, y el Rey Fernando impuso una fuerte represión y un castigo simbólico, el joven marqués debía entregar sus fortalezas y ser desterrado de Córdoba. 

Nada pudo hacer el Gran Capitán para impedir la demolición del viejo caserón familiar, y esto significó su ruptura total con el Rey Fernando “el Católico” y su sumisión a Dña. Juana de Castilla, hija de Fernando y encarcelada en Tordesillas. 

Parece que hay un rayo de luz en la nueva vida del Gran Capitán, la derrota en Rabean de la Liga Santa, formada por Fernando, el Papa Julio II y el dogo veneciano, frente a Luis XII de Francia, hace que el Papa se interese en contar nuevamente con los servicios de tan ilustre militar. El Gran Capitán contrata las tropas, las prepara, pero las provisiones que solicita al rey Fernando no llegan. ¿La razón? El Rey Fernando tiene ahora otro interés, tomar Navarra. Gonzalo comprende que no partirá nunca para su añorada y querida Italia; licencia a las tropas, despide a los amigos, y se marcha más triste que nunca a Loja. 
Gran Capitán
Armadura y espada del Gran Capitán
En junio de 1515, un anciano Gonzalo enferma gravemente, las cuartanas, un tipo de fiebre, que le habían acompañado casi toda su vida son ahora más fuertes y su anciano cuerpo cada vez más débil. 

Viendo su final próximo abandona Loja y se dirige a Granada, redactando una corrección el 30 de noviembre de su testamento, en su tumba debía aparecer el título de “Gran Capitán”, y debía ser enterrado en el monasterio granadino de San Jerónimo. 

El día dos de diciembre, moría el hombre y nacía el mito.