Ruta Por La Historia

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viernes, 22 de abril de 2016

Aníbal vs Publio Cornelio Escipión Parte 1: "El empuje de Cartago”

Esta semana, con la gran aportación de Juan Carlos Moraleda, profesor, abogado y amante de la Historia, os presentamos el primer capítulo de “Aníbal vs Publio Cornelio Escipión” que hemos titulado “El empuje de Cartago”, y para poder entender este conflicto tenemos que viajar hasta el siglo III a C. cuando acababa de finalizar el enfrentamiento entre las dos grandes potencias del Mar Mediterráneo, aquel mar unificador de miles de pueblos de diferentes culturas, estas potencias eran Cartago y Roma, y el enfrentamiento fue la llamada Primera Gran Guerra Púnica.

Las legiones romanas lucharon bien, como era acostumbrado en ellas, los cartagineses se defendían con su tropa mercenaria muy bien pagada, dirigida por grandes generales como Amílcar, aquel que se ganó a fuerza el apelativo de“Barca”, que significaba “rayo, fulgor”. Pero la genialidad de los cartagineses no bastó, y en el año 241 a C., Cartago se veía obligada a firmar la rendición, una rendición que llevaba consigo el pago de indemnizaciones. Un tributo altísimo que empobrecería las arcas de Cartago, que además se veía obligada a abandonar Sicilia.

Amílcar regresó a su Cartago natal, pero los senadores cartagineses, una vez terminada la guerra, se olvidaron de los mercenarios y su sueldo. Esta situación provocó una guerra civil que Roma aprovechó para tomar Cerdeña. Lógicamente Cartago protestó, pero Roma, sabedora de su superioridad en ese momento amenazó con una nueva guerra si no recibía además Córcega. Finalmente, Cartago aceptaba las pretensiones romanas.

Llegados a este punto, Cartago necesitaba recuperar todas las pérdidas sufridas hasta ese momento, y la recuperación pasaba por Iberia, un territorio fértil con grandes minas, y es en este momento cuando el General Amílcar, acompañado por su yerno Asdrúbal y su hijo de nueve años, nuestro primer protagonista de hoy, marchan hacia nuestras tierras. Suponemos que ya habéis adivinado quien es nuestro invitado, él no es otro que el genial Aníbal Barca.

Aníbal Barca
Aníbal Barca
Las fuentes de la época narran que antes de partir hacia su destino, Amílcar reunió a su familia en el templo de Baal y les hizo jurar odio eterno a Roma, y si aceptamos como verdadera estas narraciones podemos afirmar que Aníbal Barca cumplió con su palabra hasta el final de sus días.

Amílcar, Asdrúbal, Aníbal y miles de mercenarios partieron en el año 237 a C. con destino Gadir, la actual Cádiz, para desde allí comenzar la ocupación de Iberia ascendiendo por el Valle del Guadalquivir.

En Roma, dos años después de la partida de los cartagineses hacia Gadir, venía al mundo nuestro segundo protagonista principal de este programa, Publio Cornelio Escipión. La historia de Roma es, sin duda, la crónica de sus generales y políticos, y Publio Cornelio Escipión, hijo, escribió con letras de oro sus aventuras en los libros de historia de Roma, siendo uno de los primeros en colocar las primeras piedras de lo que sería, más tarde, el Imperio de Roma.

La familia de los Escipiones estaba muy arraigada en los rancios linajes romanos, casi desde los orígenes de Roma, un Escipión siempre estaba ligado al poder militar, religioso o social de Roma. Además era una familia impregnada plenamente de las corrientes helenísticas. Su padre, del que había heredado el nombre era un excelente general, que se había puesto al frente de los ejércitos más de una vez para frenar el avance del enemigo.

Publio Cornelio Escipión (hijo)
Publio Cornelio Escipión (hijo)
Pero volvamos a Iberia, ya que en el invierno del 229 a. C. fallecía Amílcar en Batalla de Helike al caer a un río junto a su caballo cuando era perseguido por Orisso, Rey de los Oretanos. Asdrúbal, su yerno, a pesar del rechazo que provocaba en el Senado de Cartago, fue nombrado líder de los cartagineses en Iberia. El rechazo del Senado cartaginés estaba alimentado por Hannon “el Grande”, un noble enfrentado anteriormente con Amílcar y que denunciaba constantemente en el senado a los bárcidas acusándoles de querer crear un reino independiente en Iberia, pero los éxitos militares que cosechaban provocaban que el resto del senado desoyese estas acusaciones.

Como decíamos estos éxitos militares fueron sucediéndose de manera continua por lo que para asegurarse una posición de poder en la zona, Asdrúbal fundó en el año 227 a C. Qart Hadasht, o Cartago Nova.

El senado romano comenzaba a preocuparse seriamente por la expansión cartaginesa, las razones que Cartago había dado anteriormente para su ampliación (hacer frente a las sanciones de guerra impuestas por Roma) comenzaban a no ser aceptadas, y el Senado romano envió una embajada a Cartago con el fin de firmar un pacto que pusiese límites a esta expansión. Tras una rápida deliberación se fijó el límite en el río Ebro, los cartagineses no podrían cruzarlo, y en el caso de hacerlo, Roma respondería militarmente.

Acuerdo del río Ebro
Áreas de influencia cartaginesa y romana según el acuerdo del Ebro
Con la firma de este acuerdo parecía que la tranquilidad reinaba entre ambas potencias, pero esta aparente tranquilidad duró poco tiempo y el pistoletazo de las hostilidades comenzó con el asesinato, en el año 221 a C. , de Asdrúbal a manos de un esclavo. El siguiente al mando era Aníbal, el hijo de Amílcar, y contaba con el apoyo de las tropas para su nombramiento, pero nuevamente saltaban los recelos en el Senado cartaginés, donde la familia Hannon volvió a mostrar su completa oposición. No obstante, el resto del senado, consciente del apoyo militar al nombramiento, decidió ratificar a Aníbal al mando.

Aníbal, una vez ratificado por el Senado, continuó con la labor de sus predecesores consolidando la hegemonía cartaginesa en Iberia, lo que aumentó las inquietudes en Roma, en cuyo Senado se comenzaba a ver que la única salida a la situación era una guerra abierta con Cartago, pero había que buscar una causa para la declaración y, como ha pasado otras veces en la historia, deberían ser ellos los agredidos para que su respuesta tuviese más apoyo. Por ello, Roma firmó una alianza con Sagunto, que quedaba muy por debajo del límite del Ebro, recordando a Cartago que según sus acuerdos, no podían atacar a un aliado de Roma. Cartago, por su parte, afirmaba que en el reparto de Iberia, Sagunto estaba en su parte y por tanto podía ser objetivo militar.

Finalmente, en la primavera del 218 aC, siguiendo instrucciones de Cartago, Aníbal asedia Sagunto que tras 8 meses cayó bajo el poder cartaginés. Paralelamente, y según cuenta Livio, mientras se producía este asedio, en Cartago, Hannon habló en su contra para que cumplieran lo que Roma quería, que era entregar a Aníbal, aunque nadie le apoyó.

Un mes después, llega a Roma la noticia de la caída de Cartago, por lo que el Senado envía una embajada a Cartago, compuesta por 5 hombres entre los que destacaban Lucio Emilio Paulo, Marco Livio Salinator y Quinto Fabio Máximo. En las reuniones Cartago se niega a entregar a Aníbal, y finalmente Quinto Fabio Máximo es el encargado de redactar la declaración de guerra de Roma a Cartago, una guerra que será conocida como la Segunda Guerra Púnica.

El Senado romano había desarrollado planes para, partiendo desde Sicilia, realizar un ataque en dos frentes: África del Norte y la Península Ibérica, pero todos los planes se vieron cambiados cuando tuvieron noticias de que Aníbal tenía planeado partir desde Cartago Nova con 100 mil hombres y una gran cantidad de elefantes para atravesar el Ebro, los Pirineos, el Sur de Galia y atacar directamente a Roma en Italia.

