Ruta Por La Historia

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viernes, 27 de mayo de 2016

El acorazado Bismarck

El protagonista de la entrada de esta semana es un barco, un acorazado de bolsillo de la Segunda Guerra Mundial, y si hablamos de este conflicto y de acorazado de bolsillo, su nombre nos viene rápidamente a la mente, el acorazado Bismarck.

Bismarck
El acorazado de bolsillo Bismarck
Pero antes de hablar del acorazado hay que retroceder un poco en el tiempo. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, las naciones vencedoras impusieron unas duras condiciones económicas y militares a Alemania, unas condiciones que provocaron quejas desde muchos sectores de la sociedad germana, y entre estas quejas destacan los discursos de Adolf Hitler desde 1920.

En 1933 se produce la llegada de Hitler a la Cancillería, y con él un espíritu militarista invade toda Alemania, con lo que comienza el rearme nacional, en el que se incluye a la Kriegsmarine, la marina de guerra alemana que, al igual que el resto de ramas del Ejército alemán, estaba afectada por las clausulas aprobadas en el Tratado de Versalles. En su art. 181 el Tratado dictaba que “las fuerzas navales alemanas no podían exceder de seis acorazados, seis cruceros ligeros, doce destructores y doce torpederos, mientras que el artículo 190 limitaba el desplazamiento de los buques a 10.000 toneladas, con lo que apenas podían vigilar el tráfico marítimo en sus costas”.

No obstante, el 18 de junio de 1935 se firmaba en Londres el Tratado Naval anglo-alemán, por el que a Alemania se le permitía construir una flota de superficie de hasta un 35% de la británica y de hasta 45% en el caso de submarinos, y nacía así el Proyecto Z.
Tratado Naval anglo-alemán
Noticia del Tratado Naval anglo-alemán recogida por ABC
Bajo este Proyecto Alemania buscaba construir una gran cantidad de buques con los que enfrentarse, en un futuro, a la marina de guerra más poderosa del mundo, la Royal Navy británica.

Para llevarlo a cabo los ingenieros alemanes pusieron en marcha la gran industria militar alemana y desarrollaron un plan en el que se tenía que reducir el peso de las naves sin que ello afectase a sus prestaciones de combate. Para reducir este peso usaron aleaciones de metal muy ligeras de gran resistencia, se reemplazaron los pesados remaches por la soldadura de penetración. La reducción del peso permitía otra ventaja, se podía armar la nave con más cañones y sobre todo, más potentes. Nacían de esta manera los acorazados de bolsillo, naves que con la potencia de fuego de un acorazado tenían la velocidad de un crucero.

A pesar de estos avances surgieron disputas en la dirección de la Kriegsmarine, por un lado estaban las tesis del Grossadmiral Erich Raeder, que proponía seguir construyendo grandes buques de superficie, y frente a él se encontraban las ideas de Karl Dönitz, quien afirmaba que la guerra debía ser dirigida por la flota submarina debido a la vulnerabilidad de los buques de superficie. Además, según su teoría, cuando Inglaterra tuviese noticias de la construcción por parte de Alemania de buques de guerra, comenzaría una carrera armamentista que Alemania no podría ganar. A esto había que sumar que las costas alemanas no permitían poner a resguardo esta inmensa flota, por el contrario, los submarinos podían esconderse con facilidad. Por todo ello, y según sus cálculos, Alemania solo necesitaría 300 submarinos podía dominar el Atlántico y forzar la rendición británica.

Finalmente, el Proyecto Z del Almirante Raeder fue ratificado por Hitler, pero excesivamente caro, requería la inversión de más de 33.000 millones de Reichsmark.
Erich Raeder
Erich Raeder, Grossadmiral de la Kriegsmarine
El acorazado "F", tal como se llamaba el Bismarck antes de ser bautizado, fue encargado a los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, y su diseño fue pedido a Hermann Brukhardt. Su construcción se llevó a cabo a gran velocidad, instalándose la quilla el 1 de julio de 1936. Menos de tres años después, el 14 de febrero de 1939, el acorazado era botado y bautizado como Bismarck por la nieta de Otto Von Bismarck, del arquitecto de la unificación de Alemania. La industria alemana estaba construyendo a la vez un buque gemelo de nuestro invitado, el Tirpitz, aunque sus obras iban más lentas por lo que no pudieron ser botados juntos.

Bautizo del Bismarck
Hitler en el bautizo del Bismarck
El 24 de agosto 1940 entraba en servicio con el Capitán de navío Ernst Lindemann al mando. El Birmarck era el mejor de todos, el orgullo de la Kriegsmarine del que vamos a daros una serie de datos para que os imaginéis el poderío del buque del que estamos hablando. La eslora era de 241 metros y medio; mientras que la manga era de 36 metros. En ese espacio albergaba 8 cañones de 381 mm, 12 cañones de 150mm, y como defensas antiaéreas 16 cañones de 105 mm; 16 cañones de 37 mm y 18 cañones de 20 mm. Su blindaje iba desde los 14 centímetros y medio de acero en las zonas menos importantes para el buque, a los 35 centímetros de acero colocados en la cubierta acorazada, lo que según pensaban le haría inmune a cualquier proyectil disparado a corta distancia. Durante el proceso de construcción se puso especial cuidado en la estabilidad, y esa fue la razón de su enorme manga demasiado grande quizá a los ojos de muchos puristas, pero que fue diseñado así para darle mayor grado de estabilidad y tener mayor capacidad de absorción de los impactos. Mover tal cantidad de acero recaía en tres calderas Wagner que movían tres juegos de turbinas que le proporcionaban cerca de 150.000 caballos de potencia, todo este empuje daba a este gigante del mar una velocidad máxima de 29 nudos, casi 54 kilómetros por hora.

Ernst Lindemann
Ernst Lindemann, Capitán de navio
Cuando la tripulación del Bismarck conoció el barco a la perfección, comenzaron los ejercicios de vigilancia aérea y maniobras de combate en puerto. Tras dominar estas tácticas, llegó el momento de ponerlas en práctica en el mar, por lo que el 15 de septiembre de 1940, zarpaba desde Hamburgo con dirección a la base de Gotenhafen, en el Báltico. No obstante este viaje no estuvo exento de peligros, aunque no sufrió daños de relevancia, como cuando colisionó con el remolcador de proa que les sacaba por el río Elba; o cuando estando atracado en Kiel sufrió el ataque de aviones británicos.

Tras una semana en Kiel donde se revisaron los posibles daños, abandonaba esta ciudad y apoyado por un dragaminas ponía rumbo al Cabo Arkona de la Isla de Rügen, donde atracó el y nuestro invitado continuó en solitario hasta llegar a Gotenhafen, donde durante dos realizó pruebas de navegación, consumo, y velocidad, siendo modificados algunos componentes que terminaron por convertir a nuestro invitado en uno de los acorazados más rápidos del mundo.

El 5 de diciembre regresó a Hamburgo, donde fue pintado de camuflaje al modo de la marina alemana, tres franjas blancas y negras sobre el casco y la superestructura; con la proa y la popa en gris oscuro y falsas olas blancas.

Bismarck camuflaje
El acorazado Bismarck pintado de camuflaje el 21 de mayo de 1940
Mientras estaba en Hamburgo, recibieron la visita del agregado naval de la embajada sueca en Berlín que, alentado por los comentarios que el Führer había hecho de semejante fuerza naval, quería verlo en persona. El agregado naval quedó sorprendido, pero junto a él visitaron el barco otros miembros de la embajada que no eran pronazis y que aprovecharon esa información para trasladársela al Gobierno británico quienes al ver esos datos hicieron saltar todas las alarmas, un nuevo peligro estaba a punto de salir al mar.

Y llegó el mes de abril, y nuestro invitado tuvo la salida libre para volver a Gotenhafen y realizar nuevas pruebas con las que engrasarse perfectamente y prepararse para el combate. En estas pruebas quedaba claro que era el mejor de todos, el orgullo de la marina de guerra alemana. Aprovechando la fuerza de este titán de los mares las autoridades alemanas idearon Operación Rheinübung con la que bloquear a Inglaterra y ponerle una soga al cuello.