Mientras, Publio Cornelio Escipión “padre” y su hermano Cneo Cornelio Escipión parten desde Pisa con Massilia (actual Marsella). Al llegar a esta ciudad reciben la noticia de que Aníbal y sus huestes ya han atravesado los Pirineos, por lo que se lanzan a su persecución hacia el río Rodano, queriendo evitar de esta manera su acceso a los Alpes, pero llegan tarde, Aníbal ha conseguido pasar. Ante esta situación, Publio envía a Cneo como Legado a Iberia y él regresa a Península Itálica para esperar a Aníbal en las llanuras del Po, uniéndose al ejército de los pretores Manlio Vulso y Cayo Atilio que ya se encontraban allí.

Paralelamente, nuestro otro invitado Publio Cornelio Escipión “hijo” continuaba su carrera militar, siendo nombrado tribuno militar e incorporado al ejército de Sempronio Longo.

Sobre el paso de Aníbal por los Alpes se han escrito miles de ensayos y novelas, e incluso estudios recientes (basados en los análisis de los excrementos de las monturas cartaginesas) afirman que la ruta seguida fue a través del puerto de La Traversette. Lo que se tiene por seguro es que ni el ascenso, ni el paso, ni el descenso de los Alpes tuvo que ser tarea fácil para las tropas cartaginesas, ya que no se tuvieron que enfrentar únicamente al frió y a la orografía, sufrieron gran cantidad de ataques de diferentes pueblos tales como los volcos o los alóbroges.

 La Traversette
Col de La Traversette
Cuando consiguen descender Aníbal y sus hombres (unos 30.000) se encuentran en la llanura del Po, y frente a ellos el ejército romano, produciéndose la primera batalla de esta Segunda Guerra Púnica, la Batalla del Tesino. En esta batalla, como en muchas de las siguientes jugó un papel principal las caballería ligera numídica, que por orden de Aníbal atacó los flancos de la formación romana, quienes al verse superados rompieron filas y huyeron hacia su campamento.

En esta batalla Publio Cornelio Escipión “padre” resultó herido, y no llegó a morir gracias a la intervención de Publio Cornelio Escipión “hijo”, quien al ver a su padre herido y rodeado por las tropas cartaginesas, ordenó a sus hombres que le siguiesen para rescatarlo. Viéndolos vacilar, cargó él solo, haciendo avergonzar a los soldados, que no tuvieron más opción que seguirle. Finalmente un grupo de jinetes rodeó al cónsul, logrando rescatarlo. Esta acción valerosa la realizó con tan solo 18 años.

Como resultado de la derrota de Roma en el Tesino, los Galos se aliaron con el bando cartaginés, y el ejercito de Aníbal aumentó hasta los 40 000 hombres. Escipión, padre, herido en la batalla, se retiró a través del río Trebia y acampó para aguardar los refuerzos del otro cónsul, Tiberio Sempronio Longo. El resultado sería la Batalla del Trebia.

En esta batalla Aníbal dio muestras de su gran capacidad como estratega. El líder cartaginés ordenó a su caballería hostigar a los romanos con el fin de que les persiguiesen, y los romanos cayeron en la trampa, comenzando unapersecución desordenada que les llevó a atravesar las frías aguas del río, momento aprovechado por los cartagineses para atacar con flechas, lanzas y piedras a los soldados romanos que los cruzaban. Los pocos que terminaron esta ardua tarea se encontraron agotados y helados en una orilla dominada plenamente por los cartagineses, lo que les convertía en un blanco fácil.

Batalla de Trebia
Batalla de Trebia
Roma sufría una nueva derrota y Tiberio Sempronio Longo recibió la orden de regresar a Roma para ser juzgado por negligencia, aunque fue finalmente absuelto. No obstante, el Senado Romano escogió a dos nuevos cónsules (cargo anual) de carácter militarista: Servilio Gemino y Cayo Flaminio Nepote.

La orden era que ambos debían prestarse apoyo mutuo en cuanto se detectara la posición del enemigo, acudiendo a ayudar mientras el otro tendría que tratar de entorpecer el avance de Aníbal, hasta que los dos juntos pudieran presentar batalla. Flaminio, con dos legiones (25.000 hombres), se atrincheró en Arezzo, y Gémino, con otras dos legiones, lo hizo en Rímini.

Aníbal, que tenía como obsesión conocer la mentalidad de sus enemigos, conocía bien a Flaminio y su carácter atrevido, por lo que mandó a su caballería colocarse frente al campamento de Flaminio y quemar todo lo que había a su alrededor para forzarle a salir. Flaminio perdió la paciencia y dejó su campamento para enfrentarse al púnico, haciendo caso omiso a las órdenes recibidas.

Aníbal se retiró por la orilla del lago Trasimeno mientras era perseguido por Flaminio. Cuando la columna romana empezó a desplegarse sólo divisó al contingente de tropas que tenía enfrente, pasando desapercibidos todos los demás debido en parte a la orografía abrupta, la vegetación y la densa niebla que se levantaba desde las aguas del lago. La columna romana había rebasado ya a la caballería enemiga, y estando encerrados entre el lago y los montes y rodeados por los cartagineses, Aníbal dio la señal de ataque. Debido al caos y a la niebla de evaporación que se formó, los centuriones y tribunos romanos no podían organizar debidamente la línea de batalla.

La batalla por lo que cuentan duró alrededor de 3 horas, empujada por la tenacidad romana, hasta que Flaminio Nepote cae herido de muerte. Las bajas serían tremendas, quedando todo un ejército consular destruido y su jefe muerto.

Mientras, la caballería de Gémino que avanzaba, ignoraba la batalla, y se metió directamente en otra trampa y resultó exterminada.

Batalla Lago Trasimeno
Batalla Lago Trasimeno
En Roma el terror se apoderaba de sus gentes y sus políticos, que llegaron a tomar una medida excepcional, nombraron a Quinto Fabio Máximo, apodado Verrucoso o Cunctator (El que retrasa), dictador de Roma (magistratura que concedía máximos poderes militares a un hombre durante seis meses). Quinto Fabio Máximo siguió la estrategia de hostigar los flancos del ejercito cartagines, pero evitando siempre el enfrentamiento directo.

Quinto Fabio Máximo ocupó la Campaña, un paso obligado del ejército de Aníbal, con la intención de frenar su avance, pero Aníbal en otro ejemplo de genialidad-locura ordenó a sus soldados buscar leña y hacer gavillas; al llegar la noche, hizo atar los haces a los cuernos de unos dos mil bueyes y encendieron estas antorchas. Los bueyes fueron conducidos hacia una de las cuestas que delimitaban el desfiladero, al mismo tiempo que los soldados golpeaban constantemente su escudo. Los romanos creyeron que los cartagineses se escapaban por el monte y se lanzaron a su encuentro. Cuando se descubrió el engaño, Aníbal había pasado al puerto con su ejército.

En Roma se comenzó a murmurar que Fabio había perdido el juicio, y bastó con que Minucio, un general de caballería, consiguiera una modesta victoria sobre los cartagineses, una escaramuza sin importancia, para que le invistieran de un poder igual al del dictador.

El ejército romano se dividió, pues, en dos partes, al frente de las cuales había sendos generales que aplicaban principios estratégicos con frecuencia opuestos. No obstante, Minucio no fue aniquilado gracias a que Fabio llegó a tiempo para socorrerle, y desde entonces, el pueblo le aclamo como "escudo de Roma". A pesar de estas “victorias” Quinto Fabio Máximo finalizó su mandato según lo acordado y devolvió el poder al Senado que escogió como Cónsules a Lucio Emilio Paulo y a Cayo Terencio Varron.

En esta situación se dio la última batalla de la que vamos a hablar hoy, la Batalla de Cannas del 216 a. C.

Esta batalla es famosa por el movimiento envolvente de la caballería de Aníbal, que estaba en inferioridad numérica, que pasó a la historia como modelo militar y es estudiada en las academias militares por su innovación, atrevimiento y resultado; y por ser la mayor derrota sufrida por Roma hasta la Batalla de Arausio.

El cartaginés dispuso sus tropas de manera que el viento, el polvo y el sol diesen de cara a los romanos. Colocó sus buenas tropas en las alas, formando como los cuernos de una media luna y dejó que el enemigo penetrara en el centro, lo cual facilitó el movimiento envolvente merced al cual cincuenta mil hombres cercaron a ochenta mil. La infantería romana logró introducirse como una cuña entre las filas de Aníbal, de manera que su frente adoptó la forma cóncava, convirtiéndolo en un embudo mortal. Cuando el centro estuvo a punto de romperse, Aníbal lanzó al ataque contra la columna alargada de los romanos.

La batalla se convirtió en una carnicería espantosa. Murieron cerca de 30.000 romanos, entre ellos el propio cónsul Emilio Paulo, y otros 10.000 fueron hechos prisioneros. Terencio Varrón, con 10.000 supervivientes, pudo refugiarse en la colonia de Venosa, adonde fueron llegando poco a poco más soldados que habían huido a la desbandada.

Batalla de Cannas
Batalla de Cannas
Tras la derrota, algunos patricios romanos, totalmente desalentados y viendo un futuro sombrío para Roma, quisieron desertar y organizaron una reunión para debatir el asunto. Al enterarse, Publio Cornelio Escipión, hijo, que había sido Tribuno militar de la II Legión durante la batalla, interrumpió la junta y les instó a usar esa energía por el bien de Roma, obligándoles a jurar lealtad a su patria bajo pena de matar a quien no lo hiciera. Todos lo hicieron, uno por uno, temerosos y avergonzados de sus actos (incluso Quinto Fabio Máximo, hijo de Fabio Máximo, el mayor enemigo político de la familia Escipión).

Con esta batalla cerramos el primer capítulo de la Segunda Guerra Púnica, en que como veis Cartago ha llevado el mando de la contienda consiguiendo una victoria tras otra, esperamos que disfrutéis de este episodio de la Historia.

viernes, 15 de abril de 2016

Los crímenes de los buenos

En los diferentes programas que hemos realizado sobre la Segunda Guerra Mundial como fondo, hemos recibido la petición de muchos de vosotros pidiendo que hablásemos de los crímenes que los aliados cometieron, que los hay y no son pocos.
Comenzaremos nuestro viaje en los últimos meses de la contienda, y vamos a centrarnos en una acción militar aliada sobre una ciudad que no disponía de industria bélica que destruir y que tampoco suponía un bastión de resistencia ante el avance de las tropas aliadas en suelo alemán.
Vamos a hablar de un bombardeo realizado el 13 de febrero de 1945, sobre una ciudad que fue conocida como la “Florencia del Norte”, ella es Dresde.

Dresde en la actualidad
Dresde en la actualidad
Quedaban pocos meses para el fin de la guerra, y cada vez estaba más claro que Alemania estaba al borde del colapso, su antigua grandeza había quedado reducida a escombros y su otrora gran capacidad industrial había quedado parada por la falta de materias primas.

Dresde, la que fue un centro de producción de porcelana ahora era una ciudad llena de refugiados de guerra y de heridos. A la vista de todo esto que hemos dicho, ¿Cómo es posible que los aliados decidieran arrasar esta ciudad? Pues la solución a esta cruel pregunta la encontramos en la Conferencia celebrada en Yalta entre los líderes aliados en los primeros días de ese mes de febrero de 1945.

Tanto para Roosevelt como para Churchill, Alemania necesitaba un escarmiento que sirviese para curar, entre comillas, al pueblo alemán de ese nacionalismo exacerbado que había provocado dos guerras mundiales. Además, tanto Estados Unidos como Inglaterra tenían que hacer una demostración de fuerza ante Stalin, ya que el Ejército Rojo avanzaba sin freno por el frente Oriental y comenzaban a surgir los rumores de que una vez acabada la contienda contra Alemania, su nuevo enemigo sería la URSS.

Conferencia de Yalta
Conferencia de Yalta
De acuerdo con el plan desarrollado por Estados Unidos y la Royal Air Force británica, a las 5 y 20 de la tarde, según la hora británica, comenzaban a despegar los bombarderos con destino Dresde

Los primeros aviones en llegar, los bombarderos pesados Lancaster, el más famoso y exitoso bombardero nocturno de la Segunda Guerra Mundial, tenían como misión marcar Dresde con bengalas de magnesio enganchadas a paracaídas, un curioso artefacto que los alemanes llamaban “árbol de navidad”.

Bombardero Lancaster
Bombardero Lancaster
Tras ellos llegarían los De Havilland Mosquitos, unos bombarderos nocturnos de gran altura, que tenían como misión identificar y marcar los objetivos de los bombarderos que vendrían después mediante unas bombas que al estallar emitían un fuego rojo fácilmente visible desde el aire.

De Havilland Mosquito
De Havilland Mosquito
Por último despegó el grueso de la operación, más de 250 bombarderos pesados Lancaster cargados con más de 500 toneladas de bombas explosivas, incluyendo las famosas blockbuster de dos toneladas que eran capaces de destruir una manzana de edificios entera, de ahí su nombre (cazador de bloques), y más de 357 toneladas de bombas incendiarias.

A las 21:51 horas del 13 de febrero de 1945 comenzaban a sonar las alarmas antiaéreas en la ciudad y los habitantes corrieron a buscar refugio, 12 minutos después la guadaña de la muerte caía sobre Dresde. En primer lugar, y tal como se había acordado, comenzaron a caer sobre Dresde los primeros “árboles de navidad” que a modo de farolas iluminaron la ciudad, y dos minutos más tarde los primeros 9 bombarderos De Havilland, guiados por el nuevo sistema Loran, llegaron con gran precisión y tranquilamente se encargaron de marcar con indicadores rojos los límites de la ciudad y con bengalas iluminaron toda la urbe que aparecía impotente ante los pilotos ingleses.

A las 22:15, con puntualidad inglesa, comenzó la lluvia de muerte sobre Dresde con la primera oleada de los 250 bombarderos pesados Lancaster. Quince minutos después terminaba el bombardeo que de acuerdo con los propios pilotos, dejaba tras de sí un humo y un fuego que se podían ver desde 150 Kms de distancia, y quedaba claro que se buscaba destruir  el centro de la ciudad con una técnica llamada bombardeo de saturación que combina bombas explosivas y bombas incendiarias.

A la 1:30 de la madrugada del ya 14 de febrero, cuando todo parecía estar en calma, se produce la llegada de una segunda oleada de bombarderos, que tenían como misión destrozar a los supervivientes y acabar con los equipos de socorro. Más de 550 aviones Lancaster, Liberators y B-17, lanzaron más de 650 mil bombas incendiarias, en un bombardeo que duró hasta la 01:54 de la madrugada.

B-24 Liberator
B-24 Liberator
Esta vez, el resplandor de la ciudad en llamas era visible desde más de 300 Kms de distancia, pero los equipos de extinción de fuegos poco o nada podían hacer durante esa noche. Finalmente llegó la luz del día y la imagen de la ciudad era dantesca. Los equipos médicos no daban abasto para atender a cientos de miles de heridos y rápidamente se acabaron las reservas tanto de medicinas como de alimentos o agua, pero aun no había acabado el infierno para los habitantes de Dresde.

La muerte montada en bombarderos estadounidenses B17 volvía a la ciudad pocos minutos después del medio día, a las 12:12 horas una nueva oleada de más de 1300 bombarderos aliados atacaban la ciudad y los cazas de protección P51 se dedicaron a ametrallar desde el aire a las columnas de sobrevivientes que escapaban del infierno, asimismo  ambulancias y bomberos eran sus objetivos.

Acabados los ataques la ciudad de Dresde, aquella que era llamada la Florencia del Norte atestada de grandes edificios del barroco tardío, quedaba reducida a los escombros y al fuego, parecía que los siete jinetes del Apocalipsis habían atravesado la ciudad para después abandonarla a su suerte.

Dresde  bombardeo
Dresde tras los bombardeos
Entrar en la cantidad de muertos que provocó esta acción aliada es entrar en uno de los mayores debates, aun abiertos, de la Segunda Guerra Mundial, ya que en esto existen miles de fuentes y cada una de ellas aporta un número de fallecidos que varia tanto que es casi imposible determinar una cifra exacta.