Según el plan diseñado por Raeder, los acorazados Bismarck, Tirpitz, Scharnhorst y Gneisenau, debían partir hacia el Atlántico y destrozar todos los convoyes de mercancías que se dirigiesen hacia Inglaterra. No obstante, el Scharnhorst y el Gneisenau se encontraban atacados en Brest, Francia, tras hundir en dos meses a 22 mercantes británicos, y al menos el Scharnhorst debía entrar en dique seco para ser reparado, lo que le dejaba fuera de combate hasta el mes de julio. Por otra parte, el Tirpitz acababa de ser botado y a su tripulación aún le quedaban varios meses de adiestramiento. De todos los buques que inicialmente fueron pensados para llevar a cabo la Operación Rheinübung, únicamente el Gneisenau y el Bismarck estaban listos para el combate.
Gneisenau
El acorazado KMS Gneisenau
Los ingleses comenzaron a recibir noticias de la acumulación de efectivos navales en la zona, y sospecharon que los alemanes estaban preparando una acción a gran escala, en la que según pensaban el Scharnhorst y el Gneisenau, atracados en Brest, jugarían un papel principal.Por tanto, la orden lanzada desde el Almirantazgo fue dejar fuera de combate a estos dos buques. El 6 de abril, un avión del 22.º Escuadrón del Servicio de Costas de la RAF alcanzó al Gneisenau con un torpedo en la zona de popa, y provocó una serie de daños importantes que le retiraron del servicio activo durante un tiempo importante.

Ante esta situación, el Alto Mando Militar alemán ordenó que el nuevo crucero pesado Prinz Eugen, con sus 8 cañones de 203 mm, sus 12 cañones de 105 mm, sus 6 tubos lanzatorpedos y sus potentes defensas antiaéreas, acompañase al Bismarck en esta misión. Estos dos colosos del mar necesitaban, eso sí, el apoyo de los submarinos, por lo que se ordenó que si bien los submarinos se mantendrían en sus posiciones asignadas, en caso de ser solicitada su ayuda se lanzarían al apoyo sin reservas, por ello se destinó a un oficial de enlace de los submarinos a bordo del Bismarck.

Prinz Eugen
Crucero pesado KMS Prinz Eugen
El 18 de mayo de 1941 comenzaba la Operación Rheinübung. Con la llegada de la noche para hacer “invisible” su salida zarpaba el Prinz Eugen, y pocas horas después lo hacía el Bismarck, con Günther Lütjens, segundo de Raeder a bordo como Jefe de Operaciones. La operación parecía ir correctamente, pero dos días después cuando atravesaban el Estrecho de Kattegat, fueron avistados por el crucero sueco Gotland que avisó a Estocolmo, un mensaje del que los espías británicos tuvieron conocimiento y el agregado naval de la Embajada británica en Estocolmo transmitió la alerta al Almirantazgo británico. La escuadra alemana había sido descubierta.

El 21 de mayo un Spitfire de reconocimiento del Servicio de Costas avistó y fotografió a los buques alemanes fondeados en un fiordo noruego. Al recibir las fotografías, Winston Churchill pronunció una frase que ha pasado a la Historia “Hundid el Birmarck”. Con esta petición, el Almirante John Cronyn Tovey, Comandante en jefe de la Home Fleet, ordenó a los cruceros pesados Suffolk y Norfolk que controlasen el estrecho de Dinamarca; al mismo tiempo el crucero de batalla Hood y el acorazado Prince of Wales, acompañados por los destructores Achates, Antelope, Anthony, Echo, Electra, e Icarus zarpaban desde Scapa Flow hacia Islandia; y Tovey a bordo del acorazado King George V, su buque insignia, permaneció en Scapa Flow a la espera de que se confirmase la salida del Bismarck de Noruega.

En la noche del 21 al 22 de mayo los alemanes interceptaron un mensaje británico en el que se hablaba de ellos, ahora los alemanes sabían que habían sido descubiertos mientras dejaban atrás Noruega. El Almirante británico Tovey, tras recibir esta noticia, zarpó a bordo del King George V, junto a él navegaban el portaaviones Victorius, los cruceros ligeros Kenya, Galatea, Aurora, Neptune, Hermione, y los destructores Active, Inglefield, Intrepid, Lance, Punjabi, y Windsor. Una vez en mar abierto, el crucero de batalla Repulse se uniría a esta agrupación.

John Cronyn Tovey
El Almirante británico John Cronyn Tovey en 1940

Minutos después de las 7 de la tarde del 23 de mayo, el crucero pesado británico Suffolk detectó a los buques alemanes a siete millas escasas de distancia y emitió el siguiente mensaje: “Un acorazado, un crucero a la vista a 20 grados. Distancia siete millas, rumbo 240 grados". Los alemanes también habían detectado al Suffolk, pero no le atacaron debido a que el buque británico se limitaba a mantener contacto escondido entre la niebla.

Una hora después, los vigías alemanes detectaban al Norfolk a babor, pero esta vez el Bismarck si abría fuego, y aunque el barco inglés no fue alcanzado por ninguna de las cinco salvas, tuvo que lanzar una cortina de humo y ocultarse rápidamente entre la niebla. Ocultos por la densa niebla, el Suffolk se colocó a estribor de los alemanes y el Norfolk a babor, pero en vez de atacar, se limitaron a mantener contacto por radar a la espera de que unidades más potentes pudieran entablar combate con los alemanes. En el Bismarck, el radiotelémetro de proa había quedado fuera de servicio debido a la onda expansiva de sus propios disparos, así que Lütjens ordenó entonces un cambio de posiciones, el Prinz Eugen con sus radiotelémetros intactos en vanguardia, y el Bismarck con su poderosa artillería detrás para destrozar a los británicos en caso de que se aproximasen demasiado.

Al día siguiente los sistemas defensivos del Prinz Eugen oían el ruido de unos motores a babor. Minutos después, los vigías detectaban la presencia de lo que pensaban que era un crucero ligero a una distancia de 19 millas por babor. Poco después, los vigías alertaban de la presencia de otra nave. A bordo del Bismarck y el Prinz Eugen se tocaba zafarrancho de combate, y poco a poco las siluetas del crucero de batalla Hood y del acorazado Prince of Wales aparecían a babor. Debido a la similitud de las formar de los buques alemanes, el Vicealmirante Holland, a bordo del Hood, ordenó concentrar el fuego sobre el buque alemán que marchaba en cabeza creyendo que era el Bismarck, aunque realmente no era así. A las 05: 52, y a una distancia de 12 millas y media, el Hood abrió fuego, seguido del Prince of Wales apenas 30 segundos después. La primera salva del Prince of Wales cayó a la derecha de la popa del Bismarck, la segunda, tercera y cuarta salvas del Prince of Wales fueron largas. Por su parte, las primeras salvas del Hood dirigida al Prinz Eugen cayeron cortas.

Tres minutos después, los alemanes respondieron concentrando su tiro sobre el Hood. Los primeros disparos del Bismarck resultaron cortos, pero el Prinz Eugen había alcanzado al Hood a la altura del palo mayor provocándole un gran incendio que se extendió hasta la segunda chimenea corta. A las 6 y un minuto de la mañana, la quinta salva del Bismarck atravesaba la coraza vertical del Hood, y llegaba a las municiones de la artillería de las torres de popa, lo que provocaba tal explosión que el Hood, orgullo de la Armada británica, voló literalmente por el aire.

El Prince of Wales se encontraba en clara desventaja, y la potente artillería del Bismarck alcanzaba su puente de mando. Ante esta desesperada situación, el Prince of Wales lanzó una cortina de humo y se retiró del combate tras recibir tres impactos más del Bismarck y otros tres del Prinz Eugen.

explosión del Hood
Maqueta del momento de la explosión del Hood
En este combate el Bismarck había resultado “herido” dos veces, un proyectil inglés había dado bajo la línea de flotación en la sección 14, justo por debajo del cinturón acorazado, que atravesó el casco y explotó contra el mamparo antitorpedos, lo que provocó la inundación de la central eléctrica 4 de babor; y un segundo impacto en el castillo de proa, en la sección 21, por encima pero cerca de la línea de flotación. Este proyectil atravesó el buque y salió por estribor sin explotar dejando un boquete de metro y medio de diámetro.

Como consecuencia de estos impactos la velocidad máxima quedó reducida a 28 nudos y la proa se sumergía ligeramente bajo el agua. Además sufría una pérdida constante de petróleo y el rastro delator que dejaba reduciría las posibilidades de hacer la guerra al tráfico durante tiempo prolongado además de ayudar a los británicos en su persecución.

Ante esta situación, el Almirante Lütjens informó al "Grupo Norte" anunciando su intención de dirigirse a Saint-Nazaire para reparar los daños sufridos y repostar combustible, mientras los británicos, por su parte, seguían manteniendo contacto por la popa de los alemanes; el Suffolk a estribor, y el Norfolk y el “herido” Prince of Wales a babor. El Almirante Lütjens pensó que mientras el Bismarck iba a puerto seguro el Prinz Eugen podía seguir haciendo la guerra en solitario a los convoyes mercantes ingleses, pero para eso debía dejar atrás a los perseguidores alemanes.