En nuestra segunda parada en este viaje por el tiempo vamos  a centrarnos en una de las medidas más impopulares que tomó el país adalid de las libertades, Estados Unidos

Antes de la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, la población originaria de las naciones que estaban en conflicto en Europa vivía en Estados Unidos con cierta tranquilidad y libertad. No obstante todo cambió el 7 de diciembre de 1941, el día del Ataque japonés a Pearl Harbor o como se habla de este día en la historiografía estadounidense, “el día que vivirá en la infamia”.

 Pearl Harbor
Ataque japonés a la Base de Pearl Harbor
El día después del ataque y con la histeria recorriendo las calles, y coincidiendo con la declaración de guerra del Presidente Roosevelt en el Senado, se decretaron las primeras medidas contra los ciudadanos japoneses, quizá por esta razón quedaron ocultas para la mayoría de la población que incluso hoy en día se sigue sorprendiendo cuando tiene conocimiento de lo que ahora vamos a hablar.

Las medidas que se tomaron fueron los Edictos Presidenciales 2525-2527, que tenían como fin segregar a los habitantes con origen en algunos de los países del Eje del resto de la población norteamericana, y que se resume en las propias palabras del Presidente Roosevelt: “Todos los ciudadanos, moradores o sujetos de Japón, Alemania e Italia mayores de 14 años que estén en Estados Unidos y no posean la nacionalidad, podrán ser apresados, retenidos, encerrados o expulsados como extranjeros enemigos”.

A pesar de que todas estas medidas eran contrarias a Enmienda 14 de la Constitución Estadounidense que prohíbe un trato desigual a las personas por motivos de raza, las presiones que tanto la prensa como el Ejército estadounidense hicieron sobre el Presidente, provocaron que el 19 de Febrero de 1942 el Gobierno aprobase la Orden 9066 que obligaba a los inmigrantes japoneses y a la primera generación de estos nacidos en América, a ser deportados a campos de concentración.

Orden 9066
Instrucciones para los japoneses y sus descendientes de acuerdo con la Orden 9066
Estos campos de concentración fueron divididos en tres categorías:

1. Campos de reunión bajo responsabilidad del Ejército en los que se agrupaba a los prisioneros de manera provisional para a continuación ser trasladados a otros lugares. 

2. Campos de reubicación bajo el control de la Autoridad de Reubicación de Guerra en donde vivían los deportados.

3. Centros de detención bajo la dirección del Servicio de Inmigración en los que recluían a los japoneses, alemanes e italianos no nacionalizados.

Antes de deportar a los japoneses primero se les obligaba a deshacerse de la mayoría de sus pertenencias, teniendo únicamente ocho días para vender sus inmuebles o bienes personales, lo que fue aprovechado por muchos ciudadanos estadounidenses para hacerse por un precio irrisorio con las pertenencias de esta gente. Igualmente, y bajo la sospecha de que con su dinero podrían financiar al ejército imperial japonés se procedió a congelar sus cuentas bancarias, por lo que tampoco pudieron hacer uso del dinero que había conseguido malvendiendo sus pertenencias.

Dentro de todos los que se crearon nosotros vamos a centrarnos en uno, Manzanar (California). Manzanar era un campo rodeado por largas extensiones de alambradas de espino, vigilado por ocho torretas con ametralladoras y custodiado por la noche por numerosos reflectores. En su interior había 504 barracones pensados para familias de cuatro miembros que eran obligados a dormir sobre incómodos catres de acero o sacos de paja, separando las habitaciones con mantas colgadas del techo.

Cada bloque contaba además con un comedor comunal, un cuarto de lavado, un cuarto de recreo, un cuarto de planchado y un tanque para almacenar combustible para la calefacción. Los aseos y duchas eran en edificios comunales, y se dispuso de una lavandería, salones de recreo y un templo budista.

Manzanar
Manzanar
Los primeros japoneses entraron el 21 de Marzo de 1942, y desde abril fueron viniendo en tren casi 1.000 personas a diario hasta que el campo se completó con un total de 10.046 presos, y a cada familia se le entregaban placas con un número grabado para cada miembro, siendo desde ese mismo momento su única identificación.

El clima en Manzanar fue uno de los grandes problemas de los prisioneros, ya que es un clima extremo con unos veranos que convierten aquello en un horno y con inviernos con temperaturas de 4 grados y continuas nieves, todo esto con unos edificios que no eran los adecuados.

La comida en Manzanar consistía en arroz caliente con verdura, ya que la carne era escasa debido al racionamiento. En 1944 comenzaron a producir carne para poder subsistir, comenzando con una granja de pollos y posteriormente una de cerdos. 

El mantenimiento del campo recaía en los propios reclusos, recibiendo a cambio un sueldo que variaba según su especialidad y que podía alcanzar los 19 dólares al mes, siendo este dinero destinado a la compra de comida o ropa en las propias tiendas del campo.

A mediados de 1943 todo cambió, quizá debido a la gran pérdida de soldados que estaba sufriendo el ejército estadounidense, ya que los representantes del Ejército Estadounidense informaron a los presos que los jóvenes varones tenían la posibilidad de obtener la libertad si a cambio se enrolaban en las fuerzas armadas y servían en el frente. Estos japoneses fueron enviados a Europa, ya que temían que pudiesen desertar al bando de Japón si les enviaban al Frente del Pacífico, y dieron muestras de gran valentía, ya que se ofrecían para las misiones más arriesgadas llegando a ser muchos de ellos condecorados en la campaña de Italia o la Batalla de Montecassino.

 100th Infantry Battalion
El 100 Batallón de Infantería
En la primavera de 1944 el Departamento de Guerra de Estados Unidos, en principal valedor para el mantenimiento de estos campos, recomendó su desmantelamiento a Roosevelt, pero se acercaban las elecciones y Roosevelt se presentaba a la reelección y pensando que esta medida le haría impopular entre los sectores más conservadores, decidió aplazarla.

Todos los prisioneros japoneses fueron saliendo de los campos a finales de 1945, siendo desmantelado el último recinto en Diciembre de 1946. Únicamente se entregó 25 dólares a los recién liberados que tuvieron que alojarse en refugios o viviendas de protección oficial. Muchos, al verse sin nada, acabaron suicidándose. 

La disculpa formal del Gobierno de Estados Unidos con esta población tuvo que esperar hasta 1988 cuando el Presidente Ronald Reagan afirmó que “la concentración de estos prisioneros fue fruto de los prejuicios raciales y la histeria de la guerra” y se ofreció como reparación 20 mil dólares a cada una de las víctimas.

La última parada de nuestro viaje, que curiosamente fue el primer hecho en suceder de los tres que nos centran hoy. Tenemos que remontarnos al propio inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando el 1 de septiembre de 1939 Hitler daba la orden al ejército alemán de atacar Polonia. Pocos días después, la Unión Soviética, de acuerdo a lo firmado en el Tratado Ribbentrop-Molotov del 23 de agosto de ese mismo año, lanzaba su ataque a Polonia desde el Este para recoger su parte del botín polaco.

Tratado Ribbentrop-Molotov
Firma del Tratado Ribbentrop-Molotov
La Unión Soviética en su rápido avance capturó cerca de un millón y medio de prisioneros, entre los que se encontraban militares, policías e intelectuales, fueron capturados nada más consumarse la ocupación de Polonia Oriental por la Unión Soviética, por lo que ahora había un problema ¿Qué hacer con ellos?

El debate llegó a las más altas cotas del Estado Soviético, y terminó siendo objeto de discusiones de Stalin con el resto de la cúpula del Partido Comunista Soviético. En las deliberaciones se aprobó que la parte de Polonia ocupada fuera incorporada a la República Socialista Soviética de Ucrania, por lo que debía eliminarse cualquier tipo de herencia del estado polaco anterior a la llegada del comunismo. Finalmente, el 5 de marzo de 1940 se llegó a una tétrica conclusión, todos los prisioneros de guerra polacos pasaron a engrosar las listas de “terroristas contrarrevolucionarios” por lo que debían ser inmediatamente ejecutados. Esta orden fue firmada por Stalin y entregada a Lavrenti Beria, Comisario del Pueblo para asuntos internos, es decir, la temible NKVD.