Para poder llevar a cabo este plan, ordenó al Bismarck que virase y abriese fuego contra el Suffolk que se vio obligado a retirarse tras una cortina de humo. A este ataque respondió el Prince of Wales y el Bismarck disparó inmediatamente, mientras comenzaba ya a recobrar su rumbo original. Después de esta acción, en la que no se lograron impactos, el Suffolk quedó a babor de nuestro invitado junto con el Norfolk y el Prince of Wales, dejando inexplicablemente la zona de estribor sin vigilancia alguna.

A estas alturas el portaaviones Victorius ya estaba en la zona, y 9 aviones torpederos Swordfish despegaban desde su cubierta, y pocas horas después vieron al Bismarck en el mar y comenzaron su ataque. A bordo del acorazado alemán, se dio la orden de aumentar la velocidad y abrir fuego con todos sus cañones, no solo los antiaéreos, aunque no consiguieron alcanzar a ningún avión inglés. De todos los torpedos lanzados por los aviones británicos, solamente uno acertó en el acorazado alemán, pero impactó en la zona del cinturón blindado por lo que no provocó daños.

Swordfish
Avión torpedero Swordfish
De madrugada, Lütjens ideó un plan para despistar a los británicos y poder poner rumbo tranquilo hacia puerto. Ordenó aumentar la velocidad a 27 nudos y mandó virar a estribor, un lateral que los ingleses habían dejado libre. Cuando los británicos se dieron cuenta de que el Bismarck ya no estaba allí se dirigieron hacia el sur y luego hacia el oeste, en una búsqueda infructuosa de los alemanes. Finalmente, informaron que “habían perdido el contacto con el enemigo”. No obstante, si los ingleses no se habían dado cuenta de que el Bismarck se había escapado, a bordo del buque alemán aun pensaban que llevaban pegados a los ingleses a su lado, y solo tuvieron conocimiento del éxito de su plan, cuando el "Grupo Oeste" les informaba de que tras interceptar las conversaciones británicas, podían asegurarles que habían conseguido escapar de sus tres perseguidores. Tras recibir este mensaje, el Bismarck se mantuvo el silencio radiofónico, aunque los británicos ya habían interceptado sus emisiones y habían calculado su posición aproximada.

La posición del Bismarck fue finalmente conocida gracias a un hidroavión PBY Catalina del Comando de Costas británico que tras avistarle informó que se encontraba " (…) en demora 240 grados, a cinco millas, rumbo 150 grados. Mi posición es 49 grados 33 minutos norte, 21 grados 47 minutos oeste. Hora de transmisión, 1030/26".

Pero el grueso de la fuerza inglesa comandada por Tovey aún estaba demasiado lejos, únicamente la Fuerza H, procedente de Gibraltar y dirigida por el Vicealmirante Somerville podía interceptarlo, usando los aviones que transportaba el portaaviones Ark Royal. Los aviones Swordfish de este portaaviones lanzaron un ataque contra una nave que encontraron en el mar pensando que era el Bismarck, pero realmente era el crucero ligero británico Sheffield, que por suerte para ellos no sufrió daños.

Ark Royal
Portaaviones HMS Ark Royal
Los británicos tenían únicamente una oportunidad, en pocas horas llegaría la noche y si no lo remediaban los alemanes llegarían a Brest con los primeros rayos de sol del día siguiente, por lo que los quince Swordfish despegaban nuevamente del Ark Royal, y comenzaban su ataque. A bordo del Bismarck la artillería comenzó a lanzar salvas al aire, pero a pesar de ello no pudieron evitar que dos torpedos le alcanzasen por babor, uno en el centro y otro en la popa. Aunque el primer torpedo no afecto, el segundo le hirió de gran consideración alcanzando los timones. Estos quedaron agarrotados en una posición de giro de 12 grados, por lo que comenzó a virar en redondo

A bordo del acorazado alemán se sabía que la situación era crítica, por lo que el Almirante Lütjens envió el siguiente mensaje: "Buque incapaz de gobernar. Lucharemos hasta la última granada. Larga vida al Führer."

Amanecía el 27 de mayo de 1941 y a bordo del Bismarck la situación era tensa, se esperaba el ataque de los británicos en cualquier momento, y sobre las 9 menos cuarto de la mañana se colocaban en zona de tiro de los acorazados británicos. El acorazado Rodney fue el primero en abrir fuego, y poco después los hizo el King George V. Por su parte, los alemanes respondieron centrando su fuerza de artillería sobre el Rodney, mientras que el Norfolk se unía al combate. Pocos minutos después de las 9 de la mañana, el Bismarck recibió el impacto de varios proyectiles que alcanzaron el castillo, el mástil torre e inutilizaron la zona de dirección de tiro, lo que le dejó gravemente herido, pero no se rindió, siguió plantando cara en este desigual combate, un combate se convierte en una total cacería cuando el crucero pesado británico Dorsetshire se une a la contienda.

Eran un blanco fácil de los británicos que concentran su fuego en la artillería principal alemana, que rápidamente quedó fuera de combate, y les obligó a mantener una todavía más desigual lucha usando únicamente su artillería secundaria, que no obstante también quedó silenciada por la cortina de fuego a la que estaba siendo sometida.

A bordo reinaba el caos debido a que la zona de mando había quedado incomunicada del resto del barco, por lo que el segundo comandante, el Capitán de fragata Hans Oels, asumió el mando y dio la orden de hundir y abandonar el buque. Mientras, el acorazado Rodney se acercaba cada vez mas y continuaba disparando sus cañones de 406 mm haciendo blanco de manera continua, además lanzó dos torpedos que a menos de 3 kilómetros y con un blanco prácticamente inmóvil no fallaron. Minutos después de las 10, el Norfolk lanzaba cuatro torpedos más, y la destrucción del Bismarck era total pero, para asombro de los británicos, el acorazado alemán seguía a flote

A las 10 y veinte de la mañana, el Dorsetshire lanzó dos torpedos más, e hicieron blanco, pero el Bismarck seguía en pie, por lo que en vez de esperar a que se hundiese solo, se dio orden de lanzar otro torpedo poco después de las 10 y media. Este torpedo también hizo blanco y el Bismarck se fue escorando a babor poco a poco mientras se hundía de popa.

Finalmente, el Bismarck se hundió a las 10:39 en posición 48 grados 10 minutos norte y 16 grados 12 minutos oeste.

Bismarck
Pecio del Bismarck
Acompáñanos en este viaje por el tiempo para conocer a este titan de los mares

viernes, 20 de mayo de 2016

Blas de Lezo

La Historia de nuestro país está fuertemente ligada al mar y a los hombres que, con mano firme y gran astucia, gobernaron las naves que, línea a línea, han ido aumentando y dando gloria a las páginas de los libros de nuestra historia.

En una entrada anterior ya narramos las glorias de Álvaro de Bazán, el que, al menos para nosotros, es el mejor marino de la Historia de España, aquel del que se dijo que jamás conoció la derrota y que peleó como caballero, escribió como docto, vivió como héroe y murió como santo. Y esta semana queremos repasar la biografía de otro ilustre marino, una biografía que hoy día se ve ensombrecida por el uso, que se hace de este hombre y su obra, por ciertos sectores políticos. Luces o sombras, según sea la mentalidad de cada uno, que no deben impedir que veamos la grandeza de la obra del hombre que hoy tenemos por invitado,Blas de Lezo y Olavarrieta.

Blas de Lezo
Retrato de Blas de Lezo del Museo Naval de Madrid
SITUACIÓN SOCIAL PREVIA


La Historia de España vivía tiempos convulsos, unos conflictos que se vieron acrecentados con la muerte, el 1 de noviembre de 1700, del Rey de España Carlos II “El Hechizado”, sin dejar descendencia, por lo que se abría en el país un problema sucesorio que derivaría en la llamada Guerra de la Sucesión Española. Pero viajemos unos años antes en el tiempo.

Luis XIV de Francia y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico reclamaban sus derechos al trono español. Cada uno alegaba tener derechos sanguíneos, puesto que ambos eran nietos de Felipe III. 

Ante esta situación se buscaron terceras vías, y tanto Inglaterra como los Países Bajos encontraron al candidato perfecto, José Fernando de Baviera, bisnieto de Felipe IV y sobrino nieto de Carlos II. Esta opción fue aceptada por todas las partes, llegando incluso en propio Carlos II a nombrarle heredero. Aunque a espaldas de Carlos II, se firmó en La Haya en 1698 el llamado Primer Tratado de Partición, en el que Francia recibía como recompensa a su renuncia a los derechos españoles el Reinado de Nápoles, Sicilia y Guipúzcoa.