Lavrenti Beria
Lavrenti Beria, líder de la NKVD
Los responsables de los campos informaron a los reclusos que iban a ser trasladados a nuevos centros de internamiento más cómodos que en los que se encontraban en esos momentos, lógicamente la noticia era falsa, pero los presos que desconocían este detalle la recibieron con gran alegría y con optimismo fueron conducidos a los diferentes nudos ferroviarios para montar en los trenes que les llevasen a esos nuevos campos para prisioneros.

No obstante, nada más llegar a la estación su optimismo se evaporó cuando vieron que les esperaban vagones de ganado provistos de jaulas, a regañadientes se montaron en esos trenes y pronto comprobaron que no iban hacia Polonia, los trenes ponían dirección hacia el este, es decir….hacia la URSS. 

El 4 de Abril de 1940, el primer contingente de 390 polacos desembarcó en la Estación de Gniezdovo, a 16 kilómetros de Smolensk. Sobre los andenes, un pelotón de la  NKVD les hicieron descender y les montaron en unas camionetas que pusieron rumbo al Bosque de Katyn, una inmensa y oscura arboleda de 4 kilómetros cuadrados. Allí, de entre los prisioneros se separó a los oficiales de alta graduación y fueron trasladados a un oscuro edificio y obligados a entrar por turnos en una sala insonorizada. Cuando la puerta se cerraba tras el prisionero, un agente de la NKVD salía de las sombras y descerrajaba un tiro en la nuca del prisionero y el cadáver era lanzado por un tobogán a la parte exterior, donde una camioneta esperaba a ser llenada.

El resto de prisioneros fueron conducidos a un claro en el bosque y lo que encontraron les dejaba claro cuál sería su futuro, ya que allí les esperaban unas grandes fosas excavadas en el suelo. Los polacos fueron colocados en fila y asesinados de un tiro en la cabeza, sus cuerpos iban cayendo en las fosas y cuando estas se llenaban, una máquina excavadora ponía una capa de tierra sobre los cadáveres, y se continuaba con la matanza. Los cuerpos eran apilados en 5 filas de 500 cadáveres y cubiertos por tres metros de tierra. De esta manera, aquel 4 de abril de 1940 se asesinó a 390 polacos.

La cruel labor de la NKVD continuó hasta el 11 de Mayo de 1940, aunque hubo un día que no se celebraron estas ejecuciones, el 1 de Mayo que es el Día del Trabajador y fiesta nacional en la Unión 
Soviética. En poco más de un mes fueron aniquilados 25.700 polacos.

La desaparición de estos polacos parecía quedar en el aire, pero la situación cambió el 22 de junio de 1941. Ese día Alemania lanzaba la Operación Barbarroja, es decir la invasión de la Unión Soviética, y la URSS pasaba a unirse a los Aliados, entre los que estaba como sabemos el Reino Unido que, a su vez, era aliado del Gobierno polaco que se encontraba en el exilio. Este Gobierno polaco, a través del Reino Unido exigió a Stalin la liberación de todos los presos polacos de 1939, y su envío a Oriente Medio para conformar el II Cuerpo Polaco Libre al mando del General Anders.

Stalin aceptó a regañadientes las exigencias polacas y dictó las ordenes necesarias para liberar a los polacos que aun quedaban prisioneros; pero el pánico cundió entre los soviéticos al comprobar británicos y polacos que faltaban más de 20.000 hombres. Las autoridades de Londres enviaron diferentes delegaciones para a investigar estas desapariciones pero los resultados eran siempre los mismos, esos hombres habían desaparecido y nadie sabía nada. Parecía que se los hubiese tragado la tierra.

Pero el 13 de Abril de 1943, el Ejército Alemán tras vencer en la Batalla de Smolensko encontró las fosas comunes del Bosque de Katyn. La radio oficial alemana, Radio Berlín, comunicó la noticia a las 15:15 horas de la tarde de la siguiente manera: “Ha sido encontrada una gran fosa, de 

28 metros de larga y 16 de ancha, llena con 12 capas de cadáveres de oficiales polacos con un total de casi 3.000 hombres”.

Masacre de Katyn
Cadáveres de las fosas de Katyn
En pocas horas el descubrimiento alemán daba la vuelta al mundo y los líderes aliados quedaban atónitos ante el hallazgo, pero los soviéticos seguían manteniendo su inocencia y ante la presión internacional rompieron relaciones diplomáticas con el Gobierno Polaco en el exilio de Londres, a quien acusó de haberse creído las “mentiras alemanas”.

La situación llegó hasta tal límite que Alemania permitió que la Cruz Roja Internacional llevase a cabo una investigación. Estos investigadores pudieron identificar rápidamente a los fallecidos debido a los uniformes polacos que aún conservaban y entre los cuerpos encontraron diferentes diarios, y en uno de ellos se podía leer “Abril 9, son las 5 de la mañana. Somos bajados del tren y nos hacen subir en camiones. Llegamos a un bosque. Nos hacen entregar los anillos de boda. La jornada empieza mal”.

Ante las pruebas halladas la Cruz Roja Internacional no tuvo ningún género de dudas y emitieron un informe en mayo de 1943 en el que se afirmaba que estaba probada la responsabilidad soviética en la masacre. A pesar de este informe y de la claridad de las pruebas, los líderes aliados prefirieron silenciar este informe y difundir la culpabilidad de los alemanes, tal como pedía Stalin, ya que culpabilizar a los soviéticos suponía romper la alianza con la Unión Soviética y por tanto poner trabas a la victoria contra Alemania. De hecho Roosevelt, rechazó las investigaciones y Churchill se dirigió a los líderes polacos diciendo “Hablando de los asesinados no los vais a resucitar”.

La mentira perduró tras la Segunda Guerra Mundial debido a que Polonia quedó bajo la órbita de la Unión Soviética, pero con el paso del tiempo el resto de potencias aliadas comenzaron a levantar el velo de la mentira, ya que tras la derrota alemana el nuevo enemigo del mundo era la Unión Soviética, y Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Francia o el Vaticano encabezado por Juan Pablo II, polaco de nacimiento, reconocieron la autoría rusa sobre Katyn.

La verdad salió a la luz finalmente con la caída de la Unión Soviética en 1990, cuando Mikhail Gorbachov entregó a las autoridades polacas un documento que probaba la culpabilidad soviética sobre la matanza de Katyn. Dos años después fue Boris Yelsin quien entregó al Presidente polaco Lech Walesa la orden original firmada por Stalin que daba la orden de ejecución de los 25.700 polacos en Katyn.

Orden 00485 Katyn
Orden 00485 firmada por Stalin, Voroshilov, Molotov y Mikoyan

Esperamos que disfrutéis de este programa que, muchos de vosotros, nos habéis pedido.

viernes, 8 de abril de 2016

Asesinos en serie vol. 2

En el programa de esta semana hacemos nuestro segundo recorrido por los asesinos en serie más famosos de la Historia, continuando la senda que abrimos hace unos meses con Jack el Destripador, Jarabo, Jeffrey Dahmer “El Carnicero de Milwaukee” y con Manuel Blanco Romasanta “el Hombre lobo de Allariz”. Tal como hicimos aquel día cambiamos nuestros ordenadores por máquinas de escribir, desaparecen los teléfonos móviles y la tablets, y volvemos a viajar en el tiempo para convertir nuestro estudio en la redacción de uno de los periódicos con más tirada de España en su momento, y que estaba especializado en el periodismo criminalista, nos referimos a “El Caso”.

El Caso
Portada de El Caso referente a Jarabo
La primera parada en el camino la hacemos en Estados Unidos, concretamente en el Estado de Massachusetts, para encontrarnos con Albert Henry DeSalvo, más conocido como “El estrangulador de Boston” y culpable de la muerte de 13 mujeres.

Albert Henry DeSalvo
Albert Henry DeSalvo "el estrangulador de Boston"
Nuestro primer invitado tuvo una difícil infancia marcada por los maltratos de su padre, un alcohólico que llegó incluso a obligar a sus a estar presentes cuando él contrataba los servicios de una prostituta. Como vemos su padre era un ser deleznable, pero la situación llegó al límite cuando a cambio de 9 dólares acordó con un agricultor que tanto Albert, que tenía 10 años, como su hermana trabajasen en las tierras de este agricultor como si de esclavos se tratase. Cuando los hijos volvían a casa a la noche, el padre les enseñaba a robar obligándoles a entregarle el botín. Todo funcionaba según lo perpetrado por el padre, pero en noviembre del año 1943, cuando Albert tenía 12 años fue arrestado por la policía acusado de robo con violencia. Al ser menor de edad, el juez le condenó a ingresar en un reformatorio, el Lyman School for Boys de Massachusetts.

 Lyman School for Boys
Lyman School for Boys of Massachusetts
En este reformatorio estuvo durante 10 meses, y a pesar de de encontrar un trabajo como repartidor, su vida no cambió demasiado y en 1946 fue nuevamente arrestado por el robo de un coche. Volvía ante un juez y como seguía siendo menor de edad fue obligado a ingresar, otra vez, en el Lyman School for Boys de Massachusetts. Esta vez su estancia fue más larga, y cuando acabó la condena ya era mayor de edad, pero nadie quería contratar a un exconvicto, por lo que su salida laboral fue sencilla, se enroló en el Ejército de los Estados Unidos.

Parecía que su estancia en el Ejército había curado sus malos hábitos, ya que tras ser licenciado con honores, se reenganchó nuevamente. No obstante durante su segunda etapa en el Ejército tuvo diferentes problemas con sus compañeros y con la Policía Militar, problemas que, eso sí, no evitaron que nuevamente fuese licenciado con honores.

Corrían los primeros años de la década de los 60, y en la ciudad de Boston aparecieron los cadáveres de 13 mujeres con edades comprendidas entre los 19 y los 85 años fueron asesinadas en Boston. Todas ellas aparecían muertas en su propio hogar, que no presentaba signos de asalto, es decir ni las ventanas ni la puerta habían sido rotas o forzadas, lo que significaba que el asesino había sido invitado a la casa. Las víctimas habían sido violadas y posteriormente estranguladas con su propia ropa interior, aunque dentro de este modus operandi había ciertas diferencias.

Mientras que la policía tenía dudas de que todas estas acciones fuesen obra de una sola persona, debido a que entre las víctimas no había ningún tipo de relación o similitud, la prensa de Boston rápidamente se hizo eco de la noticia y comenzó a aparecer en los tabloides como “El estrangulador de Boston”.

Boston strangler newspaper articles
Recorte de prensa del último asesinato del Estrangulador de Boston
Pero todo cambió el 27 de octubre de 1964. Ese día Albert decidió atacar en el barrio East Cambridge de Boston, haciéndose pasar por un trabajador del gas que debía revisar la instalación en la casa de la víctima. La víctima, confiada en las explicaciones que Albert le estaba dando, le dejó entrar y de golpe, fue atacada. Albert tras atar a la chica a la cama la violó salvajemente, pero algo debió pasar en su mente ya que esta vez no concluyó tu terrible obra con el asesinato y tras vestirse dijo “Lo siento, no he podido evitarlo” y salió de la casa.

La descripción que la mujer dio a la policía, les llevó hasta Albert, pero para los agentes de la policía Albert era un simple violador, no el “estrangulador de Boston”. Albert tuvo que vivir escondido para evitar ser detenido por la policía, pero sus bajos instintos pudieron con él, y pocos días después cometió un nuevo error. Tras elegir una nueva víctima, robó un coche y lo estacionó en una calle del barrio de Bridgewater. El plan ideado por Albert era sencillo, se haría pasar por un conductor con problemas en su vehículo, pediría auxilio a la joven y tras embaucarla la convencería para ir a su casa para realizar una llamada telefónica al taller, una vez en su casa….atacaría.

El plan de Albert iba según lo ideado, pero había un detalle que él desconocía, la víctima no vivía sola. Richard Sproles, casero y compañero de piso de la joven, conocía por la prensa de la existencia de un violador y asesino en Boston, y al ver a Albert desde lejos sospechó de él, por lo que tras coger su revólver se escondió en la casa para ver que ocurría. Albert, desconocedor de que le estaban vigilando, fue a atacar a su víctima, pero en ese momento el casero salió de su escondite y abrió fuego contra Albert , que quedó tendido en el suelo herido y se dio aviso a la policía.

Detención de DeSalvo
Detención de Albert Henry DeSalvo
La policía le detuvo acusándole de intento de violación y allanamiento de morada. Mientras la policía le estaba interrogando, Albert hizo una confesión que dejó mudos a los agentes de policía, él era el estrangulador de Boston. La policía, atónita, le llevó ante el juez que le condenó a cadena perpetua por el asesinato y violación de 13 mujeres.

Pero saltaban las alarmas, en febrero de 1967, pocos meses después de su ingreso en prisión, y aprovechando una visita al psiquiatra del Bridgewater State Hospital, Albert Henry DeSalvo consiguió escaparse, pero dejó una nota escrita afirmando que esta acción respondía a una llamada de atención sobre la situación de los presos en la cárcel en la que estaba recluido.

Tres días después de su huida, Albert se ponía en contacto con su abogado diciéndole que tenía intención de entregarse, el abogado le dijo que estaba dispuesto a ayudarle, que le dijese donde encontrarle para desplazarse hasta el lugar. Albert confiando en su abogado le dijo donde estaba oculto, por su parte el abogado telefoneó a la policía y les dio el paradero del huido, se encontraba en Lynn, una pequeña ciudad de Massachusetts.

Las autoridades con el fin de evitar nuevas huidas decidieron internarlo en Walpole, una prisión de alta seguridad, donde con el paso del tiempo Albert comenzó a retractarse de sus confesiones. No obstante, el 25 de noviembre de 1973, Albert Henry DeSalvo era encontrado muerto en la enfermería de la prisión, sin que a día de hoy se sepa quien fue su asesino.

La segunda parada en el camino la hacemos en Alemania, concretamente en Düsseldorf, para encontrarnos con Peter Kürten, más conocido como “el Vampiro de Düsseldorf” y culpable de la muerte un número, aun indeterminado, de personas.

Peter Kürten
Fotografía de la ficha policial de Peter Kürten
Nacido el 26 de mayo de 1883 en la ciudad alemana de Mülheim, nuestro segundo invitado era el tercero de trece hijos de una familia gobernada con puño de hierro por su padre, un alcohólico que maltrataba a su esposa delante de sus hijos y que incluso llegaba a violar a sus propias hijas por lo que terminó entrando en prisión. Peter, lejos de repudiar el comportamiento de su padre lo copió y comenzó a abusar sexualmente de sus hermanas menores.

La mentalidad de Kürten estaba destrozada desde la más tierna infancia, ya que según sus propias confesiones con la ayuda de un vecino que trabajaba en la perrera municipal, comenzó a practicar la zoofilia. Además, observaba fascinado como su vecino torturaba a los pobres perros.

El primer asesinato que cometió Kürten fue con tan solo nueve años, aquel día del verano de 1892 estaba jugando con dos amigos subidos en una balsa en el río Rin. Peter, entre risas y como parte del juego, empujó a uno de ellos al río. El otro amigo se lanzó al agua para ayudarle a subir a la balsa, y en ese momento Peter los golpeó con un remo en la cabeza dejándoles inconscientes y permitiendo que se ahogaran.

La policía investigó las muertes, pero Kürten afirmó que había sido un accidente mientras estaban jugando y que no pudo hacer nada por salvar a sus amigos, la policía finalmente aceptó la tesis de Peter y decretaron que la muerte había sido accidental. De este error policial únicamente se tuvo constancia cuando Kürten, de adulto hizo su larga confesión y gracias a la cual sabemos cómo fue su historial de fechorías.