Carlos II
Retrato de Carlos II por Miranda. Ayuntamiento de Sevilla
De manera repentina fallecía José Fernando de Baviera el 6 de Febrero de 1699. Debido a la delicada salud de Carlos II, se llegó en 1700 al llamado Segundo Tratado de Partición, pacto en el que se establecía como heredero al Archiduque Carlos de Austria y, como compensación por la renuncia al trono español Francia recibiría el Reinado de Nápoles, Sicilia, Guipúzcoa y el Milanesado. Este acuerdo no fue aceptado por el monarca, toda esta situación tenía su reflejo en la propia Corte Española en la que había dos facciones:

- los austracistas, entre los que se encontraban la propia Reina, el Almirante de Castilla y el conde de Oropesa que pedían el trono para el Archiduque Carlos.

- los bávaros, encabezados por el Cardenal Luis Fernández de Portocarrero que pedían el trono para Jose Fernando de Baviera.

Con la muerte de José Fernando, los bávaros tuvieron que buscar otro candidato, por lo que las tornas de volvieron hacia Felipe de Anjou. A través de sobornos intentaron que el círculo que rodeaba al actual monarca le persuadiese de que Felipe era la mejor opción, y un mes antes de la muerte de Carlos II consiguieron que testara a su favor.

Felipe V
Retrato de Felipe V por Jean Ranc. Museo del Prado
Una vez fallecido Carlos II, Felipe de Anjou llegó a Madrid el 17 de febrero de 1701, y fue ungido Rey en Toledo por el cardenal Portocarrero y proclamado como tal por las Cortes de Castilla en el Real Monasterio de San Jerónimo. La primera medida política que tomó fue la creación del Consejo de Despacho, al que se le unió un embajador francés impuesto por Luis XIV (autentico director de la política española en ese momento) y, entre las primeras medidas que se tomaron estaban las que favorecían al Comercio francés en el Imperio Americano Español. 

Estas medidas confirmaron el temor de Inglaterra y las Provincias Unidas, de que Francia pretendía adueñarse del comercio español con América, por lo que firmaron una alianza para realizar operaciones conjuntas contra Francia, promoviendo la formación de una gran coalición antiborbónica, a la que se unieron Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos, el Sacro Imperio, Prusia, la mayor parte de los estados alemanes, Portugal y Saboya y mostraron su apoyo a las aspiraciones del segundo hijo del Emperador Leopoldo I al trono español. De esta manera estallaba la Guerra de Sucesión Española.

BIOGRAFÍA BLAS DE LEZO

El cuarto hijo de los diez que tendrían Pedro de Lezo y Agustina Olavarrieta nació el 3 de febrero de 1689 en la población guipuzcoana de Pasajes; por ambas ramas familiares podemos encontrar ilustres marinos.

Su sus padres decidieron enviarle a estudiar a Francia, para intentar alejarle de la convulsa situación política que se vivía en esos momentos en España, pero sin éxito ya que la salitre del mar que corría por sus venas le tiraba más que los libros.

Con tan solo 12 años, abandonó el colegio francés y se enroló en la armada francesa como guardiamarina. El bautismo de fuego de nuestro invitado fue el 24 de agosto de 1704, que con tan solo 17 años luchó a bordo del Foudroyant, que formaba parte de las 96 naves de guerra franco-españolas al mando del Conde de Toulouse que se enfrentaron contra la flota anglo-holandesa, comandada por el Almirante Rooke y compuesta por 59 naves de guerra. En esta batalla de Málaga, el joven Blas de Lezo que luchó con gran arrojo y fue retirado de la batalla cuando una bala de cañón inglés le destrozó la pierna izquierda, que le fue amputada por debajo de la rodilla sin anestesia.

Batalla de Málaga
Batalla de Málaga
Debido al valor con el que combatió, fue ascendido a alférez. Además, como tullido de guerra se le ofreció un puesto como asistente en la Cámara de Felipe V.  Pero su ardor guerrero le hizo rechazar ese puesto, y tras restablecerse de sus heridas prestó servicios como alférez en diferentes buques, y tomó parte en las operaciones de socorro de Peñíscola y Palermo, así como en el ataque al navío inglés Resolution, que terminó con el hundimiento de éste y el apresamiento de dos navíos enemigos, en los que demostró una gran valentía y como premio se le concedió llevar a estos barcos cautivos a su localidad natal, Pasajes.

Su fama de intrépido fue en aumento, y en 1706 sus superiores ven en él la solución para abastecer a los sitiados de Barcelona, para lo que le ponen al mando de una pequeña flotilla. Aunque la superioridad inglesa era aplastante, nuestro invitado hizo gala de una brillantez e inteligencia impresionantes, creando una nube de humo con fardos de paja húmeda que dejaron flotando en el mar y, que al prenderse fuego provocaron la densa nube de humo que dejaba actuar de manera oculta a los barcos de abastecimiento. Además ordenó a sus hombres que cargasen sus cañones con unos casquetes de armazón delgada con material incendiario para que, al ser disparados, prendiesen fuego a los buques británicos. Por lo que los ingleses tuvieron que ver impotentes como la ciudad de Barcelona recibía abastecimiento de manera continua y sus barcos se incendiaban con el primer disparo de un buque español.

Fue ascendido entonces a Teniente de navío. En esta etapa perdió el ojo izquierdo al darle una esquirla que salió disparada tras el impacto de un cañonazo mientras defendía la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, en la Costa Azul francesa, contra el ataque del príncipe Eugenio de Saboya. 

Tras recuperarse de esto, su destino fue la defensa del puerto Rochefort, situado a orillas del Cantábrico. Aquí fue nombrado Teniente de Guardacostas. En este nuevo destino, como en todos a los que era mandado, demostró una gran valentía y arrojo, comandando la fragata “Valour” con la que consiguió doblegar a una decena de barcos ingleses que como mínimo portaban veinte piezas de artillería. Uno de estos enfrentamientos ha pasado a la historia, y es el que mantuvo contra el británico John Combs que capitaneaba el Stanhope, una formidable nave que tenía 70 cañones de diferentes calibres con las que atacar a sus enemigos.

Blas de Lezo y sus hombres fueron capaces de mantener un cañoneo mutuo mientras llevaban a cabo una serie de maniobras para alcanzar la distancia que les permitiese abordar al barco enemigo. Cuando los ingleses vieron volar los garfios en su dirección el pánico en cubierta corrió como la pólvora, ya que a pesar de ser superiores numéricamente, no sabían resolver este tipo de situaciones.

Por esta brava acción recibió un nuevo ascenso, siendo nombrado Capitán de Fragata.

La captura del Stanhope
La captura del Stanhope de autor anónimo. Museo Naval de Madrid
Dos años después, deja de servir bajo bandera francesa y pasa a estar bajo el mando del Almirante español Andrés Matías de Pes Marzaraga. El Almirante, conocedor de la fama de nuestro invitado, expuso a sus superiores la necesidad y los beneficios de dotarle de más mando. Unas recomendaciones que dieron sus frutos, ya que en menos de un año era nombrado Capitán de Navío.

De esta manera llegó el 11 septiembre de 1714, una fecha en la vida de nuestro invitado por la que muchas personas han querido borrarle de la historia, es decir, el segundo asedio a Barcelona. Tras el fracaso de los ingleses en 1704, el Virrey de Cataluña llevó a cabo una fuerte represión contra todos aquellos que apoyaban la causa austracista en Cataluña. En marzo de 1705, la Reina de Inglaterra dio instrucciones para que se negociara con algún representante de las instituciones catalanas, unas negociaciones que terminaron en el llamado Pacto de Génova que establecía una alianza política y militar entre el Reino de Inglaterra y el grupo de vigatans, es decir los austracistas catalanes, en representación del Principado de Cataluña. Por este acuerdo, las tropas inglesas que desembarcaran en Cataluña, lucharían contra los ejércitos de Felipe V.

El Archiduque Carlos desembarcará en Barcelona junto a 17.000 hombres a los que rápidamente se suman los austracistas barceloneses, y finalmente, el 9 de octubre Barcelona capitulaba. La reacción de Felipe V no se hizo esperar, y mandó a un ejército de 18.000 hombres para retomar la Ciudad Condal, pero la llegada a Barcelona de una flota angloholandesa de 10.000 hombres para apoyar a los resistentes hizo que los hombres enviados por Felipe V tuviesen que retirarse y que estas tropas recién llegadas, mas los austracistas catalanes y los hombres del Archiduque Carlos fuesen avanzando por la península a gran velocidad.

El 25 de abril de 1707 se produjo la Batalla de Almansa que se saldó con la victoria de las tropas de Felipe V, que en un rápido avance tomaron Valencia, Alcoy, Denia, Zaragoza, Lérida y en uno de los episodios más deplorables de la Guerra de Sucesión española se produjo la toma e incendio de Xátiva por las tropas felipistas.

Tras este fugaz avance, Felipe V decide aprobar, a modo de castigo, el llamado Decreto de Nueva Planta con el que se ponen fin a los Fueros valencianos y aragoneses.

Decreto de Nueva Planta
Decreto de Nueva Planta para Cataluña de 1716
Cataluña quedaba prácticamente sola en su lucha contra Felipe V. No obstante, en 1710 el ejército del Archiduque Carlos marchó con su ejército para ocupar Madrid, por el camino retomó Zaragoza, cumpliendo su promesa de restablecer los fueros aragoneses, y finalmente toma Madrid con cierta facilidad, ya que Felipe V había marchado con toda la Corte con destino Valladolid, aunque el Archiduque Carlos sólo conserva la capital un mes, y en su retirada hacia Cataluña se produce la Batalla de Brihuega, que se salda con victoria de Felipe V y le abre las puertas para recuperar Zaragoza, que cae con relativa facilidad y ve perder nuevamente sus fueros.

La guerra de sucesión española estaba tocando a su fin, y comenzaron a llevarse a cabo las primeras negociaciones de paz. Inglaterra planteó a Felipe V la situación de la “cuestión catalana” relativa a sus fueros, pero Felipe V negó la aceptación de tales fueros y afirmó que serían derogados, aunque si prometió una amnistía a todos los sublevados. Austria por su parte firmó acuerdos con el resto de países para retirar de forma segura sus tropas de Cataluña.

Los catalanes se habían quedados solos, y las instituciones, que plantearon llevar a cabo una resistencia al estilo numantino, no aceptaron entregarse a Felipe V, quien decidió tomar a fuego y sangre la Ciudad Condal.

El poder militar para tomar la ciudad recayó en el Duque de Pópoli que ideó un plan para tomar Monjuic y desde allí realizar un bombardeo sobre la ciudad hasta provocar su rendición, pero tras varios intentos, en mayo de 1714, cambió de estrategia y ordenó la conquista del Convento de los Capuchinos situado en el campo delante de Barcelona.

Una vez tomada esta posición, instaló una batería de morteros desde la que ordenó bombardear indiscriminadamente Barcelona día y noche durante todo el mes, con la esperanza de forzar la rendición de la ciudad. No obstante, tras 11 meses de bombardeo sin conseguir rendir la ciudad, fue sustituido por el Duque de Berwick, James Fitz-James.

En julio de 1714, el Duque de Berwick al mando de 20.000 hombres llegó a Barcelona, y entre el 12 y el 13 de agosto, su artillería bombardeó la muralla norte y tras abrir dos brechas, las tropas borbónicas se lanzaron al asalto, pero fueron repelidas por los defensores. Berwick propuso a los barceloneses una propuesta de capitulación, y las autoridades barcelonesas afirmaron que que solo se rendirían si se conservaban sus fueros, condición que Berwick rechazó y recrudeció los ataques.

Y ahora si, llegamos al 11 de septiembre de 1714. Ese día, se ideó un bombardeo masivo contra la Ciudad Condal por tierra y mar. Mientras que Berwick abría fuego desde el convento de los Capuchinos, desde el mar la flota borbónica disparaba todos sus cañones.

Blas de Lezo fue puesto al mando del navío Campanella, y desde su cubierta dio orden de abrir fuego con todas sus piezas de artillería contra la ciudad. No obstante, y sin poder refrenar su ímpetu guerrero ordenó que su navío se acercarse a la ciudad para hacer más efectivos sus disparos y, tanto se acercó, que recibió un disparo de mosquete en el antebrazo derecho, una herida que le hizo perder la movilidad del mismo. Así, y con sólo 25 años quedaba tuerto, manco y cojo.

En tierra firme, Berwick dio un ultimátum a la ciudad, les daba seis horas para rendirse o «pasaría a todos a cuchillo». Pocas horas después se iniciaron las negociaciones de paz, y finalmente Barcelona se rendía el 12 de septiembre.

Barcelona 11 de septiembre 1714
Asalto a Barcelona el 11 de septiembre de1714
Nuevamente nuestro invitado debía pasar por el hospital para recuperarse de la herida recibida en Barcelona y por la que perdería para siempre la movilidad de su brazo derecho.

Una vez finalizada la Guerra de Sucesión española y acabada la resistencia catalana, se le confió el mando del Lanfranco, un navío que había pertenecido anteriormente a la Armada británica, y se incorporó a la escuadra del General Chacón, destinada a auxiliar a los galeones perdidos en el canal de Bahamas. No obstante, el Lanfranco estaba en muy mal estado, prácticamente era una ruina, por lo que a su regreso a Cádiz fue retirado del servicio.

En esta ciudad permaneció nuestro invitado hasta el año 1720 cuando le fue entregado el mando de un nuevo navío que recibió nuevamente el nombre de Lanfranco y fue armado con 62 cañones de diferentes calibres.

La orden que recibió le mandaba ponerse bajo el mando de Bartolomé de Urdizu que dirigía una escuadra hispano-francesa que tenía como misión limpiar la zona de los Mares del Sur de corsarios, piratas y buques extranjeros que, haciendo un comercio ilícito, perjudicaban gravemente a la hacienda española.

Después de siete años en este servicio, recayó, al fin, en Lezo el mando de esas fuerzas navales del mar del Sur, ya que el 16 de febrero de 1723 fue nombrado General de la Armada. Con este nuevo mando logra capturar seis navíos de guerra, siendo tres de ellos agregados a la Armada Real Española, y permaneció en los mares del Sur hasta el año 1730, en que fue llamado a España por orden del Rey.

El 18 de julio de 1730 Blas de Lezo regresó a Cadiz donde recibió el mando de la escuadra naval del Mediterráneo. Además en reconocimiento por su labor, el 28 de noviembre de 1731 el Rey Felipe V concede al el mando de la nave capitana Real Familia en la que lucirá como distintivo la bandera morada con el escudo de armas de Felipe V, la Orden del Espíritu Santo y la Orden del Toisón de Oro alrededor y cuatro anclas en sus extremos.

Bandera Blas de Lezo
Bandera otorgada por Felipe V a Blas de Lezo
En diciembre de ese mismo año, se le ordena asistir al infante Don Carlos en las dificultades que pudieran surgirle en su toma de posesión de los estados de Italia, existiendo cartas firmadas por el Conde de Santi-Esteban, en que por orden de Su Alteza Real, se expresa la satisfacción que causaron los buenos servicios que nuestro invitado prestó. Durante esta misión, llevó a cabo una curiosa tarea, el cobro de dos millones de pesos de oro españoles retenidos por el Banco de San Jorge de Génova.

Lezo se personó en Génova con seis navíos y exigió el pago de los dos millones de pesos retenidos, además de un homenaje a la bandera real de España. Los mandatarios genoveses se mostraron reticentes, y él sacó un reloj y lo puso ante comisionados de la ciudad, acto seguido les indicó que si en 24 horas no se aceptaban sus peticiones, mandaría abrir fuego contra la ciudad. Los genoveses conscientes de la fama que rodeaba a Blas de Lezo se plegaron ante sus peticiones y los dos millones devueltos fueron divididos, por orden del rey, en dos partes: medio millón para el infante Don Carlos y el resto fueron enviados a Alicante para sufragar los gastos de la expedición que se preparaba para la conquista de Orán.

El 15 de junio de 1732 a bordo del navío Santiago zarpa desde Alicante, dentro de la flota compuesta por once barcos de guerra, siete galeras y 535 embarcaciones de transporte, bajo el mando del Conde de Montemar con la misión de tomar Orán. El desembarco español se realizó en la cala de Mazalquivir, protegido por el fuego de los buques; y ante el avance español, Bey Hacen, líder pirata de Orán, abandonó la ciudad que cayó con facilidad en manos españolas. Una vez ocupada y convenientemente guarnecida, nuestro invitado regresó a Alicante escoltando 120 embarcaciones de transporte.

No obstante, los berberiscos alarmados con la toma de Orán, formaron una alianza que tenía como fin la recuperación de este enclave, y lanzaron un ataque por tierra y mar. Ante esta situación, el Rey ordenó a Lezo partir hacia Orán para acabar con ellos. Aceptando la orden real zarpó desde Cádiz con dos navíos, el Princesa y el Familia Real, y ya en el mar recibió el apoyo de otros cinco navíos más.Con estas fuerzas, consiguió romper el cerco berberisco sobre Orán e introducir refuerzos en su interior. Pero una idea inundaba su mente, debía aniquilar a la nave capitana de Argel.