Tres años después la familia Kürten se mudó a Düsseldorf con la intención de mejorar económicamente, y a su nuevo hogar llevó consigo sus atrocidades. Su apetito sexual era desenfrenado, se masturbaba de manera compulsiva, continuaba abusando de sus hermanas menores, acosaba a sus compañeras de clase y practicaba la zoofilia con borregos, cabras y cerdos.

Finalmente, harto de las palizas que le daban sus padres, se fugó de casa con tan solo 14 años. Para sobrevivir recurrió a la delincuencia, asaltando a la gente que se encontraba por los caminos y cuando los atracados eran mujeres, además las golpeaba y las violaba. Esta vida de delincuencia le obligó a marchar a Clobenza, donde conoció a una prostituta que se dedicaba al sadomasoquismo y le enseñó todos los secretos de su profesión y esa parafilia. Kürten, para sobrevivir, recurrió nuevamente a la delincuencia, pero fue sorprendido por la policía en pleno asalto y fue condenado a prisión, permaneciendo en la cárcel hasta 1899.

En ese año Kürten cometió su segundo asesinato confeso. Consiguió que una joven campesina accediese a tener relaciones sexuales con él a cambio de dinero y se fueron juntos al bosque Grafenberger. Su encuentro sexual transcurría sin ningún tipo de incidencia hasta que en el momento del clímax, Peter comenzó a estrangular con gran fuerza a la campesina. La lucha por salvar su vida y los posteriores espasmos de la víctima, según las palabras del propio Peter, aumentaron su placer.

Con la llegada del nuevo siglo Kürten se convirtió en un personaje demasiado conocido para la policía y eran continuas sus entradas y salidas de prisión por delitos menores. No obstante ahora una nueva enfermedad gobernaba su cabeza, la piromanía, dando rienda suelta a su locura incendiando las granjas cercanas a Düsseldorf, contemplaba su obra, y oculto oía a los animales y granjeros caer víctimas de las llamas. El dolor ajeno le provocaba tal excitación que mientras lo veía, se masturbaba.

Pero en el año 1913 cometió uno de los crímenes más famosos de su historial, el de la joven Christine KIeinde. Peter Kürten se coló en la casa donde la joven dormía mientras sus padres habían salido, Peter se acercó a la pequeña le tapó la boca con una mano y con la otra mano extrajo un cuchillo del bolsillo y seccionó la garganta de la víctima. Mientras la pobre niña agonizaba, Peter se acercó a ella y se bebió parte de la sangre que manaba a borbotones de su cuello. Como un gesto de desafío, algo típico en los asesinos más crueles, escribió con la sangre de su víctima sus iniciales, PK, en un pañuelo antes de marcharse. Por desgracia, las sospechas no recayeron sobre nuestro invitado, Peter Kürten, si no sobre el tío de la pequeña víctima, cuyas iniciales también eran PK, ya que había discutido hacía poco tiempo con su hermano, el padre de Christine, y le gritó que “le haría algo que recordaría para siempre”. Finalmente, fue absuelto debido a la falta de pruebas en su contra, y el asesinato quedó sin resolución.

Que el caso no tuviera solución hacía sentir a Peter Kürten inmune, por lo que dando un paso más adelante en su locura, se hizo con un hacha de grandes dimensiones y aprovechando la oscuridad de la noche se abalanzaba contra sus víctimas y les propinaba un gran tajo en el cuello, provocando en muchas ocasiones que el cuerpo quedase decapitado. Tras el tajo, Peter Kürten se lanzaba sobre el cuerpo como un animal sediento y se bebía toda la sangre que podía. De esta cruel manera dio muerte a más de 20 personas en las calles de Düsseldorf.

Pero finalmente, Peter fue detenido por la policía, pero no por estos crímenes, ni por los anteriores que no tenían resolución, esta vez le detuvieron por intentar estrangular a dos mujeres. Fue condenado a ocho años de cárcel, entró en el penal en 1913 y salió en 1921, por lo que el estallido, la lucha y el fin de la Primera Guerra Mundial le pillaron encerrado.

Inicio WWI en prensa
Portada del Frankfurter Zeitung anunciando que "Inglaterra declara la guerra"
Peter Kürten cruzó el país y se instaló en la ciudad de Altenburg, en Turingia, pero añoraba Düsseldorf y cuatro años regresaba a lo que él llamaba “su casa”. Rápidamente sacó la bestia que llevaba en su interior, y volvieron las violaciones y los asesinatos a las calles de Düsseldorf. Fue en esta época cuando surge el apodo por el que todos le conocemos, “El Vampiro de Düsseldorf”.

Ese día Peter Kürten decidió atacar con unas tijeras a una mujer, tras asestarle más de 20 heridas por el cuerpo y dejarla inconsciente, se inclinó sobre ella y comenzó a beber su sangre. Peter Kürten creía que su víctima estaba muerta y tras su sangriento festín abandonó el lugar, pero no había ocurrido como él pensaba. La mujer no estaba muerta, pero si gravemente herida, y tras sobrevivir de las heridas en el hospital de la ciudad, relató a la policía que había sido atacada por un vampiro.

Que la prensa se centrase en sus asesinatos parecía aumentar el ego de Peter Kürten y su sed de sangre, ya que entre febrero y noviembre de 1929, cayeron bajos sus ataques 22 personas, en las que podemos encontrar niños, mujeres y hombres. Pero algo cambió en el comportamiento de Peter Kürten , su apetito de sangre humana descendió considerablemente y cada vez que intentaba realizar un ataque el resultado era totalmente contrario al esperado, las víctimas huían sin que él pudiera hacer nada al respecto. Agotado y desconcertado, Peter Kürten decidió confesar sus crímenes a la que por entonces era su pareja oficial, una exprostituta que había conocido en su estancia en Altenburg. La mujer horrorizada por lo que acababa de escuchar lo denunció ante kriminalpolizei quienes le detuvieron en mayo de 1930.

Su juicio comenzó el 13 de abril de 1931 y fue condenado a muerte por nueve asesinatos, aunque según Peter Kürten la suma de sus ataques fue muchísimo mayor. Tras conocer que sería decapitado, Peter Kürten le confió al psiquiatra Karl Berg que su ilusión más grande sería “escuchar el torrente de mi propia sangre correr por mi cuello, partido en dos”.

La tercera parada en el camino la hacemos en México, para encontrarnos con Francisco Guerrero Pérez, más conocido como “el Chalequero” y culpable de la muerte 21 mujeres.

Francisco Guerrero Pérez
Francisco Guerrero Pérez
La infancia del Chalequero está marcada por el abandono de su padre, el hambre y los abusos de una madre maltratadora. Desde muy pequeño nuestro invitado tuvo que trabajar en diferentes oficios para intentar llevar algo de dinero a casa, y en 1862, con 22 años, abandonó el hogar materno y emigró hasta la capital mexicana, Ciudad de México, donde encontró trabajo como zapatero.

Poco tiempo después se casó con Maria con la que tuvo 4 hijos, a los que hay que sumar todos los que tuvo en diferentes relaciones extramatrimoniales con prostitutas, ya que en poco tiempo abandonó su trabajo de zapatero y comenzó a ejercer de proxeneta. Este cambio laboral le procuró una gran cantidad de dinero y un cambio en su vida, comenzando a vestir de manera estrafalaria aunque elegante, usando pantalones entallados de cachemira, fajas multícolores y chalecos de charro. Estos chalecos de charro provocan una de las teoría sobre el apodo por el que se le conoció, “el chalequero”, pero hay una segunda vía que afirma que proviene del término “a chaleco” que en argot significa “mantener relaciones sexuales sin el consentimiento de la otra persona”, un eufemismo de violación.

Rápidamente comenzó a dar rienda suelta a sus instintos homicidas, y buscaba a sus víctimas entre las diferentes prostitutas que ejercían su oficio en las cercanías del Rio Consulado. Una vez que había centrado su atención en una víctima, se acercaba a ella y contrataba los servicios de esta mujer, y juntos marchaban hacia el lugar acordado. Tras mantener relaciones sexuales, las asesinaba por estrangulación o degollamiento y, en algunas ocasiones, llegó a decapitarlas empleando un cuchillo para curtir la piel. Finalmente, lanzaba el cuerpo de su víctima al río Consulado.