Con esa idea como decimos se hizo a la mar, y rápidamente observó su objetivo y ordenó abrir fuego. No obstante, los argelinos huyeron desplegando todas sus velas con destino Mostagán. Y él por su parte dio orden a sus hombres de perseguirles. Los berberiscos consiguieron llegar a la ensenada de Mostagán, y creyeron que estaban a salvo, ya que la zona estaba protegida por dos castillos a la entrada y por una fuerza de más de cuatro mil hombres pero no sabían que eso a Blas de Lezo no le intimidaba.

Cuando quisieron darse cuenta los españoles entraban tras ellos en la ensenada. El terror se apoderó de los berberiscos y las voces de alarma empezaron a inundar el aíre. Desde los castillos se comenzó a abrir fuego contra los españoles, pero nuestro invitado dio orden de echar al agua sus lanchas armadas que terminaron por prender fuego a la capitana de Argel, y tras ello se retiraron hacia Alicante.

Si los berberiscos estaban asustados por la toma de Orán, esta acción hizo cundir el pánico de tal manera que les hizo pedir socorro al Imperio Otomano. Lezo al tener conocimiento de esta petición de auxilio, ordenó reparar rápidamente sus naves y se hizo nuevamente a la mar. La estancia en el mar duró casi dos meses, pero las prisas que habían tenido en salir de puerto comenzaron a jugarles malas pasadas. Los alimentos que habían subido a bordo no habían sido bien revisados y una epidemia se apoderó de los marinos.

Ante esta situación, dio orden de regresar a Cádiz, realizando antes una parada en Cerdeña para repostar nuevos víveres con los que llegar a España. Al igual que sus marineros, Blas de Lezo también cayó enfermo de gravedad, pero esta gravedad no le imposibilitó estar al mando cuando sus naves entraron en el puerto gaditano. El Rey, como recompensa a su valor y a su ejemplo al mando, le ascendió Teniente General de la Armada el día 6 de junio de 1734.

Con este nuevo cargo desempeñó la Comandancia General del Departamento de Cádiz. Pero en 1735 recibió una orden que, si como buen militar acató, no le provocaba ninguna alegría. Debía abandonar el mar y marchar a Madrid, y si este fuese poco castigo para un curtido marino, el Rey le pedía que permaneciese junto a él en la Corte. Como hemos dicho, el carácter castrense le impedía rechazar esa orden, pero en poco tiempo hizo saber al Rey que su puesto no estaba en la Corte, que "la fealdad de sus heridas de guerra chocaba demasiado con el lujo de palacio y podría llegar a incomodar a sus ilustres invitados". El Rey, que sabía que no podía ni debía retener a Blas de Lezo durante más tiempo, le dio el permiso necesario para regresar a Cádiz, y pocos meses después le nombraba Comandante General de una flota de ocho galeones y dos registros, que escoltados por los navíos Conquistador y Fuerte debían marchar hacia Cartagena de Indias.

Cartagena de Indias
Fortaleza de Cartagena de Indias y la estatua dedicada a Blas de Lezo
Esta ciudad era de vital importancia para España, ya que era el enclave por el que pasaban todas las mercancías que circulaban entre la Península y las Indias españolas, y este comercio era atacado de manera constante por piratas y corsarios a sueldo de coronas europeas, principalmente la inglesa, que de esta manera querían debilitar la posición española.

La ciudad había sido fortificada en numerosas ocasiones en el pasado pero, a pesar de ello, nada más tomar contacto con la ciudad, realizó un informe en que alertaba del lamentable estado de la defensa de la ciudad. Ante esta situación, organizó el abastecimiento de Cartagena de Indias y la fortificación de su bahía, cegando para ello el canal de Bocagrande, creando de esta manera una escollera que obligaría a los atacantes a pasar obligatoriamente por los fuertes existentes en Bocachica.

Finalmente, y tal como todo el mundo preveía, en 1739 Inglaterra declaraba la guerra a España, una guerra que se conoce como la Guerra de la Oreja de Jenkins. Este curioso nombre se debe al que es considerado detonante de la guerra, una oreja.

En 1731, la Isabela, un barco guardacostas español, apresó al Rebecca, un navío contrabandista británico capitaneado por Robert Jenkins, era una detención más, ya que este tipo de acciones eran comunes, pero este caso tuvo tanta importancia que terminó siendo debatido en la Cámara de los Comunes de Londres. ¿Qué pasó?

Bien, como he dicho el asunto llegó hasta Londres y se abrió una investigación, y según contó el británico ante la Cámara de los Comunes en 1738, el capitán español, Juan León Fandiño, le perdonó la vida pero a cambio le cortó una oreja al tiempo que le decía «Ve y di a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve». En su comparecencia, el británico mostró su oreja cercenada en el interior de un frasco.

La Cámara de los Comunes lo vio claro, la frase de Juan León Fandiño era un insulto al Rey de Inglaterra y aquello significaba la guerra. Finalmente, y a pesar de no estar de acuerdo con ello, el Primer Ministro Walpole declaraba la guerra a España.

Como podemos observar, tanto las pruebas como el testimonio dejan bastante que desear para poder declarar la guerra a otro país, pero existía en el parlamento británico una fuerte corriente belicista previa contra España y una fuerte oposición al Primer Ministro Walpole, por lo que se puede considerar que todo fue un montaje que sirvió para añadir gasolina al fuego.

En noviembre de 1739, declarada ya la guerra entre Inglaterra y España, Blas de Lezo tuvo conocimiento, gracias a la red de espías de la corona española, de que en Jamaica los ingleses estaban preparando una importante expedición con fuerzas de desembarco, que llegaban de Europa, al mando de Edward Vernon, el Almirante británico enemigo acérrimo de nuestro invitado.

Edward Vernon
El Almirante Edward Vernon
Pocos meses después, el Almirante británico se presentó ante Cartagena de Indias con ocho navíos mayores, dos brulotes, dos bombardas y un paquebote, que tras bloquear Bocachica comenzaron un bombardeo. No obstante, los ingleses no contaban con la astucia de nuestro invitado, que, al ser consciente de la escasa artillería que tenía para defenderse, había ordenado desmontar de sus barcos los cañones de 18 libras y los había colocado en los fuertes, dando de esta manera más potencia y sobre todo más alcance a la artillería defensiva. Los ingleses llevaban a cabo su ataque y poco a poco se iban acercando más a tierra firme, cuando de golpe, comenzaron a recibir impactos de artillería desde las defensas españolas y se vieron metidos dentro de un peligroso fuego cruzado. Ante la amenaza que suponía seguir en esas posiciones, Edward Vernon dio orden a sus barcos de regresar a Jamaica.

Un año exacto duró la tranquilidad en Cartagena de Indias, ya que el 13 de marzo de 1741 saltaban todas las alarmas, los ingleses se dirigían hacia allí con 8 navíos de tres puentes armados con entre 80 y 90 cañones; 28 navíos de dos puentes armados con entre 50 y 70 cañones; 12 fragatas de 40 cañones; 2 bombardas y 130 barcos de transporte cargados con 23600 hombres, quedaban claras las ideas que tenían los británicos, querían tomar Cartagena por todos los medios.

Vernon ataque
Ataque inglés a Cartagena de Indias
Ante semejante fuerza de ataque, Blas de Lezo solamente disponía de 6 navíos: el Galicia, su nave capitana, armada con 70 cañones; el San Felipe de 64 cañones; el San Carlos de 70 cañones, el África con igual número de cañones; el Dragón de 64 cañones y el Conquistador con 64 cañones también. Además contaba con 320 cañones de diferente calibre situados en los fuertes; 310 cañones en la zona amurallada de la ciudad; y con 2830 hombres.

El Almirante británico intentó entrar en la ciudad, pero vio que era inaccesible desde su frente marítimo, por lo que tras bombardearla puso rumbo Bocachica, y nada más llegar ordenó abrir fuego contra los fuertes y las baterías de artillería situadas en la entrada de su bahía. Blas de Lezo, consciente de su inferioridad numérica, había mandado colocar navíos en la entrada de la bahía para apoyar el fuego de las fortificaciones, mientras que en estas ordenó colocar rampas bajo los cañones, que de esta manera veían aumentada su distancia de fuego y disminuir su tiempo de recarga. De manera defensiva ordenó que los merlones, los lugares por donde asoman los cañones, que eran de piedra y ladrillo fueran reconstruidos con sacos terreros apilados, ya que de esta manera se absorbía el impacto de los disparos.

Además, dio orden de escoger los objetivos de los disparos de manera minuciosa, se debían inutilizar los barcos enemigos de manera rápida. Había que disparar poco, pero de manera efectiva.

Mientras esto sucedía en Bocachica, al oeste en La Boquilla, los ingleses habían conseguido desembarcar a sus hombres y acabar con las tres baterías españolas de la zona, no sin antes sufrir graves daños en los navíos Norfolk, Russell y Shrewbury. Nuestro invitado montó en cólera cuando recibió estas noticias, ya que el Virrey le había impedido reforzar aquellas posiciones y ahora el enemigo estaba a punto de acceder. Ante esta situación, pidió en numerosas ocasiones realizar salidas para impedir que el enemigo asentase sus posiciones y construyera una batería de artillería, pero el Virrey le negó ese permiso, y cuando lo hizo fue demasiado tarde ya que el día 2 de abril los ingleses ya habían instalado 20 cañones de 24 libras y 40 morteros e inmediatamente abrieron fuego.

Sólo tres días después, las tropas inglesas lanzaron con éxito un asalto combinado por tierra y mar contra el fuerte de San Luis de Bocachica, los barcos españoles San Carlos, África y San Felipe resultaron hundidos, y las tropas españolas se retiraron hacia la ciudad. Se rompía así la primera línea defensiva española. 

A la vista de la difícil situación que los españoles tenían frente a ellos el Virrey, en contra de las ideas de Blas de Lezo, ordenó el hundimiento del Dragón y del Conquistador para bloquear el acceso a la bahía, unos hundimientos que no se realizaron de la manera correcta y que permitieron a los ingleses hacerse con el Conquistador y por tanto, además tener acceso a la bahía.

Lezo ya no ocultaba sus desencuentros con el Virrey, y viendo que este no entraba en razón, pidió ser relevado de su puesto de mando, dimisión que el Virrey aceptó. Aunque esta dimisión de su cargo no evitó que continuase combatiendo para evitar el desembarco inglés en la zona del cerro de la Popa. Finalmente, el 17 de abril este punto estratégico ya que desde allí se podía bombardear el Castillo de San Felipe de Barajas, caía en manos de los ingleses. Como vemos el Virrey no supo dar una orden de manera correcta y gran parte del desastre recaía sobre sus espaldas.

Sebastián Eslava
Retrato del Virrey Sebastián Eslava
La victoria inglesa parecía inminente ante el continuo desastre español. El Virrey, viendo que debía contar con Blas de Lezo si quería tener una mínima baza de victoria, le repuso en el mando, y éste ordenó acabar con todos los árboles y maleza de los alrededores del castillo para evitar que los ingleses pudiesen usarlos como cobertura; y además ordenó construir un foso de dos metros de profundidad alrededor del fuerte que conectara con una trinchera zigzageante situada a lo largo de la ladera del lado Sur, con la que mejorar las defensas, situando en ellas al grueso de las tropas españolas.

Con las primeras horas del 20 de abril de 1741 comenzó el asalto final inglés al castillo de San Felipe. Las tropas inglesas que avanzaban por el Este se vieron de golpe bajo el fuego del castillo sin tener otra opción que intentar el asalto, pero cuando llegaron a la muralla con las escalas se quedaron perplejos, las escalas se quedaban cortas, exactamente dos metros, los mismos que tenía el foso que había mandado construir Lezo. Con el asombro aun en el cuerpo y sin saber cómo actuar, los asaltantes ingleses cayeron bajo el fuego de las defensas españolas.

Mientras, las tropas británicas del lado Sur avanzaban hacia el castillo sin saber lo que estaba ocurriendo, y que ahora, el destino de la batalla dependía de ellos.

San Felipe de Barajas
Fortaleza de San Felipe de Barajas
Las defensas españolas esperaron a que los ingleses estuviesen cerca y de golpe abrieron fuego de fusiles contra ellos. Los ingleses no esperaban tal recibimiento y ven que no están consiguiendo avanzar. La matanza continua hasta que, cosas de las guerras de antes, desde el bando español se da el toque de oración, un alto el fuego que los ingleses respetan y aprovechan para retirar a sus heridos del campo de batalla. Tras este parón se reanuda la contienda y los británicos comienzan el asalto con bayoneta, el combate es encarnizado, y los soldados españoles comienzan a retroceder debido al empuje y la superioridad inglesa.

Blas de Lezo, consciente de que poco más puede pedir a esos hombres, decide jugárselo todo a una baza ordenando a los 300 marinos que manejaban la artillería del castillo que abandonen sus puestos y salgan a la carga contra los ingleses. Los marineros españoles se lanzaron como una horda de locos contra los ingleses, que se vieron desbordados por un ataque a la desesperada y comenzaron una retirada cuesta abajo.

La huida y el terror se contagiaron en el bando inglés que se retiraron en desbandada.

El terror no solo hacía estragos entre los soldados británicos, las enfermedades tropicales, tales como el paludismo o la fiebre amarilla  y  comienzan a entender que no tienen nada que hacer en Cartagena de Indias, finalmente el 20 de mayo los ingleses levan anclas con destino Jamaica.

Si hay un elemento común a los grandes militares que hemos tratado, sin que importe la época en la que vivieron es que al final de sus días son víctimas de sus propios conciudadanos. Lo vimos con Aníbal Barca, con Públio Cornelio Escipión y hasta con el insigne Don Álvaro de Bazán que en el final de sus días perdió el apoyo del Rey, y en el caso de Don Blas de Lezo no podía ser de otra manera.

Como hemos visto, durante el combate por la defensa del Castillo de San Felipe de Barajas surgieron fuertes desavenencias entre el Virrey, Sebastián Eslava, y Blas de Lezo. Los políticos tampoco han cambiado mucho a lo largo de los siglos, y lejos de asumir sus errores prefieren buscar eso que se llama chivo expiatorio y si además pueden inculpar al que les ha dejado en evidencia, mucho mejor. Por tanto ¿Qué pudo hacer el Virrey? Si, atacar a Blas de Lezo, escribiendo al Rey acusando de indisciplina al marino vasco, llegando incluso a rozar la cobardía.

Nuestro invitado intentó defenderse de tales acusaciones, llegando a mandar su diario al monarca, pero aquel Rey que le había ensalzado como un héroe ahora era víctima de enfermedades mentales y había creído a pies juntillas la información que el Virrey había enviado a España.

Poco importaba ya, Blas de Lezo estaba enfermo y agotado, tanto que el 7 de septiembre de 1741 fallecía en Cartagena de Indias sin que se le pudiese dar la sepultura merecida, debido a las penurias económicas a las que se vio obligado a vivir por culpa del Virrey, Sebastián Eslava.

Acompáñanos por la apasionante biografía de este insigne marino y descubre al personaje real.

viernes, 13 de mayo de 2016

Sociedades Secretas Vol.2

Esta semana volvemos a bucear en las oscuras aguas de las sociedades secretas, esas asociaciones que suelen despertar nuestra curiosidad puesto que están rodeadas de historias misteriosas y a veces, como mínimo, peculiares.

La primera parada en este viaje la hacemos en París en el año 1956, cuando en la Biblioteca Nacional de París comienzan a aparecer recortes de prensa y documentos que hablaban de la Dinastía Merovingia, aquella que había gobernado en Francia entre los s. V y VIII y que decían ser descendientes de la unión de Jesús de Nazaret y María Magdalena y, una misteriosa Sociedad Secreta llamada Priorato de Sion.



Priorato de Sion
Priorato de Sion
Paralelamente, en la ciudad francesa de Annemase una Sociedad se registraba para convertirse en legal en la comisaría de St Julien-en-Genevois con el mismo nombre. Según el francés Pierre Plantard, que ostentaba el cargo de Gran Maestre desde 1963, esta Sociedad Secreta se remontaba al medievo y su misión principal era la de proteger a los descendientes de la dinastía merovingia para conseguir instaurar una monarquía en la República Francesa.

Pierre Plantard
Pierre Plantard

Este hombre, Pierre Plantard, aparecía en los documentos del Priorato como descendiente directo de los merovingios y, como veremos a lo largo del programa, se terminó descubriendo toda la trama inventada que rodeaba esta Sociedad.

En la década de los 70, la gran curiosidad que había despertado el Priorato de Sion, llevó a Plantard a dejar durante un tiempo el cargo de Gran Maestre, siendo sustituido por un personaje bastante conocido en el país, el famoso empresario Roger-Patrice Pelat. Antes de la muerte de Pelat, en 1989, había sido inculpado junto con otros miembros del partido socialista en un escándalo financiero que incluso salpicaba al presidente Mitterrand, al cuál también se le acusó de formar parte del Priorato.