Río Consulado
Río Consulado
Las acciones de Francisco Guerrero Pérez ocurrieron entre 1880 y 1888, y debido al elevado número despertaron gran interés en los cuerpos de policía mexicanos que llevaron a cabo una investigación que concluyó con la detención, el 13 de febrero de 1888, de Guerrero Pérez por parte del detective Francisco Chávez, quien tuvo conocimiento gracias a diferentes testigos que una de las mujeres fallecidas, Murcia Gallardo, había sido vista antes de morir en compañía de Francisco Guerrero.

Francisco Guerrero fue llevado a juicio, pero aunque únicamente se le pudo inculpar de la muerte de Murcia Gallardo, fue condenado a pena capital. Finalmente, el mismo Porfirio Díaz revocó la sentencia y fue conmutada por 20 años de reclusión en la prisión de San Juan de Uluá. No obstante, debido a un garrafal error, en 1904 recibió el indulto y fue puesto en libertad.

Porfirio Díaz
Porfirio Díaz
Lejos de arrepentirse de todo aquello que había hecho, Francisco Guerrero volvió a las andadas y el 13 de junio de 1908 fue nuevamente detenido acusado del asesinato de Antonia, una anciana que apareció degollada en el río Consulado. Si las otras veces Guerrero había realizado los asesinatos con sumo cuidado, lo que provocó que no le pudiesen inculpar, esta vez había cometido el error de dejarse ver.

La información de esta segunda detención fue censurada por el Gobierno, ya que quedaría claro que se había cometido un grave error con el indulto otorgado, y Francisco Guerrero fue recluido en la prisión de Lecumberri y sentenciado a muerte sin que alguna autoridad interviniera. No obstante, la sentencia no se llegó a cumplir, ya que Guerrero falleció en 1910.

La última parada del viaje de esta semana la hacemos en Estados Unidos, para encontrarnos con Bella Poulsdatter, más conocida como “La viuda negra” y culpable de la muerte de 5 personas.

Bella Poulsdatter
Bella Poulsdatter, de casada Belle Gunnes
Nuestra primera mujer invitada a este “selecto club” de asesinos en serie fue una emigrante noruega que, con la intención de encontrar un próspero futuro, decidió marchar a la ciudad de Chicago. Allí comenzó una relación con Mads Sorenson, otro emigrante noruego, y rápidamente se casaron. Tenían la intención de formar una familia pero los hijos no llegaban por lo que finalmente adoptaron a tres niñas llamadas Jennie, Myrtle y Lucy.

La imagen de la familia Sorenson era la de una idílica familia que vivía el sueño americano pero algo que podría ser visto como un golpe de mala suerte, realmente les sirvió para mejorar su situación. ¿Qué pasó? Bien, los Sorenson eran dueños de una pequeña tienda que llevaba tiempo generando más pérdidas que beneficios, y esta tienda sufrió un incendio. Todo esto parece una desgracia, ya que su pequeño negocio quedaba reducido a cenizas, pero el local estaba asegurado por una buena cantidad de dinero, por lo que realmente su desgracia fue un alivio económico.

Con la llegada del nuevo milenio, la desgracia volvía a caer sobre el hogar de los Sorenson, ya que Mads falleció de golpe, no obstante y según apareció reflejado en el certificado de defunción la causa de la muerte había sido un ataque al corazón. Nuevamente, dentro de la desgracia, Bella encontró un alivio, ya que ella era la beneficiaria de los dos seguros de vida de su esposo, por lo que pocos días después recibió 8.000 dólares, una fortuna en aquel año 1900.

Bella decidió cambiar de aires y se asentó junto a sus hijas en La Porte, en el Estado de Indiana. Allí compró una granja a muy buen precio, ya que anteriormente había sido un burdel, y fue acogida con gran alegría por parte de los vecinos. Poco parecía durar el duelo a Belle, ya que en ese mismo año se casaba con Peter Gunness. No obstante este matrimonio también duró poco tiempo, ya que Peter Gunness falleció víctima de un extraño accidente, y nuevamente Bella era la beneficiaria de la póliza de su seguro de vida.

Los hechos extraños no dejaron de ocurrir, ya que Jennie, la hija mayor, desapareció. Una desaparición que Belle encubrió diciendo que se había ido a estudiar a la Universidad en San Francisco.

Esta vez el duelo por la muerte de su marido le duró más tiempo a Bella, hasta que en 1907 Ray Lamphere apareció en su vida. Él era un joven carpintero que llegó a la casa de Bella con la intención de ayudarla con la granja, pero terminó convirtiéndose en su amante al que compraba con regalos caros. Sin embargo a finales de ese mismo año, Bella se presentó en la granja con un nuevo hombre, Andrew Helgelein. Todos los vecinos, y sobre todo Lamphere, se sorprendieron cuando se enteraron de que pensaban contraer matrimonio. Esa misma noche, Bella ordenó a Lamphere que abandonase la granja, y él se marchó embargado por la ira.

Pero la “desgracia” volvió a caer sobre Bella, ya que una semana después, Helgelein desaparecía y con él todos los ahorros que había retirado de sus cuentas bancarias para pagar la boda.

Bella contrató a un nuevo empleado, Joe Maxson, con el que no se tiene constancia de que mantuviese una relación, pero Lamphere, su antiguo amante, comenzó a amenazarla, siendo detenido en diferentes ocasiones. Tanta era la presión que ejercía Lamphere sobre Bella que el 27 de abril de 1908, contactó con su abogado con la intención de realizar un testamento ya que según sus propias palabras “Lamphere podía una noche quemar su casa”. Tal como Bella profetizó, un incendió asoló la granja de Belle, y la policía rápidamente detuvo e inculpó a Lamphere. Pero además de incendiar una propiedad privada a Lamphere se le podía acusar de asesinato, ya que Bella no aparecía por ningún lado y se comenzó a sospechar que podía estar en el interior de la casa cuando ocurrió el incendio y por tanto morir en su interior.

El sherif de la ciudad necesitaba respuestas, y ordenó que comenzasen las labores de desescombro de la casa, y de golpe comenzaron a aparecer cosas que nadie esperaba encontrar…..una caja torácica humana; un brazo; un esqueleto completo; varios relojes de hombre…El miedo y la sorpresa corrieron como la pólvora por las calles de La Porte, pero ya se convirtió en una autentica histeria cuando aparecieron otros cuatro cuerpos: dos mujeres y dos hombres. De los dos cuerpos femeninos uno era claramente Jennie. El otro cuerpo no se podía identificar ya que le faltaba la cabeza, por lo que tampoco quedaba claro que no fuera la propia Bella. Sin embargo, el dentista de Bella, informó que si encontrasen entre los escombros la dentadura postiza de Belle él podía identificarla, ya que le había hecho recientemente un juego de seis dientes postizos.

El 12 de mayo, localizaron la dentadura de Bella, lo que parecía demostrar que era su cadáver. No obstante, la defensa de Lamphere se basaba en que hasta que no se demostrara que la mujer sin cabeza era Bella, podía plantearse como algo creíble que esta mujer matase a sus hijos, dejase el cuerpo de otra en su lugar, cortándole la cabeza para que no pudiera identificarse, y escapara de allí. Esta teoría se apoyaba en la diferencia entre el cuerpo hallado y el cuerpo de Bella, además se demostró que Belle antes del incendio fue vista con una mujer, que si concordaba su fisonomía con la víctima decapitada, que además, según los forenses había sido envenenada antes de ser decapitada.

A pesar de todas estas pruebas, el 22 de mayo el jurado procesó a Ray Lamphere de incendio intencionado y del asesinato de la familia Gunness, fue condenado a 5.000 dólares de multa y 21 años de prisión, pero murió de tuberculosis el 30 de diciembre de 1909, obsesionado con Bella Gunness. ¿Sería Ray el asesinos? ¿Murió Bella en el incendio?¿Fue ella la culpable de todo y consiguió escapar?

Acompáñanos por este segundo viaje por los asesinos en serie más famosos de la historia y conocerás estas y otras historias. Te esperamos.