El caso que fue instruido por el juez Thierry Jean-Pierre, terminó dirigiendo su mira hacia el Priorato de Sion, por lo que el juez Thierry terminó pidiendo una orden de registro de la sede de la Sociedad Secreta, que coincidía con la residencia del Gran Maestre Plantard y, requisó todos los documentos que allí encontró. Tras confirmar la falsedad de estos documentos, Plantard junto al Priorato de Sion fueron sentados en el banquillo en el año 1993.

Cuando el juez le acusó de varios delitos entre los que se encontraba la falsificación de documentos, Plantard acabó confesando que él había inventado todo lo relacionado con esta Sociedad Secreta, con el solo objetivo de su beneficio personal. También confesó que en la tarea de falsificar genealogías y manuscritos le ayudó su amigo Philippe de Chèrisey.

Aunque esta confesión puso fin a la existencia de la Sociedad del Priorato de Sion, sí que hay partes de las historias en las que se sustentaba que eran ciertas. Por ejemplo, el rumor de la supervivencia del linaje merovingio eran ciertos. Históricamente nos situamos en un momento en el que la finalización de la Segunda Guerra Mundial había dejado una población moralmente devastada y, disgustada con la clase política a la que culpaba de no haber parado el nacionalsocialismo, por lo que deseaban recuperar la antigua monarquía francesa; pero no la de los Borbones o la de los Orleans, sino la que ellos consideraban la auténtica heredera de estos derechos, la Merovingia.

También existió la Orden de Sion, de la que decían ser continuadores; esta orden fue creada por Godofredo de Bouillon en el año 1099 en Jerusalén, personaje del que hablamos en el programa que dedicamos a los Templarios. El propósito de esta Orden era el instaurar la dinastía de los merovingios en los tronos de Francia y el resto de Europa.

La segunda parada, la hacemos en el Londres de últimos años del S.XIX. En el año 1887, el Doctor Wynn Westcott, famoso francmasón de Londres, recibía de un colega de profesión un manuscrito, que este había heredado de un amigo que era miembro de una orden inglesa Rosacruz. Westcott, tradujo el manuscrito, y descubrió que en él se revelaban cinco rituales masones y junto a su amigo, Samuel Mathers, modificó los ritos que se indicaban en el manuscrito para constituir los principios de una nueva sociedad ocultista.

Wynn Westcott
Wynn Wesrcott
Entre los datos que había encontrado Westcott, decía que estaban los datos de contacto de una célebre Rosacruz, llamada Anna Sprengel. Tras intercambiar varias correspondencias con ella, informó a las distintas logias masónicas que había recibido la potestad para poner en marcha una rama inglesa. Así nació la Hermetic Order of Golden Dawn o la Hermética Orden de la Aurora Dorada.

Hermetic Order of Golden Dawn
Símbolo de la Hermética Orden de la Aurora Dorada
Según consta en sus bases de creación, esta Orden era la depositaria del saber alquímico, cabalístico, de la invocación de ángeles y dioses, y de la tradición mágica de los Rosacruces. Podemos encontrar algunos personajes célebres que pertenecieron a esta Sociedad Secreta, como por ejemplo Arthur Machen, periodista y autor de relatos de terror fantásticos, que era uno de los autores de referencia de Lovecraft o, el mítico creador de la novela "Drácula", Bram Stoker.

Bram Stoker
Bram Stoker, creador de "Drácula" y miembro de la Golden Dawn
En tercer lugar, viajamos al lejano Oriente para conocer a una de las Sociedades Secretas más antiguas de su cultura, la "Liga Hung" o más conocida "Tríada".


Tríada
Símbolo de la Tríada o Liga Hung

Cuentan las leyendas que durante el reinado del Emperador K’ang Hsi, segundo Emperador de la dinastía Manchú de los Ching, sufrieron una terrible e imparable invasión. En un momento crítico, se mandó un edicto en el cuál se pedían voluntarios para pelear, y este llamamiento llegó a los monjes del templo Shaolin. Varios de los monjes que más dominaban las artes marciales, encabezados por el Gran Maestro del templo, se presentaron a servir ante la Corte Imperial. Aunque fueron aceptados, los militares sentían bastante recelo hacia ellos puesto que parecían dominar las artes marciales de una manera casi sobrenatural.

Llegado el momento de la batalla, el gran maestro repartió órdenes entre los monjes y, tras invocar a los espíritus del Cielo y la Tierra, cayó una terrible lluvia de piedras, agua y arena acompañado todo ello de distintos fenómenos meteorológicos, que confundieron e hicieron retroceder al enemigo, consiguiendo una aplastante victoria cuando los monjes además entraron en acción.

Como muestra de gratitud, el emperador les ofreció una serie de regalos:

- El sello imperial, que tenía forma triangular y con el que concedía a los monjes poderes políticos en el distrito de Foochou, que era al que pertenecía el templo.
- Un anillo de jade
- Y una espada de honor

Con los años, los recelos de la corte hacia ellos aumentaron, y tras la muerte del emperador, su hijo se sintió liberado de las promesas que él les hiciera, por lo que movió sus hilos hasta que una noche, el templo fue asaltado y todos los que allí estaban, asesinados. Cinco de estos monjes consiguieron salvarse, y juraron que dedicarían su vida a vengarse eternamente de la Dinastía Ching, consiguiendo que la Dinastía Ming volvieran a ocupar su puesto de grandeza.

Este se supone que es el origen de las Tríadas, y a lo largo del programa, vamos a ir recorriendo sus momentos de máximo apogeo hasta la actualidad, donde aún siguen operando, viajando entre la realidad y la ficción, ya que es una de las Sociedades Secretas Chinas que más ha excitado nuestra imaginación, apareciendo en numerosas películas y series, donde se les otorgan poderes casi sobrenaturales unidos al Kung Fu. ¿Sabías que se culpa a las Tríadas de la muerte de Bruce Lee?

Bruce Lee
Bruce Lee, estrella de cine de cuya muerte se culpabiliza a las Tríadas

Terminamos este viaje en el corazón de la vieja Europa, en Alemania, cuando a principios del pasado siglo XX un grupo de científicos y pensadores alemanes llevaron a cabo una serie de reuniones en las que se deliberaba el origen de la "raza alemana". Estos pensadores llegaron a la conclusión de que el pueblo alemán tenía un origen en una tierra situada más allá del Norte, aunque surgieron voces que afirmaban que este origen se encontraba en la Atlántida. En lo que si estaban de acuerdo todas las facciones es que estos primeros alemanes eran altos, rubios y atléticos y que tenían dos misiones: terminar con las demás razas  y, por otro, encontrar el Vrill. la energía ancestral con la que los germanos conseguirían ser los dueños del mundo. Con el paso del tiempo estos alemanes se abandonaron a la molicie y terminaron mezclándose con el resto de razas, por lo que fueron expulsados de ese paraíso terrenal. ¿Cómo se llamaba esa Sociedad en la que desarrollaron estas ideas que darían lugar al ideal de supremacía ario? La Sociedad Thule.

Sociedad Thule
Símbolo de la Sociedad Thule
Esta sociedad, fundada por Rudolf Von Sebottendrof, un hombre interesado en la Teosofía, la masonería, la cábala y el sufismo, tenía un organigrama abierto ya que su fin era poder escuchar las ideas aportadas y así aumentar su conocimiento. Para ser aceptado como miembro se debía aportar un certificado en el que se demostrase que el solicitante era ario hasta cuatro generaciones hacia atrás, no tenía ningún tipo de deformidad y que además no sufría enfermedades crónicas.

Se sabe que a esta Sociedad pertenecieron personajes claves en el posterior ascenso del Partido Nazi y del III Reich, tales como Rudolf Hess, posterior Secretario personal de Hitler y Lugarteniente, o Alfred Rosenberg, ideólgo principal del nazismo. Igualmente se sabe que Adolf Hitler estuvo presente en alguna reunión de esta Sociedad Thule, pero no se tienen datos de que perteneciese a la misma.

Entonces ¿Cómo es posible que una Sociedad que nutrió de entre sus miembros a destacados nazis, que aportó su ideal de supremacía ario al Partido Nazi y de la que Hitler utilizó su símbolo, la esvastica, fuese desmantelada por el III Reich y sus libros prohibidos?

Descubre  la solución a estas y otras preguntas en nuestro segundo viaje por la oscuridad de las Sociedades Secretas.